Las flechas del amor

Soon, the lonely nights will be ended,

soon, two hearts as one will be blended.

IG: Ira Gershwin

 

Rondan y revolotean estos signos en las figuras del arte y en las del que ve visiones. Muchas de ellas fantasmas de algo, ser o suceso, percibido realmente en la vida cotidiana, percibidas realmente, mas no verdaderamente. Y su imagen visionaria persigue así como la verdad inadvertida, como la razón dejada en los aires.

MZ: María Zambrano

 

Es el corazón el blanco de las flechas. RC (Ricardo Calero) imaginó una puesta de sol sobre el cerebro. Cuando esto sucede es cuando se encienden los ojos del corazón. Uno u otros; nunca al mismo tiempo. El corazón traspasado disfruta de ojos adicionales.

Cuando una canción es pegadiza, como Las flechas del amor, dices se te mete en la cabeza. A mí se me ha metido en la cabeza Soon, de Gershwin. PB (Pedro Bericat) no lo dice, sino que lo hace. Hacer lo que se dice es como comerse las palabras. Los discos se los mete literariamente en la cabeza. La cabeza es el eje sobre el que gira el disco. Hay tantas canciones de amor y tan poco amor en danza que la cosa obliga ya a tomar medidas.

Los discos de PB trasladan a su goma la información del vinilo. Queda la huella y con ello es suficiente. La elasticidad mantiene intacta la información, se limita a realizar transformaciones lúdicas. Transformaciones afines. Poseen la propiedad de la marcha atrás. Propiedad o posibilidad, posibilidad remota pero propia, siempre que se abra un claro en el aburrimiento.

La forma óptima de sobrevivir es la del fósil. El objeto mejor amado. Amado por el tiempo. Sólo es lo que es para siempre y es siempre y siempre es. Fantasmas en cuanto agentes productivos; reales en cuanto a funcionarios de lo eterno inútil. Fantasmas en cuanto a materia; realidad en cuanto forma. Y transforma.

 

In time the Rockies may crumble, Gibraltar may tumble

They're only made of clay

IG

 

Al modo de la semilla se esconde la palabra.  Como una raíz cuando germina que, todo lo más alza la tierra levemente, mas revelándola como corteza. La raíz escondida, y aun la semilla perdida, hacen sentir lo que las cubre como una corteza que ha de ser atravesada.

MZ

 

Al modo de la semilla se esconde el hombre. Apenas alza la tierra, pero revela con ello que tal superficie es corteza y soporte para la escritura (o el grabado). Pero la pared quiere la historia que sea el suelo vertical de los artistas. Un pequeño agujero da comienzo al cambio, y da a luz al conocer. Traspasados por la flecha de la justicia, aflora el amor. La existencia del aquí y del allí no se sabe bien si empieza o si termina cuando la comunicación se abre entre dos ámbitos.

La huella se ha transformado en túnel. La palabra envuelve a la crisálida. El centro, al ir despertando a la imagen, se convierte en uña, extremidad extrema y útil de escritura o de excavación.

Lo que puede suceder en cualquier momento parece que nunca suceda. Algo parecido a existir siempre. Huellas de unos pasos que perduran como escritura del tiempo. Caminar los pasos del otro, volver a leer su huella. RC sobre los pasos de Goya en Fuendetodos, sobre los pasos de quienes siguieron sus pasos.

Aún aprendo, y los pasos que doy son siempre los primeros.

 

The way you haunt my dreams —

No, no! They can't take that away from me!

IG

 

Algún animal sin fábula mira desde esta lejanía- Algún jirón se desprende de una blancura no vista, algo, algo que no es signo. Nada es signo, como si se vislumbrase un reino donde lo que significa y lo significado fuera uno y lo mismo, donde el amor no tiene que ser sostenido ni la naturaleza ande como oveja perdida o sorprendida que se aparece y se esconde.

