Desde Aragón, en España: un investigador tras los pasos de José Martí

 

 

Para Aragón, en España,

Tengo yo en mi corazón

Un lugar, todo Aragón,

Franco, fiero, fiel, sin sana.

José Martí. Versos sencillos

Renovador, contemporáneo, moderno, universal. En ello coinciden los que se han acercado a la magna obra martiana desde la literatura, la lengua, la política… en definitiva, desde el más completo y acabado sistema de pensamiento de un hombre del siglo XIX. Esta concurrencia tiene su justificación en las claves de lectura que trazan los “caminos del escritor”, en las sentencias y – si se quiere- en el uso de un tiempo presente general en sus textos, que asegura la actualidad del corpus literario de José Martí.

En el Congreso de Escritores Martianos, celebrado en  Cuba, en 1953, Federico de Onís (1885-1966) expresó que este hombre se nos impone como el máximo creador y sembrador de ideas, formas, tendencias y actividades que han tenido la virtud de perdurar como dominantes y que están cada vez más llenas de posibilidades para el futuro.

Sesenta años después son suficientes para esa idea de futuridad, y hoy Martí pervive, gracias a los investigadores, que continúan desentrañando los misterios de su escritura, los que se proclaman deudores de su legado y los que pugnan por su constante y- necesaria- actualización para que no se pierda en esta época de ritmos vertiginosos. El Apóstol –calificativo con el que también se identifica- ha pasado de generación en generación, fundamentalmente, por la lectura de “La Edad de Oro” libro que condensa las historias, cuentos y poemas que, a manera de revista escribió para los niños del mundo en 1889; o por los versos sencillos ora leídos, aprendidos y recitados por los más jóvenes, ora convertidos en bellísimas canciones.

Escuchar su nombre, en medio de una muchedumbre desconocida, hace que un cubano, en cualquier lugar del mundo vuelva la cara esperando encontrar un amigo, un coterráneo. Quizás sea uno de los pocos autores que apresuradamente un emigrante coloque en su equipaje. De hecho, tuve la posibilidad de corroborar esta idea cuando, revisando el librero de una cubana que vive en esta ciudad de Zaragoza, hallé varios títulos, “La Edad de Oro”, el primero. Hombre y símbolo de identidad. Bajo su estampa, nos llega la Cátedra[1] que inauguró en 1966 las relaciones entre la Universidad de Zaragoza y el Instituto Superior de Artes de La Habana y, más recientemente, una Asociación Cultural de cubanos en Aragón[2].

No resulta ocioso dejar aquí algunas líneas sobre su vida, para que pueda aquilatarse el hombre y el escritor. José Martí nació en La Habana, el 28 de enero de 1853 y murió en mayo de 1895. Su vida fue corta, pero intensa, entregada a Cuba, a lo que creía justo, a la preparación de una guerra necesaria, pero sin odios; una vida dedicada a la proyección de una “República con todos y para el bien de todos”, donde pudieran desarrollarse los pinos nuevos. Cuarenta y dos años quizás no alcancen hoy para dejar una obra recogida en 28 tomos, una obra que aún no se ha cerrado y que sorprende con nuevos folios; cuarenta y dos años son insuficientes en estos días para viajar como él lo hizo, aprehendiendo cada cultura, horadando, veedor insaciable, para luego dejar sus visiones en crónicas preciosas y versos memorables. Conoció el presidio con solo dieciséis años y el dolor infinito de los baños de canteras, las laceraciones del grillete en la piel, la ausencia de Dios entre aquellos muros, las lágrimas de un niño y el sufrimiento de un viejo de noventa años. Y el destierro fue el colofón de su pubertad.

