En el Palacio de Sástago, con fecha 20 de agosto, se inaugura el XXI Premio Santa Isabel de Aragón Reina de Portugal. El gran premio corresponde a la obra realizada por Susana Ballesteros y Jano Montañés titulada Geno-roots. M.P.P.M., Heraldo de Aragón, 22 de septiembre de 2020, comenta de maravilla las singularidades de la obra basada en las imágenes de las unidades de Cultivo Celular, Microscopia y Anatomía patológica del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud, que ha colaborado con los creadores. El punto de partida es un hígado aislado del cuerpo que, mantenido in vitro, se reproduce exponencialmente. También indica que el jurado destaca "la unión del arte, la tecnología y la ciencia, donde el estudio que relaciona la biología con la plástica genera un interesante planteamiento de interés científico y sociológico a través del arte contemporáneo". El premio, sin duda, es muy merecido. A destacar los tres planos verticales a la base con colores diferentes armonizados de maravilla.
El accésit corresponde a Víctor Solanas Díaz por Beween categories. Artista muy conocido que presenta ocho rectángulos verticales la base, mediante abstracciones de vivos colores con dispares espacios de sutiles movimientos que potencian la imaginación.
Veamos las obras seleccionadas. Alba Lorente, con Acies IV, presenta una abstracción cuadrangular, con cuadrado dentro de la obra en blanco, al servicio del misterio. Alberto Gil, con 1 2012004 820, basa su obra en una instalación con dos cuadrados dentro de un formato cuadrado. Demasiado sencilla. Alberto Ibáñez, con Mediterráneo, usa la técnica mixta sobre madera. Se parte de una base rematada por una bella abstracción geométrica, hecha con varios cuerpos, capaz de inundar el espacio circundante. Todo en el ámbito de una impecable trayectoria artística. Alejandro Atarés, con Jardín verde fosforito, se inclina por impactantes colores al servicio de una vegetación tropical. Ana Cristina Pelandreu, con Sin ornamento no hay delito, presenta una intachable abstracción geométrica que oculta una habitación iluminada por la luz que entra a través de una ventana. Como desconocemos su edad vemos su trayectoria con gran futuro. Andrés Jarabo, con Blackwork, participa mediante un bordado sobre algodón al que incorpora dos rostros. Tiene encanto. Y está muy bien resuelta. Bertran Grave, con The Protcocol, lleva un conjunto de formas geométricas y la incorporación de un rostro y varias manos. Una mano lleva un móvil como símbolo de comunicación. El rostro lleva una mascarilla como alusión al Corona virus. El pintor Borja Cortés, con Cuatro estadios, presenta una abstracción con muy gruesas texturas al servicio de un matiz destructivo. Cecila de Val, con Thinkfor your sef, presenta una sencilla instalación con formas móviles al servicio de una indiscutible delicadeza. David Cantarero, con Relámpagos, se basa en dos planos rectangulares paralelos. En uno una especie de puerta, en otro un rayo se refleja sobre un texto. Eduardo Lozano, con Paisaje elemental, presenta un lienzo y el correspondiente paisaje que resuelve con suma eficacia. Basta ver el estupendo juego de luces y sombras junto con la generalizada fuerza. Elba Häyel, con Horst. La forma ígnea, participa mediante una fascinante e imaginativa fotografía merecedora de cualquier premio. Con base rectangular dividida en dos rectángulos, el desnudo femenino de perfil se divide a través de color. Arriba el costado en color, abajo pierna, brazo y rostro. Un estupendo gozo. Emma Gómara, con El silencio de los buenos, presenta un acrílico con el título de la obra como fondo y muy dispares figuras. Jorge Fuembuena, con Planctum, lleva dos cuadrados con hojas y sus correspondientes ramas. Jorge Isla, con Le reflet, participa con una excelente abstracción geométrica inundada de sugerencias. Abstracción mediante rectángulos y cuadrados en cuyo interior añade múltiples formas expresionistas al servicio de un ámbito abarrotado de azar. Racionalidad y pasión. Otro artista merecedor de un premio. José Garrido, con El vedado, tiene una fotografía con un paisaje mediante árboles como eje temático. José Moñú, con Warhol, presenta un lienzo dividido en cuatro planos y sus características figuras expresionistas de vivos colores. Así lleva desde hace años. Juan Madrigueras, con Impío, presenta un acrílico con ave, mazorcas y otras formas. Obra muy recargada con nula creatividad. Laia Argüelles, con Dar, recibir, devolver, presenta