MZ

 

No me lo podrán quitar (herencia). Era antes de que yo (fuese). No existí, sino que me leyeron. La revelación no es ajena a la huella. Es estigma, letra o figura grabada en la piel, en el pergamino que soy.

Dueño de mi propio mundo.

 

Luis Marco hijo copia los dibujos y dibuja las palabras de LM padre.

Estos dibujos vienen de otra dimensión, llegan al dictado de alguien más sabio, como llegaron a oídos de los miniaturistas que pintaron las visiones de Santa Hildegarda de Bingen. Simetrías orgánicas, rotas sólo por los accidentes del amor. De nuevo, la música. Una piedra en el cauce, el río alrededor, como una hermosa cabellera.

 

Volvemos a encontrarnos con un proceso de fosilización morosa y amorosa. Sólo perdura lo que escribe el tiempo. El dibujo es la escritura del tiempo. La práctica del copista. Trasladando al papel la visión. Trasladando al papel, de forma sumisa, la traducción de la visión ajena. Apropiándosela. Contemplándola en un espejo.

 

Es la figura del pintor como quien no estuvo. Pero atestigua. No da fe por él mismo, sino que hereda.

 

Quien prefiere no comparecer. Y dejarse ver en el dictado. Trabajosamente. La esperanza es cuestión de fe. La fe y el amor son cuestión de creérselos. Eros en Piccadilly Circus lanza un dardo fatigado.

 

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LAS FLECHAS DEL AMOR

En Imágenes Simbólicas, Gombrich arranca con el análisis de la escultura más popular de Londres, el Eros de Piccadilly Circus, creado por Albert Gilbert a finales del XIX. La conclusión del iconólogo es que los monumentos tienen, como función, poner en duda las inscripciones que los acompañan y discrepar de los discursos de quienes los inauguraron. Este Eros no pretendía, al parecer, ser un símbolo del amor erótico sino de la filantropía, haciendo honor al esforzado Lord Shaftesbury. Algunos piensan que ilustra un juego de palabras: buried shaft, dardo enterrado, pues la flecha que acaba de salir del arco del dios lleva camino de hundirse en el barro. Esta versión cínica, que el autor de la escultura descartaba como broma, hablaría de un fracaso de la caridad ciega, y haría juego con la desazón de Paco Rabal en Viridiana, al ver otro perro arrastrado por otro carro.

La exposición de Bericat, Calero y Marco se inaugura el día de San Valentín. El Amor no es el asunto del que trata, pero sirve como símbolo de las cosas que aquí suceden o sucederán. Y lo que simboliza el Amor, en primer término, es el pegamento de complicidad que ha reunido a los tres artistas. Esta reunión propiciada por A del Arte es digna de ser celebrada. No me cabe duda, a mí en particular, de que estos tres son los tres personajes más interesantes de la escena artística zaragozana.

Resulta fácil resumir a Pedro Bericat. Diré que es inapresable. No obstante, se le debe incluir en algunas listas: pionero del mail‑art, artista sonoro, performer, escritor experimental… Bericat conversa mística y cabalísticamente con Ibn Arabí y Abulafia. Hace de la etimología un ejercicio subversivo. A su actividad literaria la podríamos llamar arte verbal y tipográfico. Una de las cosas que se producirán en A del Arte es la presentación de una publicación recopilatoria que suma inéditos a sus inefables textos de los ochenta y noventa: Respiración (Condena a la felicidad), editada por el S.T.I. (Sindicato de Trabajadores Imaginarios). En la galería se verá un tipo de trabajo en el que ha insistido a lo largo de su carrera, y que relaciona arte sonoro y objetual. Los viejos soportes de la información sonora se fosilizan, con su intervención, traspasando sus códigos (microsurcos) a un material alternativo y elástico. Las portadas de los discos se ven crucificadas en la pared (y en el tiempo).

