Exposición: Luis Gordillo, G/K: Fotografías
Artista: Luis Gordillo
Lugar: Galería Carolina Rojo
Fechas: 11 de junio – 26 de julio de 2014
En 1992, ante al encargo de escribir sobre su serie Los dibujos de teléfono –esa magnífica muestra de automatismo cotidiano–, Luis Gordillo prefirió dar cuerpo a un relato en el que narra su experiencia al entrar en una cafetería cualquiera a media de mañana. Su atención recae inmediatamente en un paño preparado para absorber el agua de los vasos recién lavados: objeto generador de calidades y cantidades, de relaciones entre “clases, colores, emanaciones y sensaciones”, que emite “pulsiones, pulsaciones y palpitaciones que van desembarcando en playas de mi sistema nervioso disfrazadas de lenguaje morse hipnótico”. El artista convierte su visión en revelación mística: “Es el momento de lo inefable, de lo poético, de lo sagrado. En otros tiempos las gentes veían ángeles, vírgenes o crucificados invertidos, despidiendo rayos de sus heridas o, más recientemente, necesitan magdalenas o mescalina par traspasar lo evidente. Hoy parece ser que basta para ello el paño húmedo de una cafetería. Es el Santo Pop”. Sin embargo, pronto surge el extrañamiento, la incomprensión ante el hecho de que nadie sea consciente del acontecimiento extraordinario que tiene lugar: “¿No se notará una especie de aura alrededor de mi cabeza y de todo mi cuerpo? ¿Una especie de luz verde clara que emana de mi piel?”, y la increpación: “«¡Ya no aguanto más, loros de mierda, gallináceas cocleadoras, rebuznantes burros!» oigo que dice mi boca chillando. «Es que no os dais cuenta que soy un iluminado? ¡Un ILUMINADO, cojones! ¡Estoy seguro de que ninguno de vosotros sabe nada de iluminaciones que no sean eléctricas! ¡Estoy seguro de que nadie en este barrio sospecha de qué hablo, e incluso en Madrid pocos habrá que me comprendan!»”.
La exposición Luis Gordillo, G/K: Fotografías en la galería Carolina Rojo, supone un ejercicio similar: la increpación de un artista mayúsculo que nos hace reparar en todas las conjunciones, relaciones y emanaciones que es capaz de encontrar en su mundo más inmediato. Se trata de la primera ocasión en que Gordillo reúne sus más recientes experimentaciones con la fotografía digital, por lo que cabe destacar el hecho de que se presente en una galería zaragozana.
Pocos rasgos son tan definitorios de Luis Gordillo como la coherencia de su trayectoria, que abarca más de cincuenta años. Una coherencia ajena a la repetición de fórmulas, fundamentada en la experimentación constante y la capacidad para desarrollar un lenguaje propio que nunca renuncia a los hallazgos previos, sino que los enriquece. Su desembarco en las herramientas digitales sigue ese mismo camino, permitiéndonos identificar fácilmente la impronta singular de su trabajo, sin dejar de sorprendernos por la frescura de sus propuestas.
La fotografía, como otros medios de reproducción, siempre ha jugado un papel clave en el trabajo de un autor que se reconoce pintor. De ahí que la fotografía haya sido un instrumento que Gordillo ha utilizado en determinados momentos para transformar y afirmar lo pictórico, y evidenciar su interés por el diálogo entre disciplinas: “Lo que quizá más me interesa de este proceso (…) es la nebulosa que se establece en el estudio, el paralelismo entre acción pictórica y acción fotográfica, el rozamiento entre las dos técnicas. (…) Es como si cada elemento emitiera y produjera un túnel de emisiones producidas entre las dos, y el espectador pasara a través de este túnel sintiendo una especie de rozamiento, ¿no?”. Ahora bien, en ocasiones –como en esta que nos ocupa–, la fotografía reclama su protagonismo para subrayar que, en definitiva, todo en Gordillo es pintura. La recurrencia a las herramientas digitales le permite acelerar procesos y ensayar vías, pero las inquietudes permanecen.
Si en experiencias previas, como Insistencia lingüística (2004), lo pictórico se imponía a través de un informalismo fundamentado en la tachadura, en las obras de esta exposición, la fotografía gana en autonomía. En cualquier caso, es evidente la cercanía entre la serie Situaciones (2014) –de las que se presentan los tres originales intervenidos junto a las composiciones resultantes– y las que formaban parte de 3×12 (2003) que, como la serie antes citada, pudieron verse en la antológica que el Museo Reina Sofía dedicó a Gordillo en 2007. Entre una y otra serie se repiten procedimientos, y hasta motivos, si bien el resultado final es otro. El propio autor, comisario de esta exposición como es habitual en él, ha incluido una obra de la serie Dúplex (2002) precisamente para dejar constancia de la vinculación entre esta y G/K. El doble, la repetición –invertida o no–, la convicción de que cada trabajo tiene dentro de sí “su antagónico que lo disecciona”, es una certeza tan presente en estas obras como en sus pinturas.
El carácter eminentemente procesual de la obra de Gordillo hace que la contemplación de la serie G/K suponga un ejercicio de interrogación permanente en el espectador: de dónde arranca, cuántos sustratos contiene, qué procesos se han seguido, qué papel jugó el azar… Todo son fragmentos en su fotografía, fragmentos con los que construye, destruye y reconstruye en un ejercicio interminable.
La realidad más cotidiana, decíamos, es el punto de partida para unas imágenes que escapan de convenciones estéticas. Una lección de maestría. En este momento “post-fotográfico” en el que selfies e imágenes del menú diario se distribuyen masivamente a través de las redes sociales, en una trivialización de acciones y emociones, Gordillo demuestra lo que la mirada del artista puede extraer de su entorno más inmediato, de los hallazgos que, como en su relato sobre aquel paño de cocina, es capaz de encontrar en mesas de ping-pong que actúan como espejo, en rutilantes piscinas salpicadas de pintura, en tazas de café, coches, exprimidores o recortes de cómic. Luis Gordillo no tienen interés en exponer su intimidad, sino en utilizar la inmediatez digital para profundizar en sus obsesiones artísticas. Porque como él mismo señaló en una entrevista concedida en 1990, la realidad “sólo existe en cuanto interpretación”, es “una estructura de máscaras”. Gordillo destruye esas máscaras para construir una nueva.
Al salir de la exposición G/K: fotografías solo cabe una dirección posible: la que nos conduce a la muestra XXL/XXI, en el museo Artium de Vitoria. Estamos obligados a seguir explorando esos vasos comunicantes que Luis Gordillo ha erigido entre pintura y fotografía, entre realidad, máscara y fabulación.