El 15 de enero de 1871 llega Martí a España y se abre una zona a ratos silenciosa en libros de historia y biografías. ¿Y entonces? ¿Cómo vivió el joven cubano?, ¿Cuáles fueron sus experiencias? ¿Cuántas emociones, que llegaron hasta sus versos? ¿y,  qué de sus amores, de su oratoria incipiente, de sus estudios, de sus visitas a teatros, cafetines literarios, de su contacto con las artes en general y la pintura, en particular? De esos años solo nos habían llegado fragmentos dispersos: “allí tuve un buen amigo / allí quise a una mujer”[3] o de su contacto con el pintor aragonés Pablo Gonzalvo (1827-1896) se puede leer que “con una mano magistral ponía en el lienzo, a la luz de la mañana de verano sorprendidos, los esplendores rojos del sol, cuya luz tibia, al pasar por los espetos cristales, iba a morir, coloreando como llama, en los dorados cañones del órgano vetusto de La Seo” (p. 64).

Sin embargo, la pericia con la que el investigador, catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza, estudioso de la cultura de los siglos XIX y XX, Dr. Manuel García Guatas, ha hilvanado esos fragmentos, nos ofrece una idea de cómo vivió José Martí en España, especialmente en Aragón, entre 1873 y 1874. A los títulos antes referidos, me tomo la libertad de sumarle a Guatas otro más: martiano. Porque martianos somos los que hemos leído a Martí, los que lo hemos amado y solo desde el amor ha podido Guatas seguir los pasos del joven escritor por España y por la ciudad aragonesa. Y ese amor nos llega desde sus dos libros: La Zaragoza de José Martí, publicado por primera vez en 1999, con una edición corregida y aumentada en 2004, que habla de un trabajo investigativo continuado, cuyo remate es la publicación, más recientemente (2014), de La España de José Martí.

España, no apartes de mí este Cádiz

La España de José Martí, libro publicado por Prensas Universidad de Zaragoza, tiene como antecedente las dos entregas anteriores que recogen acontecimientos significativos de la estancia del héroe cubano en Zaragoza, aunque el investigador también alude a su paso por Madrid, donde conoció varios personajes de la cultura aragonesa y donde comenzaron a tejerse los hilos que, acuciosamente, irá siguiendo para completar lo que el propio García Guatas ha denominado “una geografía” de los lugares que habitó el cubano en España, desde los cuales escribió y ejerció su pensamiento político. El valor fundamental de este material, reside en la reconstrucción -desde el punto de vista histórico y cultural – de años fundamentales de la vida de José Martí, en los que terminó sus estudios de bachiller y cursó las carreras de Derecho y Filosofía y Letras.

Pero el investigador nos ofrece el panorama social, artístico y político en el que se desarrolló la vida del joven desterrado, desde su mirada de historiador del arte, pero también desde su sensibilidad y a partir del cotejo de fuentes tanto españolas como cubanas, entre las que se encuentran la prensa de la época, los anuarios de las instituciones (Universidad de Zaragoza, por ejemplo), las guías para visitantes, las biografías de investigadores cubanos como Cintio Vitier (1921-2009), Ibrahim Hidalgo (1944-) y los documentos aportados por el Centro de Estudios Martianos[4], instituto que rige en Cuba, la mayoría de los estudios sobre el Apóstol y que tiene entre sus proyectos fundamentales: la edición crítica de las obras completas de José Martí.

Entre los múltiples aciertos del libro, puede mencionarse el hecho de que García Guatas recoja las circunstancias de joven desterrado que llega a Cádiz, y la contempla desde la nostalgia y realiza emotivas asociaciones con la tierra de la que debió partir: ambas son ciudades portuarias: ciudades-destino, tienen un trazado similar de sus calles rectas, angostas y empedradas y “parecidas también las casas, de sillares de áspera piedra caliza y encaladas, con muchos balcones, y terminadas en azoteas con torres-miradores hacia la entrada de la bahía…” (p. 16). Pero también refleja la soberbia de quien fuera condenado, como muchos, a trabajos forzados en las canteras de San Lázaro[5], imagen que inmortaliza Martí en sus versos libres  (Pollice verso, memoria del presidio) años después:

“¡Sí! ¡yo también, desnuda la cabeza/ De tocado y cabellos, y al tobillo/ Una cadena lurda, heme arrastrado /Entre un montón de sierpes, que revueltas/Sobre sus vicios negros, parecían /Esos gusanos de pesado vientre…”[6] Y es que resulta significativo para García Guatas que en los quince días que Martí habitó Cádiz, se dirigiera al periódico La Soberanía Nacional para publicar su primer artículo “de denuncia por el atropello que estaban llevando a cabo en la isla de Cuba los gobiernos militares”. Recuérdese aquí que el periodismo, llega a Martí desde muy temprano y con un objetivo claro y definido desde su postura de escritor y político.

