La leyenda del Gâv-Zamin (Vaca-Tierra) es un texto primigenio de la cosmogonía persa según el cual, la Tierra se equilibra sobre el lomo de una vaca y esta a su vez se encuentra sobre un pez suspendido en el aire. Esos elementos un día unidos, Tierra-vaca-pez, actualmente existen separados, al servicio del ser humano. De esa evocación parte la artista de origen iraní Kimia Kamvari (Colonia, 1986) en su intervención en la sala de exposiciones de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia, en la localidad leonesa de Cerezales del Condado. Kamvari se formó entre la Universidad Azad de Arte y Arquitectura de Teherán y la Universidad del País Vasco y se instaló en 2015 en la pequeña localidad guipuzcoana de Astigarreta, donde vive y desarrolla su arte.
La Fundación Cerezales, en León, es un centro de creación e investigación artística en el que un proyecto como el de Kimia Kamvari encuentra fácilmente su implantación. Su trabajo propone una investigación en torno a las nociones de Tierra-vaca-pez, ahondando en los nexos entre ellos. Así, la artista exploró en el Archivo de la Catedral de León ciertos documentos en pergamino —que no deja de ser piel de vaca—, de más de mil años de antigüedad, en los que comprobar cómo fueron las relaciones entre esos elementos en tiempos pretéritos. Para ello, uno de los pergaminos es el llamado Nodicia de Kesos. En su anverso figura una donación de tierras realizada por un matrimonio a la abadía de Rozuela, mientras que el reverso presenta un inventario de quesos gastados en trabajos agrícolas en dicho dominio monástico. Queso-tierra-vaca unidos en un solo documento y, al mismo tiempo, separados en sus usos, ya en el siglo X. A la artista le interesa esa aproximación a las nociones de alimento-animal-propiedad privada, en tiempos tan lejanos, en el mismo territorio sobre el que ha realizado esas obras.
Durante la fase de documentación de su proyecto en la Fundación Cerezales, Kimia Kamvari estudió casi doscientos documentos del Archivo de la Catedral de León. Con aquella información la artista emprendió un viaje por el territorio leonés tratando de localizar y fotografiar los lugares que aparecían evocados en aquellos pergaminos, al tiempo que surgían ciertos interrogantes: ¿Qué elementos fragmentaban el territorio en el pasado? ¿Cuáles lo seccionan actualmente? Las motivaciones para segmentar estas extensiones territoriales son diferentes, pero siguen atravesando las vidas de sus habitantes. Kimia Kamvari toma fotografías de estos espacios y escribe sobre sus negativos en bustrófedon, un tipo de escritura por la que cada línea se redacta con una orientación, como si el texto fuese dando la vuelta continuamente a la fotografía, un poco a la manera de los caligramas surrealistas. Realmente , la inspiración de este tipo de escritura viene por la forma en la que los bueyes araban la tierra, escribiendo líneas sobre ella que nunca interrumpen su trazo.
La intervención no solo se realiza sobre fotografía, también sobre piel de buey; animal que, por cierto, vive en los campos pertenecientes a la Fundación. Los pergaminos de la catedral de León habían dado forma a las divisiones territoriales de hace mil años y habían sido contratos firmados entre las personas y los lugares que habitaban. En este momento en el que la Tierra, especialmente la de los ancestros de la artista, vive agresiones importantes, Kamvari escribe nuevos contratos sobre la piel de buey. Son pergaminos que buscan reconectar Tierra-vaca-aire-vida.
Estas creaciones se disponen en la sala de exposiciones de la Fundación, de manera casi silente, sin invadir el espacio, ocupándolo discretamente. Sus intervenciones ─fotográficas, escultóricas, sobre piel animal─ quedan unificadas por la presencia de un sonido, una letra Sol sostenida en el tiempo que evoca los tubos del órgano de la Klais Orgelbau de la Catedral de León. Podríamos entender ese sonido, que va aumentando y descendiendo en intensidad a lo largo del tiempo, como una manera de reunificar aquellos elementos primigenios que el ser humano ha separado.
El espacio ocupa a su vez un lugar importante en la exposición. Las obras de Kamvari se sitúan separadas entre sí en la sala de exposiciones, en un espacio diáfano ocupado por la luz natural de la arquitectura de Alejandro Zaera y Maider Llaguno. El visitante puede transitar de una obra a otra, explorando las reflexiones de la artista sin perder de vista la tierra leonesa, presente a través de los grandes ventanales, que ha inspirado la obra.