una obra sobre papel con un rectángulo y seis rectángulos. Obra con escasa imaginación creativa. Liduvina Rojo, con Botánica XXIV, tiene una fotografía muy bella, intachable de color, al servicio de la abundante vegetación con dos espacios acristalados. Lorena Domingo, con ¡Ójala viváis tiempos interesantes!, Presenta su rostro de siempre visto en exposiciones, muy bien de color, que rodea de geometría y toques expresivos. Una pregunta: qué relación tiene el título con la obra. Conclusión: ninguna. Louisa Holecz, con Soon this space, lleva un lienzo al servicio de un intrigante paisaje mediante árboles y ramas en rojos y negros que recorta sobre el cielo azul. Muy buena obra. Pintora que nunca falla. José Ramón Magallón Sicilia, Autorretrato en rojo, participa con un lienzo abstracto geométrico de vivos colores, sobre todo rojo, dentro de su personal línea. Racionalidad al servicio del arte. Pintor, fiel a sí mismo, de gran nivel artístico. Mario Campos, con Lejía Conejo, presenta un acrílico con un recipiente en el que pone Lejía Conejo. Obra muy poco afortunada por ausencia creativa. Marta L. Lázaro, con Lacompresadelmariconchi, tiene un vídeo tan poco afortunado como su título. Natalia Escudero, con Debate. Marzo de 2020, presenta una alfombra con tres patas de silla verticales y otra osada sobre dicha alfombra. Obra que vemos tan poco afortunada, con tan escasa creatividad, que nos resulta incomprensible su presencia en el Premio. A todo esto. Ante qué debate estamos. Nereida Jiménez, Blue unique, presenta un intachable juego geométrico sobre numerosos cuadrados. Hasta aquí impecable. Un rectángulo rojo en el costado anula el indiscutible ámbito creativo. Pilar Álvarez, con Lost, tiene un lienzo con la cabeza de un perro recortada sobre una abstracción nubosa. Lo cotidiano sin dosis artísticas. Prado R. Bielsa, con Cartografía de luz, presenta una muy sugestiva instalación. Sobre un rectángulo, con colores más o menos pálidos, incorpora una instalación de potentes colores, rojos y negro, singularizada por la variedad formal y el toque misterioso. Con esta línea y las variaciones que sean tiene un camino excepcional. Su obra, con otras sugeridas, es de lo mejor. Rafael Aranda, con El surco; una estrella en el vacío, tiene una fotografía basada en un primer plano con tierra rota por una franja blanca. Obra demasiado sencilla. Sara Biassu, con Dulce realidad, participa con una instalación. Rectángulo en grises, sobre el que se recorta otro con dos niños y una niña con narices de payaso. Una bolsa situada a la derecha está llena de narices rojas. Obra muy mediocre. Originalidad forzada. Silvia Castell, con Terra ignota, tiene un acrílico con hojas alargadas en colores verdes recortadas sobre el cielo nuboso. Lienzo demasiado sencillo. Soledad de Val, con Es absurda esta muerte que mata por amar, participa con una fotografía muy bien de color pero recargada por los árboles y la alfombra. Estamos ante una habitación con figura masculina que mira a una femenina tumbada sobre una cama. Lo mejor, sin duda, es que se capta el rostro en un espejo. Susana Sancho, con La buena vida (evocación), presenta un lienzo rectangular dividido en dos planos. En primer lugar una abstracción en color con bandas geométricas verticales a la base. En la parte superior cuatro planos en blanco y negro con edificios. Todo muy normal. Desconocemos la relación entre título y obra. Sylvia Pennigs, con Senderos del bosque, participa mediante un lienzo en el que se capta una potente vegetación y varios árboles. Todo en blanco y negro. Buen cuadro con dosis misteriosas y una especie de latente peligro. Y, para finalizar, Vicky Méndiz, con Cristalización sensible, presenta una fotografía mediante un rectángulo dividido en dos planos. A la izquierda una figura femenina con las manos medio juntas y a la derecha un óvalo con ¿ropa? Desconocemos el vínculo entre título y lo representado.
Una especie de conclusión. En principio cabe recordar que no se ha publicado catálogo, con la radical dificultad para ejercer la crítica, de ahí que nuestro texto sea una incesante continuidad. A lo largo de las diferentes opiniones queda claro que hay varias obras impresentables, que no pasan ni la criba del mayor ignorante en materia artística. Ni conocemos el jurado ni lo hemos intentado averiguar. Al parecer ha predominado el todo vale, aunque quizá sea para llenar el espacio. Da igual. En la próxima edición ocurrirá lo mismo.