La paradoja de Madrid

“Detestada y receptiva”. Dos adjetivos que podrían parecer irreconciliables utiliza el investigador para catalogar la relación de José Martí con Madrid. Porque llega a la capital desde donde se dictan los bandos militares y se dirige el trasporte de tropas hacia la isla sojuzgada; pero llega a una ciudad  que lo ampara y que lo recibe con los brazos extendidos, que se ofrece con sus barrios en construcción, ciudad en pleno crecimiento, donde tiene la posibilidad de contemplar el primer tranvía de tracción animal que viaja entre la Puerta del Sol y  Salamanca, y deambular por el Paseo del Prado, de moda por aquellos años y que le recordaría al joven cubano los frondosos paseos de La Habana.

Pero en Madrid conoce también el reverso de la moneda: sabe de los testimonios de los soldados destinados a la Guerra de los Diez Años, y es testigo de la proclamación de la República el 11 de febrero de 1873, en cuyos presidentes pretende encontrar desde España una salida política para el futuro de Cuba, idea que plasma en el manifiesto La República Española ante la Revolución Cubana.

En Madrid se cuece el carácter y se radicalizan las ideas independentistas del joven Martí, que es recibido por otro cubano deportado con quien comparte sus pensamientos revolucionarios.  Matriculó como alumno libre en la Universidad Central, la carrera de Derecho, enfermó en noviembre y fue operado por las secuelas que dejó el presidio político, recibió las noticias de una Cuba en guerra, pero también pudo conocer una cultura extraordinaria, visitó el teatro, los museos y los talleres de los maestros pintores, se interesó fundamentalmente por la pintura de Velázquez y de Goya, así como de sus coetáneos Pablo Gonzalvo, Raimundo Madrazo y Mariano Fortuny, en definitiva, vivió una vida intensa desde el punto de vista cultural que lo alejó de sus estudios.

            Quiero a la tierra amarilla / que baña el Ebro lodoso…

Con el libro La Zaragoza de José Martí¸-contenido casi in extenso en el primero- inicia el quehacer investigativo de García Guatas sobre la figura del cubano en España. Publicación que estimo exhaustiva, prolija, gráfica e histórica, que sorprende por los detalles, las referencias y las reconstrucciones que, a partir de fuentes documentales precisas, realiza sobre la vida de Martí.  Los diecinueve meses que reside en la ciudad aragonesa, están tamizados por un hecho toral: la conclusión de sus estudios de bachiller y de las carreras universitarias que había matriculado como alumno libre en Madrid.

La ciudad, acogedora, pequeña, poética, romántica, fue suficiente para el joven estudiante, como lo fuera la antigua Universidad de la Plaza de la Magdalena. Nota el investigador el vacío epistolar, en la correspondencia familiar de José Martí en estos años de 1873-1874, cartas que quizás se perdieron o que no llegaron a ser escritas porque el tiempo era poco ante la carga lectiva. Sin embargo, hubo espacio para conocer la cartelera teatral y para enamorarse. Y sobre el amor deja constancia García Guatas, al develarnos los datos sobre la anónima mujer que menciona en el poema “Para Aragón” a la Blanca a quien dedicara Martí el cuento Hora de lluvia en 1873:

Me pediste ayer tarde una historia, para que fuese para ti—leyendo cosas mías—menos triste esta noche en que no podíamos vernos.
Ahí te envío para que te entretengas en esta otra noche de lluvias, este cuento ligero que se parece tanto a la verdad—por tu hermoso capricho nacido, y escrito velocísimamente en noche lluviosa.
Que lo leas, mi Blanca.

