“Es una alteración física muy extraña que hace que mis órganos estén cambiados de sitio. Me lo descubrieron cuando tenía 7 años porque me ingresaron en el hospital a causa de una neumonía y se dieron cuenta.”[1]
– ¿Es muy mayor la artista? –pregunta una de las señoras del grupo que asiste el video.
– Es ésta que ves salir por ahí –contesto después de estar un rato hablando con Ángeles.
– Qué joven… dale el enhorabuena y que siga con esta fuerza y ánimo en su trabajo…
– Bueno, en verdad el video es una mezcla de realidad y ficción…
– Sí, ¡siempre de la gente más sufrida es que brota una gran creatividad! ¿De cuál país es ella?
– Es española, como te decía el video…
– ¡Igual! Dale la enhorabuena y ¡que siga haciendo estas maravillas!
Esta fue la única vez que intenté explicar que la Entrevista/video de Ángeles Agrela no contaba solo la verdad. El conjunto de reconocidos clichés de vida de artista estaban casi todos ahí: la enfermedad, la vida rara, el abandono familiar, la vivencia en rincones exóticos, la pasión última por el arte (al punto de abandonar la promisora carrera de medicina). Más de una vez mis compañeros en la Faculta de Bellas Artes me han dicho que deberían inventarse una loca vida para ser creíbles y reconocidos como “verdaderos artistas”. Ahora les digo: “si las inventa bien, funciona”.
En el caso de Ángeles y sus Lecciones de anatomía la gente se sitúa en un espacio más cómodo para entenderlos después de visto el video. Es mejor creerla, aunque en algunos momentos incluso se contradice en la entrevista (pero ahí tenemos la tele. Ah… la tele que nos cuenta siempre la verdad). En el caso de creerla, entienden los dibujos: estas láminas de anatomía, que mientras estudiaba obligada por padre, se veían completadas por los dibujos) su verdadera y gran pasión).
Volvemos al mito romántico del artista, del bohemio y de vida conturbada. Así es más fácil entenderlos. Volvemos a la victoria del arte como expresión personal, de manera última y única. En un gran simulacro, Ángeles quita significativas mascarillas de importantes cuestiones relacionadas al arte contemporáneo. Creo que la más contundente es la percepción de la distancia que separa esta producción del público. Al gran público, digo. A los que les gustan los paisajes idílicos que quedan relucientes en el salón. Pero, es el mismo público que consigue acercarse a objetos contemporáneos si a estos les añade una narrativa coherente. Como expresión personal, digo. Entenderlos como parte de un proceso histórico y social lleva tiempo, conocimiento, educación y voluntad. Todo esto que nos permite manejar una serie de herramientas adecuadas al entendimiento y comprensión de estos nuevísimos procesos poéticos. Sin adentrar aquí en quienes cargan esta culpabilidad, lo que el trabajo de Ángeles hace es dejar de manifiesto todo esto enmarañado. No obstante, y lo mejor, es que los que hacen esta relación (la de la sufrida vida con la producción) salen contentos, felices y satisfechos.
Felices también se sienten los niños, adentro y al salir. En palabras de Ricardo Anguita[2] “todavía no tienen los ojos viciados”. Viciados sí, en una concepción de la pintura como transposición de lo real. La tremenda fuerza del mimetismo.
– ¿Quién ha seleccionado esto? – indaga otro visitante.
– ¿Cómo así? – no entiendo bien que es lo que me pregunta.
– Para exponer esto aquí…
– Pero ¿por qué?
– ¿Tú tendrías uno de estos en tu casa?
– ¿Yo? Incluso dos. ¿Y tú?
– Vale, ya está…
¿Será que casi un siglo después de Ceci n'est pas une pipe seguimos viendo la pintura como lo real? Puede ser que no exactamente, pero la vigencia de gusto del público (del gran público, me explico otra vez) por la pintura académica, dado y sumado a la ausencia de una serie de presupuestos necesarios para entender otras proposiciones, como citamos anteriormente, pueden ocasionar estas confusiones. Por esto Ángeles también nos habla de la profundidad de la pintura, no solamente de La profundida de la piel. Siguiendo sus palabras:
“Para involucrar el espectador en mi proposición es necesario hacer patente que se trata de pintura, que toda la ilusión visual a la que nos entregamos cuando miramos un cuadro procede de unas capas muy finas de pigmentos y aceites, que allí donde la materia rebota la luz y hay transparencias, y que todo eso sucede en menos de un milímetro de grosor. Quería relacionar la profundidad de la pintura con la de la piel humana.”[3]
Es caso de preguntarnos: ¿por qué una factura tan rica y preciosista podría causarnos tanto incómodo? Lo que podemos pensar es que además de pintura, se trata de imagen, y nos demuestra la credibilidad (¿ciega?) que tenemos hacia las imágenes.
Para más que esto, la acción de la pintora vuelve a encender todas estas cuestiones al quitar no cualquier piel. Quita la piel y mueve los órganos de los íconos de la historia del arte. Haciendo cirugías internas en los personajes y formales con imponentes recuadros maqueteando retratos. De esta forma revuelve lo más concreto y establecido que concebimos de la pintura.
Ahora, volviendo a los niños, el vestido de calavera del otro día, no estaba preocupado por los cuentos de Ángeles en la entrevista. Le preocupaba más estar tirado al piso entretenido repitiendo los movimientos de la acróbata. No le eran desagradables los cuadros, lo que le intrigaba era el carácter narrativo de ellas: “Pero, ¿qué hizo para que le cortaran la lengua? ¿Tiene las costillas en la cabeza? ¿A que sí?”.
En determinado momento de la entrevista dice Ángeles “… y por eso a veces el arte hace algo parecido; es como darle la vuelta a todo tu cuerpo, a la piel, a las tripas, a los músculos, para hacer algo simple, algo que la gente dotada hace como se si pusiera una camisa…” Al final Ángeles, debo darle las gracias por el diagnóstico. Creo que también padezco de situs inversus.
[1]Fragmento de Agrela, Ángeles, Entrevista, Video instalación en dos pantallas, 5’50”, 2007. En la muestra en Granada la pieza fue presentada en monocanal.
[2]Ricardo Anguita es director del Centro de Arte Contemporáneo de la Universidad de Granada y divide con Inmaculada López Vilchez el comisariado de la exposición.
[3]Agrela, Ángeles. “Conversaciones entre Ángeles Agrela y Henry Gerfen. En: AA.VV. La profundidad de la piel. Granada: Colección Centro de Cultura Contemporánea, 2012.


