Zaragoza, la ocupación francesa (1809-1813). Colección de Emmanuelle Rufo

Con motivo del cumplimiento de los 200 años desde que los franceses abandonaran la capital aragonesa y a raíz de los diferentes actos por este bicentenario, se presenta en la reciente inaugurada sala de exposiciones de Aragonia esta exposición que pretende introducir al público en la vida cotidiana de la Zaragoza ocupada por los franceses tras los Sitios, acontecimiento éste muy conocido por todos los zaragozanos y muy tratado por la historiografía. Sin embargo, la etapa de la ocupación parece algo olvidada, quizá porque se trató de un período de consolidación del nuevo poder y de vuelta a la normalidad, sin actos heroicos ni luchas por parte de ambos bandos en nombre de la patria. A pesar de ello, no deja de ser un período interesante y que merece la pena conocer.

Los objetos expuestos, exceptuando la obra gráfica cedida por la colección Palafox Hoteles, pertenecen a la colección de Emmanuelle Rufo, modista especialista en las recreaciones históricas y que, como se nos indica en el primer cartel descriptivo situado en la entrada de la sala, ha trabajado para diseñadores de tan alto prestigio como Dior. Así, junto a reproducciones de trajes del período napoleónico, tanto de tipo civil como militar, se encuentran objetos auténticos de uso cotidiano y documentos referentes sobre todo al ejército francés y al propio emperador Napoleón.

Al entrar en la sala, ya se visualizan los diferentes vestidos, además de algunos grabados que cumplen una función casi introductoria de la exposición, al igual que el cuadro del gobernador francés Suchet. Se trata de una exposición ciertamente a pequeña escala, y gracias a ello se respira ese aire intimista que siempre va unido a lo cotidiano, que es precisamente uno de los puntos fuertes de esta muestra. Cinco tipos de objetos son los que se presentan ante el visitante a base de vitrinas y maniquís: grabados, trajes, documentos, objetos y carteles explicativos de las diferentes facetas de la Zaragoza del momento situados en el centro de la sala y que hacen referencia a diferentes temas: la guerra, la política, la economía, el mundo cultural, el ocio, etc. Así, el ambiente francés que se instauró en la capital impregna el total de la sala.

Cabe recalcar igualmente que todo lo presentado en cierta manera se identifica con las clases altas, con los ocupantes. Por otro lado, se echa en falta una referencia mayor a las populares revistas de moda de la época, tan en relación con estas élites, al papel de los comercios, a las clases populares o a la labor artesanal que existía detrás de la indumentaria y los diferentes objetos. Aunque es preciso decir que nos movemos dentro de una colección privada y ésta únicamente puede abarcar cierta parcela de la realidad.

Con todo, lo cierto es que cuando se visita una exposición como la que ofrece Aragonia, se tiene la siempre grata sensación de viajar en el tiempo. El contacto visual con objetos e indumentaria de tiempos pasados sumerge al visitante en un período ya alejado, pero que se presenta de una manera viva ante él. Los documentos nos muestran el testimonio escrito, pero el colorido de los trajes, el encanto de los complementos y las joyas, además de los enseres militares, también hablan por sí solos.

Centro comercial Aragonia, Zaragoza

Número 24

Septiembre 2013
Esther ALDAVE MONREAL
Alumna del Máster en Gestión del Patrimonio, Universidad de Zaragoza
Fecha de recepción: 23/7/13
Fecha de aceptación: 10/9/13
image_pdfimage_print