Entrevista a Vicky Calavia

El género documental está viviendo desde hace tiempo una etapa dorada en el mundo audiovisual.

Los temas que lo ocupan suelen repartirse entre asuntos universales, locales o individuales, para toparnos, a veces, con algunos que los reúnen a todos, como es el caso de los relacionados con la creación artística.

Zaragoza Moderna (Vicky Calavia, 2024) está en esta categoría, ya que, desde su formato de audiovisual documental supone una obra individual de su directora que, a lo largo de 55 minutos, muestra su visión sobre el proyecto local de investigación Zaragoza Moderna, una iniciativa de los historiadores Sergio Sevilla y Ana Durán premiada por su labor de difusión artística en abril de 2024 por AACA y creada para reivindicar una parte de nuestro patrimonio cultural, y por ende, universal. En concreto, el objeto de esta investigación es poner en valor el muralismo cerámico zaragozano, así como geolocalizar e identificar las obras aún no desaparecidas. De hecho, existe en él un propósito de manifiesto y denuncia sobre la indefensión social ante la eliminación de objetos públicos y privados urbanos que con el tiempo han adquirido carácter patrimonial. Pone sobre la mesa de debate que no existen políticas, ni criterios o ayudas relevantes para la conservación en concreto de los privados y por tanto desaparecen sin más, tras un cambio de titularidad en una propiedad, por poner un ejemplo cotidiano.

Pero, además, en esta mise en abyme de la creación, el documental recoge mediante recorridos fotográficos de las ubicaciones de los murales unas inusuales vedute de Zaragoza, unas postales de la ciudad en un tiempo no tan lejano, así como entrevistas y testimonios de algunos de estos artistas cerámicos. Estas grabaciones poseen un gran valor de archivo, dada la escasez de fuentes sobre esta temática y que incluso en casos como el del artista Antonio Navarro, fallecido en 2025, han supuesto un epilogo. El trabajo audiovisual que nos ocupa ha contado además con las bases de datos y el asesoramiento científico de Sevilla y Durán junto a su archivo Zaragoza Moderna, el archivo de CalaDoc Producciones de Calavia y otros archivos de colecciones privadas.

Para entender el proceso creativo de este documental de arte zaragozano, hemos entrevistado a su directora y guionista Vicky Calavia.

En palabras de Vicky Calavia, la idea de este audiovisual surgió en 2020 durante el confinamiento, tras descubrir la cuenta de Instagram del proyecto de investigación de Zaragoza Moderna (@zaragozamoderna). Ya conocía a Sergio Sevilla de su etapa como comisario en la sala de exposiciones de Caja Madrid. De hecho, juntos habían colaborado con anterioridad incluso, en un formato de instalaciones del ciclo ProyectAragón nacido en 2007 y dirigido por la realizadora que destaca que: “Sergio era alguien que tenía esa visión moderna del comisariado”.

¿Cómo surge la necesidad de plasmar en audiovisual lo que estaba viendo en esta cuenta de Instagram?

En ese momento todos estábamos confinados y mirábamos mucho más las redes sociales, teníamos más tiempo también para ver que echábamos de menos. Entonces pensé en esa Zaragoza tan fascinante, tan psicodélica, tan moderna y poppy… Resulta que la paseamos todos los días sin darnos cuenta de ello. Yo era consciente de los planteamientos de Sergio (Revilla) y Ana (Durán), sobre todo la parte de las vidrieras porque es un elemento decorativo que siempre me había fascinado, sin embargo, no había tomado en consideración todavía todo lo demás que planteaban. Había entrado en esos patios, sobre todo los del centro de Zaragoza y había visto todos esos murales, eso sí. Formaban parte del paisaje al que estás acostumbrado. Cuando entras a la consulta privada de un médico, por ejemplo, cojes el ascensor y de repente, ahí está, el mural cerámico maravilloso. Entonces estos elementos los tenía integrados de alguna manera. Así que pensé en mirar con otros ojos esa Zaragoza, qué es lo que yo siempre reivindico, por eso hice por ejemplo La ciudad de las mujeres (2016, Vicky Calavia, Documental), mirar de otra forma Zaragoza… En definitiva, me hacía mucha ilusión porque estaba pensando el otro día que hago siempre hago cartas de amor a mi ciudad. De hecho, es donde vivo, donde trabajo y aquí me he quedado. Tengo mucho, cariño y no es sencillo dedicándote al cine profesionalmente. En ese aspecto, quedarte en Zaragoza es una apuesta un poco loca, un poco suicida, pero sí, al final desde aquí es hacer una carta de amor a otra Zaragoza.