———

Mi Blanca: A las ocho y media empiezo a escribir para ti esta brevísima historia—feliz ya, porque nace de tu cariño y tu deseo.
Espacio estrecho es una hora, y cosa rápida y risible ha de ser todo lo que en ella precipitadamente escriba yo. Tiempo, papel—todo es estrecho para este poderoso amor que vive en mí.
Llueve copiosísimamente; llueve sin cesar. Es, Blanca mía—y no te rías—que el cielo mismo frunce el ceño, y se pone mohíno, y llora, porque no hemos podido hablarnos hoy. Tú eres el cielo.
Mi prólogo, extravagante en verdad, te dice aquí adiós.
Tú esperas un cuento; yo no puedo hacerte esperar: allá va a ti[7].

Blanca, era, en definitiva Blanca Montalvo Palomar, una aragonesa que vivió en la calle manifestación, cerca del domicilio de José Martí. Según la describe García Guatas, a partir del cotejo de sus cartas, una muchacha con personalidad firme y de carácter, que quedó desolada, luego de la partida de “Pepe de su alma”.

 

A manera de conclusión.

La España de José Martírecoge las reminiscencias del Ebro, del Pilar azuloso; las referencias a la ciudad que haría El Apóstol en sus crónicas futuras, en sus versos sencillos; los reconocimientos realizados en la Universidad de Zaragoza en 1984, 1995 y una breve reseña de los personajes con los que se relacionó de una manera u otra el joven cubano durante su estancia en España y especialmente en Zaragoza. García Guatas supo también aderezar la lectura de estas páginas con fotografías de época que completan la imagen de España, y de la ciudad aragonesa en la época de José Martí; visión que me había llegado en algunos plumazos, en ciertas palabras (baturro, cazurro), en notas al margen, en comentarios aislados, visión que ahora completo gracias a este libro que – con emoción lo digo- nos regala un investigador aragonés que ha sabido ir tras los pasos del preclaro escritor y político cubano; pasos que, a partir de mi llegada a Zaragoza, me descubro desandando desde mi estirpe martiana.



[1]La Cátedra José Martí fue creada en abril de 1966, luego de la firma de un convenio entre la Universidad de Zaragoza y el Instituto Superior de Arte de La Habana, para fomentar las relaciones de intercambio académico y cultural. Actualmente, se realizan múltiples actividades, ciclos de conferencia. La Cátedra tiene más de cuatro décadas de existencia

[2]La Asociación Cultural de Cubanos en Aragón José Martí, constituida al amparo de la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo. Comenzó sus actividades el 2 de diciembre de 2013. Tiene entre sus propósitos el intercambio artístico y cultural entre Cuba y España, la promoción del conocimiento de los lazos  que unen ambos países y la divulgación de  nuestros valores  e identidad del cubano.

[3]Ibídem

[4]El Centro de Estudios Martianos (CEM), se inauguró el 19 de julio de 1977 con el objetivo de auspiciar la investigación y el estudio de la vida, obra y pensamiento de José Martí, recopilar y preservar sus manuscritos, ediciones originales, fotografías, etc. También promueve la difusión de la biografía y la obra de El Apóstol.

[5]Estaban ubicadas en  calle Hospital entre las calles Príncipe y 27 de Noviembre, en el municipio de Centro Habana. En este lugar eran confinados a trabajos forzados presos por múltiples causas, entre ellas por los llamados delitos de infidencia. Constituyeron una fuente de materiales de construcción. Los muros de piedra caliza que se salvaron del tiempo, constituyen el patio de la Fragua Martiana, un museo dedicado al joven Martí. Los objetos atesorados allí reflejan la etapa del presidio.

[6]José Martí Pérez. Versos Libres. P-5. www.edu.mec.gub.uy/…/Marti,%20Jose%20-%20Versos%20libres.pdf

 

 

[7]José Martí. Hora de lluvia. En URL: https://verbiclara.wordpress.com/…/hora-de-lluvia-cuento-de-jose-marti/

La España de José Martí. PUZ, 2014

Número 30

Marzo 2015
Marialys PERDOMO CARDONA
Universidad de La Habana/Universidad de Zaragoza
Fecha de recepción: 13/2/15
Fecha de aceptación: 14/2/15
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