La salud mental, a pesar de ser uno de los tabúes que más peso ha tenido (y todavía tiene) en nuestra sociedad, ha experimentado un notable cambio desde el estallido de la pandemia de COVID-19. Al mismo tiempo que se acrecentaban los problemas relacionados con ella, comenzó a visibilizarse considerablemente, ganando cada vez más presencia en el debate público. Prueba de ello son las distintas exposiciones que se han realizado recientemente en relación con este tema, entre las que ocupa un puesto de enorme relevancia la propuesta que alberga actualmente el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
La muestra, titulada Como una máquina de coser en un campo de trigo, lleva a cabo un recorrido cronológico por la vida y obra del psiquiatra Francesc Tosquelles (Reus, 1912 – Granges-sur-Lot, 1994), que revolucionó las prácticas médicas de su tiempo, prestando especial atención a su contexto político, social, artístico y cultural. Es fruto de un proceso de investigación liderado por los comisarios de la misma, Carles Guerra y Joana Masó, y ha sido organizada en colaboración con el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), donde pudo visitarse entre el 8 de abril y el 28 de agosto de 2022. No obstante, su itinerario comenzó ya en 2021, en Les Abattoirs. Musée-FRAC Occitaine de Toulouse, y concluirá el próximo 2023 en el American Folk Art Museum de Nueva York.
El título de la exposición hace referencia a la frase de Isidore Ducasse, Conde de Lautrémont, que sirvió de inspiración al surrealismo en su defensa de lo azaroso de la belleza: “bello como el encuentro fortuito de una máquina de coser con un paraguas sobre una mesa de disección”. Francesc Tosquelles, readaptándola, sintetiza su concepción de la psiquiatría como un vínculo de realidades aparentemente inconexas: el campo de trigo, ligado a la tierra, a la naturaleza y al paisaje; y la máquina de escribir, símbolo del desarrollo y la tecnología. A través de este lema convirtió la escritura, el arte y el teatro en instrumentos básicos de la terapia, acercando estas prácticas a los pacientes de las instituciones psiquiátricas, con el objetivo de transformar así estas últimas y “abrir” sus puertas para fomentar los vínculos sociales de los internos con las comunidades de su entorno.
El recorrido por la figura del psiquiatra catalán, que es también un recorrido por la historia de Europa en el siglo XX, comienza en los años que este pasó en España, desde su nacimiento en 1912, casi contemporáneo a los primeros intentos de descentralización de las instituciones psiquiátricas impulsados por la Mancomunitat de Catalunya, hasta su exilio en 1939. A finales de la década de 1920 comenzó a colaborar con el Institut Pere Mata de Reus, y tras la proclamación de la II República en 1931 se vio influenciado por el psicoanálisis, gracias a los psiquiatras y psicoanalistas que llegaron en este período a Barcelona huyendo del antisemitismo en Europa central. Vinculado también al marxismo, con el que estuvo comprometido políticamente a través del POUM, Tosquelles transformó desde el manicomio de Reus la psiquiatría heredera del siglo XIX, tratando al hospital como un cuerpo enfermo y cambiando su inconsciente autoritario y reaccionario.
Tras su paso por los frentes de Aragón y Extremadura durante la Guerra Civil como jefe de psiquiatría del ejército republicano, donde también desarrolló métodos vanguardistas que hacían posible una relación más comunitaria con el tratamiento de la enfermedad, comenzó en 1939 su largo exilio francés. En septiembre de ese mismo año llegó al campo de refugiados de Septfonds, permaneciendo allí recluido tres meses, y en 1940 se incorporó al equipo del Hospital Psiquiátrico de Saint-Alban-sur-Limagnole, que se convertiría en la entidad más importante de su periplo profesional.
Será aquí donde lleve a cabo una práctica radicalmente innovadora que transformó la vida colectiva en el hospital, gracias a la organización cooperativa y el uso de novedosos procedimientos terapéuticos para abordar la raíz social de la enfermedad mental y reformar, desde la humanización, la institución psiquiátrica. De esta forma, Tosquelles recogió y dio continuidad a algunas invenciones de las mujeres psiquiatras en el hospital como Agnès Masson, antigua directora del centro, o Germaine Balvet, en la lucha contra la indiferencia del personal médico ante el sufrimiento de los enfermos.
Durante la ocupación nazi de Francia, el sanatorio de Saint-Alban se convirtió en un refugio para distintos miembros de la Resistencia —médicos, escritores, artistas y teóricos del arte— comprometidos, al igual que Tosquelles, con el antifascismo, y entre los que se encontraban nombres como Paul Éluard, Tristan Tzara, Gérard Vulliamy, Jean Dubuffet o Frantz Fanon. Será su convivencia con el personal del hospital y los propios pacientes la que cuestionará la división tradicional entre normalidad y patología, creando un espacio de inclusión en el que las personas “normales” y las “marginales” (o marginadas) encontraron un espacio común.
Finalmente, el psiquiatra catalán regresaría a España en los últimos años de la dictadura y el posfranquismo, donde siguió practicando algunas de las iniciativas ensayadas en Francia, pero coincidiendo con la irrupción de la antipsiquiatría y la introducción de los psicofármacos que, en su opinión, destruyeron el trabajo de la institución. Tosquelles murió el 25 de septiembre de 1994, al mismo tiempo que en Cataluña desaparecía la psiquiatría como disciplina independiente y se integraba en la medicina.
Toda esta trayectoria vital y profesional se ilustra a través de diferentes documentos, fotografías y grabaciones personales en las que se exponen su concepción de la práctica psiquiátrica y su vinculación con la política en una época tan convulsa y dramática como la que le tocó vivir; pero también mediante distintas obras y objetos —carteles propagandísticos, revistas, películas y materiales históricos— que permiten contextualizar no sólo el momento histórico sino también el panorama artístico de esos años. En este sentido, tiene una importancia destacada el surrealismo —desde el título mismo de la exposición— por sus vinculaciones con el psicoanálisis y la psiquiatría, que quedan patentes en las obras expuestas.
Además, se presentan piezas creadas no sólo por los artistas ya mencionados, sino también por los enfermos mentales del hospital de Saint-Alban procedentes de la Collection de l’Art Brut de Lausana y de diferentes colecciones particulares, en dos salas dedicadas específicamente al arte psicopatológico y al Art Brut o arte marginal. A estas se añaden otras obras contemporáneas y de nueva creación, películas e instalaciones interactivas de Alejandra Riera, Angela Melitopoulos o Maurizio Lazzarato, entre otros.
La muestra, que se podrá visitar entre el 28 de septiembre de 2022 y el 27 de marzo de 2023, se completa con una serie de actividades (talleres, seminarios y conferencias) destinadas al encuentro, la educación y el estudio en un proyecto de generación de pensamiento paralelo al expositivo y de contacto inmediato con el público, siguiendo las ideas más relevantes del legado de Tosquelles.
Este legado, ignorado y olvidado prácticamente hasta la actualidad, se ha convertido, gracias a la investigación y divulgación realizadas con esta exposición, en un referente para reflexionar sobre el valor de la salud mental y la manera como la abordamos en nuestras vidas, en momentos de crisis tan graves como el actual.