Durante esta etapa de confinamiento hubo en el ámbito global y en el local de Zaragoza, una autentica eclosión de propuestas relacionadas con del arte y la creación. ¿Porque qué le llamó más la atención la de Zaragoza Moderna que otras propuestas coetáneas?

Bueno, la gente escribía, la gente pintaba… Estábamos un furor creativo en todos los sentidos, incluso los culinarios (risas). Yo diría que lo que me impactó de ellos (Sergio Sevilla y Ana Durán) fue, por un lado, que fotografiaban esa Zaragoza vacía. También yo tengo un amigo con el que trabajo siempre que se fue a rodar por toda Zaragoza aparentemente deshabitada, para obtener imágenes de archivo para el futuro, sin nadie. Zaragoza desierta tiene algo de postapocalíptica, algo de ciencia ficción, ¿no? Entonces este aspecto me atrajo mucho este proyecto porque me gusta mucho ese género, me gusta mucho la distopia. Entonces empecé a fabular con el vacío, con esos edificios maravillosos que se mantenían en pie, aunque los humanos estábamos encerrados y ausentes. De hecho, la gente estaba muriendo de forma muy dramática. Por otro lado, su cuenta me transmitía el concepto de la libertad, salir era una aventura y no podías ver a la gente a la que querías, hacían falta permisos para viajar, etc. Era una locura todo aquello. Tenía la sensación de cuando te prohíben hacer algo que es cotidiano y lo quieres hacer todavía más. Yo quería salir a pasear, quería ver esa cosa moderna. Además, durante ese tiempo yo tuve un proceso de salud que me dejó casi sin poder andar, así que todavía tenía más ganas de curarme y de salir a recorrer las calles de Zaragoza. Al final, cuando empezó la gente a poder salir a la calle, yo no pude porque no podía moverme todavía. Entonces la imaginación me transportó a viajar a otros lugares y a través de esas imágenes, me empecé a crear mi propia película.

O sea, un motivo personal le conduce a documentar esta investigación patrimonial.

Sí, querer descubrirlo también para los demás. Desde pequeña cuando algo me fascina, se lo quiero contar a los demás rápidamente, no guardo mis tesoros como mis secretos, sino que quiero compartirlos, compartir el cine, compartir el entusiasmo. La verdad es también que Sergio y Ana nos contagiaron a todos esa mirada. Muy pocos habían visto todos estos murales que nos mostraban y que teníamos delante todos los días.

Y lo hacen con una energía ilusionante que destaca la forma y el color.

Sí, ellos también son disfrute y la alegría, son muy personales, es su forma de ser. Así que no son grises, todo es color con ellos y eso es muy bonito. Porque al final Zaragoza es también una ciudad muy gris a veces, dependiendo donde mires.

¿Cuál fue el primer paso para poner en marcha el proyecto audiovisual?