Ricardo Calero fue, junto a Bericat, pionero del arte de acción en la Zaragoza de los ochenta. Su trabajo no ha hecho sino crecer desde entonces, manteniéndose fiel a sí mismo pese a la variedad de registros, procedimientos y ámbitos. Su primer ‘horadado’, por ejemplo, se presentó en 1988, en el contexto de una colectiva, pero se puede trazar un recorrido de esta práctica desde entonces hasta hoy mismo. Lo que en su momento fue una exploración del tiempo y del espacio, hurgando en las paredes de ese modo apenas perceptible, ha terminado por incorporar una idea de búsqueda, del logro de una luz que fuera conocimiento y solidaridad.

Del recuento de estas acciones se va a hablar en A del Arte, pero también del concepto extendido de grabado, idea directriz de muchos de los trabajos de Calero, argumento de su memorable exposición de 2010 en el Paraninfo zaragozano. Como ejemplo de tales prácticas, se tendrá un testimonio de su reciente proyecto para Fuendetodos, un grabado que siguió los pasos de Goya y de cuantos han peregrinado a su casa natal, donde la matriz fue la propia calle y el acto de grabar fue hacer material una memoria.

Si Ricardo Calero ha sido uno de los escultores más fieles a su disciplina pese su aparente heterodoxia, Luis Marco es un pintor excepcional. Y también lo es por ser algo más que un pintor. Incluso cuando lo ha sido de una forma más obvia, haciendo uso del bastidor como soporte, su técnica no ha sido nada obvia. Sus medios no corresponden a los de un pintor al uso, pues siempre ha establecido una distancia. Sus estarcidos, que trasladaban sobre la pared una trama de puntos, rehabilitaron un uso habitual de los pintores de frescos, pero, sobre todo, plantearon un diferimiento entre el diseño (o ideación) y la confección misma, que hacía de la imagen un fantasma, una idea o sombra. Durante los últimos años, el enigma de los otros ha fascinado a Luis Marco. En un inicio, fue el misterio de alguien muy próximo, que, al enfermar, le desconcertó con dibujos tan raros como bellos. Esta es la base del proyecto Yo soy, que ha tenido diversos avatares desde que se presentara en la Escuela de Artes de Zaragoza. Este tiempo ha estado marcado, para el artista, por esta idea, la de meterse en piel o memoria ajena, que propició también el proyecto videográfico Memoria Compartida, donde unos personajes heredaban las palabras de otros.

Luis Marco, Ricardo Calero y Pedro Bericat han compartido la creación de un objeto, producido para el evento por A del Arte. Sus nombres se distribuyen alrededor de la carátula de un viejo single: Las flechas del Amor de Richard Anthony. Volvemos con ello al principio, al carcaj de Eros. Un asunto que los une a los tres es el haber sido atravesados. Este camino de la flecha hiriente es un camino de silencio y una huella. De algún modo, los tres artistas son de la congregación de San Bruno y han hecho voto de un silencio paradójico. Marca ‘registrada’ de Pedro Bericat y de Luis Marco es ‘mutesound’, sin ir más lejos.  La huella o la fosilización es algo que comparten muy especialmente en los contenidos de esta colectiva. Registro y traducción material del sonido en Bericat; concepto extendido del grabado y búsqueda de la memoria física en Calero; herencia y copia, apropiación vivida en tanto en cuanto transcrita trabajosamente en Luis Marco.

 

Esta exposición, por otro lado, se entiende como algo vivo, y tendrán cabida en ella acciones que desarrollarán los tres artistas. Como diría Gombrich, los tres se encargarán de desdecir adecuadamente lo que se ha podido escribir en esta nota.

 

 

Pedro Bericat, Ricardo Calero y Luis Marco en A del Arte, Zaragoza

Número 18

Marzo 2012
Alejandro J. RATIA
Miembro de AACA, AECA y AICA
Fecha de recepción: 10/3/12
Fecha de aceptación: 11/3/12
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