El desarrollo de la nueva tecnología de composición y prensa en las últimas décadas del siglo XIX, permitió que una nueva generación de diseñadores surgiera en el siglo XX rechazando el gusto por los estilos históricos, dando como resultado un nuevo arte. El modernismo, el cual incluía ideas procedentes de todas las disciplinas del diseño y el arte, acelerando la creación del diseño gráfico no sólo como un medio de comunicación de nuevas ideas, sino también para su expresión. Recordemos por un momento algunos de los grandes artistas que llevaron la iniciativa de la renovación gráfica en nuestra comunidad autónoma: Bayo Marín, Martín Durbán, Ramón Acín, Sanz Lafita, Guillermo Pérez Bailo o Alberto Duce entre otros.
El Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, galardonada con el Premio al mejor espacio expositivo sobre arte contemporáneo por esta asociación, ha tenido a bien organizar una exposición a uno de los ilustradores españoles más internacionales en el tránsito de los siglos XIX al XX Xavier Gosé Rovira (Alcalá de Henares, Madrid 1876- Lérida, 1915). La labor como ilustrador arranca hacia 1895 en Barcelona, ciudad donde se formó y tomó contacto con las ideas sociales y literarias más progresistas. El hervidero de intelectuales y escritores en aquella época era sin duda alguna la cervecería Els Quatre Gats, lugar donde realizaría su primera exposición individual en 1899. Fue sin duda la que más eco tuvo de todas, a lo largo de los seis años de vida del local; Además de la buena acogida no sólo por parte de la crítica, y del gran éxito popular, llegaría desde el punto de vista comercial, pues de los treinta ocho dibujos expuestos, se vendieron treinta y cuatro. Este primer empujón le abrirá camino para colaborar en diversas revistas en cuyos trabajos estaba plenamente identificado el nuevo modernismo conocido como Art Noveau, lo que le valió ser considerado como uno de los primeros cultivadores de este género en Cataluña.
En 1900, como muchos de sus compañeros de generación, Gosé se trasladará a París, epicentro creativo de la Europa del momento. En este entorno parisino, Gosé, entabló amistad con los artistas griegos Dragoumis y Galanis, que colaboraban en las mismas revistas que él, los hermanos Adossides, el francés Jacques Wely, el ilustrador inglés Arthur Michael, los escultores finlandeses Wickstroem y Jalonen y el ilustrador Charles Follot. Este sin embargo será el eje de esta exposición, el elegante y bullicioso París de la Belleépoque, al que Gosé,triunfó muy pronto se vería reflejado tanto en los asuntos folclóricos denominados “españoladas”, a destacar la témpera “Gitanilla”, pero también tan pictóricas como los pasteles de “Valenciana”, así como los prostíbulos y cabarets de las zonas más oscuras de París. Su obra, valorada plenamente como la de un cronista de la modernidad propia no sólo de un momento determinado, sino también del ambiente artístico, que daba una forma singular de captar la realidad.
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Y es que Gosé no se puede definir como un caricaturista, pues como apunta Eliseu Trenc “no realizaba un arte de deformación, sino un arte de estilización y de síntesis de los personajes y de la realidad observada”. Las estampas japonesas, con su contraste fuerte entre el blanco y el negro, “asimilando muy rápidamente la composición en diagonal que ya había adoptado Degas y los impresionistas y que permite dinamismo y variedad en la obra” configurando las bases del inequívoco estilo Gosé, por el que cruzan en ocasiones las obras de Anglada Camarasa, Klimt o el cubismo sintético de Juan Gris. En nuestro país, y más concretamente en Cataluña, el arte de Gosé, estaba considerado como extranjero, escribía el crítico Folch i Torres “Gosé no es de los que podemos considerar nuestro, la ligereza elegantísima de su arte es el reflejo externo de las sociedades en las que vive, y si es por cierto una gloria para nosotros que un compatricio nuestro granjee gloria en los países más exigentes y entre los mejores artistas, las bellas obras que Gosé expone no son gloria de nuestro arte, como pueden serlo la de Clará. El arte de Gosé es, pues, un arte totalmente exterior”. Una tuberculosis y el inicio de la Gran Guerra, le hicieron volver a Lérida, donde moriría en 1915. Entre las glosas aparecidas en diarios y revistas a causa de su muerte, destacaremos la publicada por el crítico Eugenio dÓrs: “Xavier Gosé fue, dentro de la locura de su búsqueda, lúcido honrado, maravilloso. Ya lo dijimos un día, a raíz de su muerte: una parte importante del arte contemporáneo viene de él y de su imaginación. Tal vez ha venido de una parte de la moda. La influencia de este dibujante catalán en las artes del mundo, únicamente el historiador futuro y ricamente documentado sabrá averiguarla totalmente”.
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El medio centenar de obras procedentes en su totalidad del Museo de Arte Jaume Morera, han servido para dar a conocer al gran público la personalidad de este creador gráfico, recuperado críticamente por su comisario, el director del mismo museo, Jesús Navarro Guitart, pero todavía poco conocido, quizás algunos de los motivos por los que esto ocurre, sean por haber desarrollado la mayor parte de su trayectoria en Francia, país no sólo alejado geográficamente, sino muy distante culturalmente hablando, su temprana muerte, acaecida a la edad de treinta y ocho años, lo que nos ha privado de una de las más grandes y brillantes trayectorias creativas de la ilustración española. El marco teórico y crítico en el que se ha movido la historiografía de nuestro país, hasta hace no muchos años. El artista dibujante o ilustrador, quedaba relegado a las valoraciones propias de las artes plásticas, contaminado por la autentica creación artística, reservada exclusivamente a las Bellas Artes. No obstante, la recuperación del personaje, se ha ido incrementando a lo largo de los últimos años, a través de sendas exposiciones. De entre todas destacaremos dos, 1985 y 1999, la primera, organizada por la Fundación LaCaixa, a partir de los propios fondos del museo, con una itinerancia de su obra por Cataluña y Valencia, la segunda se realizó en Madrid, en la Fundación Cultural Mafre Vida, no sólo se volvía a vez obra del autor, desde el año 1909, sino que contaba por primera vez con fondos del museo leridano y los existentes en el Museo Nacional de Arte de Cataluña y con la participación de importantes obras de coleccionistas privados.
La exposición es en sí, un regalo para la vista, “preciosa” literalmente; Un placer sobre todo para el sentido de la vista, donde el visitante dará buena cuenta de un documento social irrepetible.
Xavier Gosé y el París elegante
Paraninfo de la Universidad de Zaragoza
30/03-17/06/2012