Bueno, quedamos a una primera cita en el café Levante, es un lugar muy especial por las tertulias de cine y literarias, etc.…, les planteé hacer un documental, pero también pensaba y pienso que, quizás daría para una serie porque es un proyecto que no tiene fin. Es un proyecto que siguen documentando y se extiende a toda España y, por ende, a toda de Europa, a Iberoamérica…La gente les manda continuamente información. Lo que ocurre es que documentar todo eso, es una locura. Para ello hace falta un equipo de investigación, lógicamente, que no sean solo ellos, ni yo tampoco. Y la realidad es que no disponemos en la actualidad de medios de producción para ir por toda España grabando. Sin embargo, sí es una de las locuras en las que yo siempre sueño, una España Moderna. Este proyecto conecta con muchas personas a nivel nacional. Un amigo de Zamora me escribió y me conto: “Siempre me fijaba en estas cosas en Zamora. ¡Y ahora descubro que detrás hay unos artistas artesanos! Voy a investigar quiénes son.” Es decir, es un fenómeno que se expande y crea redes, algo que, en definitiva, siempre me ha fascinado. Entonces el proyecto es este, pero yo ya soñé que podía haber mucho más allá. Quizá se quede aquí, pero sí que le veo muchas posibilidades hoy en día.

¿Y cómo se levanta la financiación de un documental de arte como Zaragoza Moderna?

Bien, pues como productora (CalaDoc Producciones) comienzas a buscar y solicitar ayudas. Reconozco que fue un proyecto que gustó mucho en las mesas de decisión y pudimos hacer el documental. Y eso que yo no las tenía todas conmigo porque pensaba que a lo mejor era algo tan concreto que no acaba de gustar, yo siempre voy un poco a contracorriente.

Entiendo las reservas ya que finalmente, creo que ha sido fundamental la solvencia de su presencia a nivel audiovisual, así como la de Sergio Sevilla y Ana Duran a nivel de difusión cultural, para avalar un documental cuyo tema parecía infravalorado a nivel artístico y patrimonial, ¿no es así?

Sí, ha sido muy interesante y estoy muy de acuerdo en que el tema se veía antes como algo menor, pero incluso a nivel incluso de ser despreciado, porque es verdad que hay mucho que habla sobre la cerámica y todo lo que se ha hecho, pero no de esto.

¿Tenía también claro el equipo técnico? La verdad es que el resultado final es muy compacto, una sinergia increíble de estilo, diseño, fotografía, etc.

Sí, sí, lo primero fue sentarme con Sergio con Ana y seleccionar de sus larguísimos listados hasta donde podíamos rodar. Rodamos mucho más de lo que hay en el documental, pero, aun así, aún hay más cosas que no pudimos grabar, pues porque rodamos en verano y no todo era accesible en ese momento. Y luego, también fue imposible verse con algunos entrevistados porque no vivían en España, por ejemplo. Pero, yo creo que rodamos más o menos el 80 por ciento de lo que se había planteado, que ya es mucho. Con las ideas claras, establecimos días de rodaje y también jornadas con dron, que va aparte, con todos los permisos que eso conlleva y con el buen tiempo que tiene que hacer (risas). Lo que yo tenía claro es que tenía que ser en verano, julio y agosto, porque ellos tenían más tiempo, pero sobre todo porque así se vería Zaragoza luminosa y colorida. Casi nos desmayábamos del calor al final, en agosto. Pero así salió de bonito, no se encapotaba el cielo, estaba el sol muy brillante. Se ve la Zaragoza poppy, alegre, distinta, moderna y amable es lo que yo quería plasmar, ese es el espíritu de la película. Después, evidentemente en el montaje, descartas, unas cosas y otras.

Me llamó mucho la atención durante el visionado el repertorio musical seleccionado, ¿cuáles fueron los criterios?, ¿influyó en él la conocida faceta melómana de los ritmos de garaje y pop de los 60´,70´y 80´ de Sergio Sevilla y Ana Durán?

Yo quería que la música acompañara a todo el proceso. Me estuve documentando en música de la época que tuviera relación con la imagen. Recordaba bandas sonoras de películas como Sweet Charity (Bob Fosse, 1969), los permisos para eso son complicados, pero digamos se trataba de buscar cosas que tuvieran ese aire años 60 y que fueran alegres, que nos metieran de lleno en esta road movie. Así se lo planteé a Sergio y Ana: “¿Tenéis coches?, pues vamos a ir andando”, porque yo tenía la idea de pasear Zaragoza, quería tras la pandemia reflejar ese paseo libre.

