Los de Luxe, equipo formado por Juan Antonio Molina y Fernando Laguna desde más de una década -1995-, vuelven a plantear en la exposición del Centro de Historia su peculiar visión, muy plausible, de recuperar y difundir la época de los 70 en todas sus formas expresivas y estéticas –moda, música, decoración y arquitectura-.
Esta encrucijada al estilo APUDEPA, salvando las distancias y contenidos del parangón, los de Luxe quieren recuperar esta “memoria histórica” de manera más artística, que empezó de forma jocosa y humorística y que ahora es su principal argumento para concienciar y difundir a los ciudadanos los edificios que se han perdido –Los antiguos almacenes Gay o Sepu- o están olvidados –La fábrica de Pikolín-, por la negligencia urbanística o por la falta de sensibilidad por la puesta en valor de cualquier estilo arquitectónico –no sólo del románico y mudéjar vive el hombre, o del síndrome contagioso de albergar el museo/centro/edificio emblemático de Foster, Frank Gehry o Herzog & de Meuron-, que en definitiva es nuestro Patrimonio.
Precursores en estas lides con la creación ya en 1999 de www.dabadaba.com, fue el antecedente para su portal actual y característico de su filosofía retro, con tintes kitsch, www.zaragozadeluxe.com
En cuanto a la exposición -posiblemente el espacio tránsito determina mucho a los artistas por su espacio reducido- redunda demasiado en lo que ya planteasen en sus exhibiciones anteriores –recordemos la gran exposición monográfica que realizaron en los depósitos de agua del Parque Pignatelli, dentro del ciclo de la Frontera, y su paroxismo en la colectiva del CCCB- y, en este caso, realmente cumple literalmente el sentido del nombre que le han puesto al espacio, porque se difumina y disuelve la propuesta haciendo que sigas tu camino en ese contendor, todavía por definir, que es el Centro de Historia.
Creo que no estaba previsto, dentro de la misma exposición, y eso me pudo ya generar cierto prejuicio, lo cual fue un perjuicio a mi valoración, una sesión fotográfica de una chica que pretendía ser glamourosa y que lo único que hacia era entorpecer la visión sosegada y reflexiva de las ideas. Pero entre flash y pose, lo que allí percibí fue lo mismo de siempre y con medios más rudimentarios, una decoración para la gala con enormes sofás para transportarte al comedor de una casa cualquiera, con unos cuadritos diminutos, eclecticismo entre collage y fotomontaje, de escenas o personajes de obras de Goya incluidos en el paisaje urbano zaragozano de la época recordada con nostalgia. Siendo muy original la idea al incluir al genio de Fuendetodos –una composición labrada por los artistas ocupas berlineses que aportan, además, carices más críticos- se quedó en chabacano y dando la apariencia de apuntarse al barco de otras conmemoraciones institucionales.
Tres pantallas planas con auriculares nos muestran en video las tres partes principales que consta la exposición: Arqueología, siendo la definición del grupo; Deconstruyendo, presentando esa transformación de ciertas fachadas que las vuelven insípidas e insulsas y, por último, Reinventando, donde el Justicia de Aragón se convierte en un muñeco con una balanza o la Basílica de El Pilar se construye con material y formas coetáneas a los 70, con torres cilíndricas, todo ello visto virtualmente bajo el caledoscopio de todas las perspectivas posibles, diseñadas por Harold Simons, y que lo más interesante es que se inventan nuevas formas, se rompen ciertos cánones y edificios simbólicos para cambiar la ciudad donde vivimos con más Arte Urbano
–informatizado, no real- y potenciando la recuperación del Patrimonio arquitectónico y cultural, que ya nos hace falta.