Abstraccion[es], Jorge de los Ríos

Bajo el sugerente título de abstraccion[es], se presenta una ambiciosa propuesta retrospectiva que articula y repasa en profundidad la trayectoria del pintor zaragozano Jorge de los Ríos. La muestra plantea un viaje cronológico y conceptual de notable envergadura, rescatando las primeras inquietudes plásticas del autor en la década de los noventa del pasado siglo y confrontándolas directamente con sus producciones más recientes, fechadas entre los años 2024 y 2025. A lo largo de este itinerario, el espectador es invitado a presenciar una constante metamorfosis dentro del arte no figurativo, donde De los Ríos transita de manera sucesiva por los territorios de la abstracción lírica, el expresionismo más dramático, y la abstracción geométrica. Esta cita con el universo del creador aragonés no solo permite calibrar la evolución de su técnica y sus búsquedas formales a lo largo de las décadas, sino que también ofrece el marco perfecto para examinar con perspectiva los hitos, las transiciones y los claroscuros de una obra firmemente consagrada a la pureza del lenguaje abstracto.

Es en la producción de la década de los noventa del pasado siglo donde la propuesta de Jorge De los Ríos alcanza su máxima audacia. En este periodo, el artista manifiesta una madurez envidiable al explorar soportes de una gran carga táctil, como el zinc, cuya presencia en Puerta Viva (1990) establece un umbral de gran potencia visual. Se percibe en estos años un diálogo fértil con la tradición pictórica, especialmente en Paisaje después de la batalla (1992), donde la influencia de la poética de José Manuel Broto de los años 80 se traduce en una atmósfera de resonancias históricas. No obstante, la cumbre de esta sensibilidad se halla en Engawa (1994), donde el virtuosismo en el manejo de la cera y la precisión casi alquímica de los pigmentos logran una síntesis magistral entre el volumen matérico y la composición.

Sin embargo, tras este esplendor, la narrativa expositiva se adentra en un arco de ruptura donde la sensibilidad previamente conquistada se sacrifica en favor de un intelectualismo geométrico que erosiona la armonía del conjunto. Al abandonar el expresionismo orgánico de su juventud, De los Ríos incurre en una serie de lagunas conceptuales y estéticas donde el rigor de la línea colisiona frontalmente con una falta de acierto en la dimensión cromática. Esta pérdida de sutileza es evidente en Toru (2006), una obra cuya interacción tonal carece de la pulsión interna necesaria para sostener la estructura. Esta deriva alcanza su punto más crítico en Eingang/Ausgang (2005) y Viento en el agua (2004); en esta última, el empleo del pigmento verde deviene en una intrusión que desvirtúa su lógica cromática.

A nivel narrativo, la falta de coherencia se agudiza ante la presencia de obras como Volto (2005), una pieza cuya inclusión resulta difícil de justificar. Es en este punto donde la experiencia del visitante delata una carencia fundamental, la de un comisario activo en el catálogo y en el diseño de la muestra. El comisariado no es un mero ejercicio de disposición espacial, sino un filtro crítico y una brújula intelectual destinada a dotar de ritmo, estructura y coherencia al relato. La ausencia de esta mirada externa es la responsable de que piezas menores, que debieron permanecer en el taller, terminen por lastrar la percepción global de un artista que, sin ese mediador necesario entre el creador y el público, ve cómo su discurso pierde el rigor exigible a una retrospectiva de este calado.

A pesar de estas sombras, la serie Dualidad (2008-2010) constata, sin duda, la valía artística del autor. Más concretamente, en sus exploraciones de la geometría circular se vislumbran hallazgos de gran interés que, sin embargo, se ven limitados por su formato. El carácter tectónico y sutil de estas composiciones parece traicionado por sus dimensiones; son piezas que exigen una escala monumental para que su fuerza interior no quede encorsetada. Este síntoma de agotamiento espacial persiste en las producciones finales de 2024 y 2025. Se produce aquí una ironía material: Jorge de los Ríos regresa al metal, sustituyendo el zinc de sus años de gloria por el hierro. Sin embargo, este cambio de soporte no viene acompañado de la rotundidad que la materia férrea exige. Al carecer de la ambición de escala necesaria para dialogar con el espacio de la sala, estas últimas piezas se desvanecen hasta convertirse en meras anécdotas visuales.

Al margen de las carencias de este montaje, la revisión de su obra nos confronta con una certeza: estamos ante un creador de referencia en la abstracción aragonesa. Las fisuras cromáticas y de formato de sus producciones más recientes deben entenderse como las tensiones lógicas de quien sigue experimentando con la materia. Lejos de invalidar su trayectoria, este bache expositivo resalta el valor de sus aciertos históricos y abre un horizonte de evolución lógica; el hierro de sus últimas piezas plantea un camino de gran potencia que, en cuanto recupere la escala y el filtro conceptual adecuados, volverá a ocupar con solvencia los espacios museísticos.

Casa de los Morlanes, del 20 de marzo al 24 de mayo de 2026

Número 75

Junio 2026
Antonio DE CLEMENTE GARCÍA
Arquitecto. Máster en estudios de comisariado. Miembro de AACA, AECA y AICA
Fecha de recepción: 28/05/2026
Fecha de aceptación: 30/05/2026
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