¿Y cómo se organizaron las entrevistas en un desértico mes de agosto y una Zaragoza vacía?

A veces entrevistábamos en los días de rodaje y otras tuvieron que realizarse después. también después. Yo quería que Sergio y Ana fueran los protagonistas, los dos. Me pareció muy interesante sacarles en su entorno de trabajo que, en definitiva, es su espacio también privado, con todos los mapas, los trabajos, la web con su casa, Instagram…con todos los materiales, en fin, que ellos habían estado usando para documentarse. Han creado una base de datos con todos los murales y ese mapa sale en la película. Grabarles a ellos es mostrar la Zaragoza Moderna porque en realidad, lo discursivo era de ellos lógicamente. Además, sumaba que son personas que dan muy bien en cámara. Yo quería que salieran guapos. Tienen carisma también y hablan muy bien, tienen gracia para comunicar. A veces hay personas que saben mucho, pero no saben transmitir. Gracias también a este aspecto, me parecía un proyecto redondo.

Para rodar Zaragoza Moderna se trabajó con un equipo de producción reducido, pero recurrente, ¿es así?

Sí, así es, el equipo con el que yo trabajo es un equipo de siempre, nos conocemos todos de sobra. Se trata de dos cámaras, producción, maquillaje, yo y luego el montaje y el diseño gráfico. Y como siempre somos los mismos, aunque los proyectos son muy diferentes, pues lo mismo abordamos a María Moliner o a Elvira de Hidalgo, que a Florián Rey o a Zaragoza Moderna, el resultado es el esperado.

La construcción de la estética de este documental de arte se muestra realmente compacta frente a la narrativa mediante la dirección de arte, su diseño gráfico, en el etalonaje…

Claro, estéticamente también tiene que ir todo de la mano. Pero eso es también porque son profesionales con más de 20 años de recorrido.

¿Han colaborado en este proceso de producción y postproducción Sergio Sevilla y Ana Durán?

En esta parte no, sobre todo porque el proceso de montaje es un proceso muy largo y costoso. Y al final es durante el montaje cuando decides la música, el diseño gráfico y ya no se podía delatar más tiempo. Sí que les consulté sobre la música que tenía en mente y la idea les gustó. Tienen un gusto musical excelente. Yo quería su aquiescencia en esto.

Y respecto a la fotografía, tan luminosa y diáfana, muy nítida y distinta a otras de sus producciones, ¿qué directrices existían?

Sobre todo, que la ciudad saliera en pantalla luminosa, colorida y hermosa. Digamos que conceptualmente se partió de ahí. Luego hay directrices técnicas, claro. Como, por ejemplo, que grabáramos las entrevistas estáticas y lo demás cámara en mano, es decir haciendo recorridos o como en el caso de Carlos Navarro, utilizáramos pequeños travel, pero también para no perder el toque de road movie. Evidentemente, hay planos igualmente, que quizás no son los mejores a utilizar técnicamente y sueles desechar en montaje, pero que tienen ese realismo buscado. Así que lo que quería era mucha frescura, que no resultara algo estático y tan canónico como puede ser un documental biográfico. Quería ir a los lugares donde se trabaja y en la medida de lo posible grabar a esas personas en acción durante sus procesos de trabajo. No se pudo hacer en todos casos porque algunos de los artistas ya no tenían taller. En este aspecto, el caso de Enrique Val es muy bonito, porque descubrí su trabajo en progreso y en otros casos como el de Ángel Atienza, desgraciadamente fallecido, lo cuenta su esposa Mari Carmen Atienza.

Lo cierto es que las entrevistas individuales son largas, pero consigue no perder el dinamismo general que acompaña el montaje. Creo que ayuda mucho en ello la presentación en frames dinámicos de la pantalla que muestran la imagen como vidrieras o propiamente, como si fueran los mosaicos de cerámica.

Sí, pero con forma de cápsula ovalada de los años 60. Claro, eso son las transiciones que queríamos para que hubiera una coincidencia estética y una sintonía visual. Di algunas directrices y además todo el diseño gráfico está realizado por Óscar Baiges que me acompaña habitualmente en este campo. A mí me gusta mucho hacer foto fija en rodaje, sirve para muchas cosas luego y también para inspirarte. Así que le mandé fotos de las vidrieras de la Iglesia del Carmen y de algunos murales. Le dije: “está es la idea” y quiero unas letras que tengan que ver con esa estética poppy, casi como de La Pantera Rosa (Blake Edwards, 1963). Nos entendemos muy bien, llevamos años trabajando juntos. Oscar hizo varias posibilidades de cartel. Siempre me gustan todas, aunque con todo dolor de mi alma, debo quedarme con una. Finalmente nos quedamos con la que se ve hoy y que se inspira directamente en las fotos que le mande con ese colorido y esa tipografía que luego utilizamos además para documentar.

Por otro lado, a nivel de dirección de arte, ¿en qué medida se ha ambientado? Este aspecto en el género documental y más precisamente en el documental de arte, es siempre un dilema moral e historiográfico.

Bueno, de un lado hay mucho rodaje en exteriores, claro, los exteriores y también los interiores de todas las iglesias, etc., están intactos. El gran trabajo ahí fue la gestión de los espacios y los permisos que suelo gestionar yo misma. En este caso fue lo peor porque eran muchísimos y había que rodar en la calle. Bueno, en este tema hay que destacar la ayuda de la Zaragoza Film Office y también a David Lozano (Aragón Film Commission), porque había lugares donde parecía imposible grabar. Y después la maravillosa casa de Sergio y de Ana, con esos rincones… Sale tal cual en pantalla, ellos viven en ese espacio, no hacía falta nada de atrezo. Lógicamente, entramos con varias cámaras y un grupo de gente a rodar y sí, hacía falta abrir hueco para hacer un espacio, cambiar la mesa de sitio o un mueble, nada más. También el taller de Enrique Val era tal cual sale en el documental.

Sus trabajos audiovisuales se caracterizan por una intensa fase de documentación que genera en muchos casos historiografía fílmica y a menudo, sus protagonistas han fallecido hace tiempo. Siendo la cerámica mural zaragozana contemporánea un tema artístico vivo y tan escasamente difundido e incluso documentado, ¿no tuvo una cierta sensación de descubrimiento durante el proceso creativo de Zaragoza Moderna, dado que versaba sobre una investigación consolidada y unos protagonistas en muchos casos todavía vivos?

Sí, de hecho, fíjate que me alegra que lo comentes porque estoy acostumbrada a documentar durante años a los personajes como bien dices y aquí, de repente, ya estaba todo documentado. Pensé que, en este aspecto, poder partir de ello era un regalo. Y bueno, por supuesto, luego había que seguir documentando materiales para los recursos, etc., pero es que yo de lo que tenía ganas era de salir a rodar y tener este punto de partida me permitió concentrarme en grabar por la ciudad. Recuerdo confesarle a un amigo mío y colaborador: “Aquí no tenemos que retocar fotos antiguas horrorosas de la prensa y eso es maravilloso”. Él me dijo: “Vamos a disfrutar del montaje por fin” (risas). Sí, nos hacíamos bromas con eso porque tener como punto de partida la documentación del proyecto hecha y avalada por unos historiadores como Sergio y Ana, no es para mí lo habitual.

Número 75

Junio 2026
Ruth BARRANCO RAIMUNDO
Diseñadora e Historiadora del Arte especializada en Lenguaje y Cultura Audiovisual
Fecha de recepción: 06/06/2026
Fecha de aceptación: 09/06/2026
image_pdfimage_print