Wes Anderson es uno de los directores del panorama cinematográfico actual con un estilo más definido y reconocible, como demuestran cintas tan celebradas como Moonrise Kingdom (2012) o El Gran Hotel Budapest (2014). Planos simétricos, apariencia vintage, paletas de color pastel, obsesión por el detalle… son en su obra mucho más que decisiones estéticas. Como él mismo proclamó: “Sometimes the movie knows you better than you know yourself, and you reveal your point of view about the world without ever even intending to”.[1] Por ello, no debe sorprender que esta figura, todavía en activo, haya sido honrada con su primera exposición retrospectiva, homenaje a 30 años de trabajo y construcción de un universo propio.
Con una primera parada en la Cinémathèque française de París entre marzo y julio de 2025, esta exposición actualmente tiene su sede en el Design Museum de Londres, donde se ha ampliado su contenido,[2] alcanzando un éxito tal, que se ha alargado su duración. Ambas instituciones han actuado como impulsoras con la colaboración estrecha del propio director y de su productora de cine independiente, American Empirical Pictures, componiendo un equipo de organización múltiple proveniente de distintos centros y ámbitos. No obstante, las comisarias stricto sensu de la exposición en esta segunda sede, Lucia Savi y Johanna Agerman Ross, pertenecen al equipo del museo inglés.
Por medio de un recorrido claro y cronológico en su mayor parte, la muestra dedica cada sala a una película, invitando al visitante a transitar de manera orgánica todos y cada uno los espacios, desde sus primeras producciones —como Bottle Rocket (1994), el corto que le abrió las puertas de Hollywood tras su presentación en el festival de Sundance— hasta culminar con sus últimos estrenos —La trama fenicia (2025)—, pasando por sus cortometrajes, como aquellos realizados en 2023 para Netflix o el diez años anterior Castello Cavalcanti, financiado por Prada. De esta manera, la muestra no solo es ejemplar por su meticulosidad, al prestar atención a todas y cada una de las obras del director sin importar su formato o relevancia, sino que hace testigo al público de la evolución autoral de Anderson. La exposición evidencia esa búsqueda de identidad inseparable de la figura del artista y el progresivo proceso de construcción y perfeccionamiento de su estilo que, en esta figura concreta, ha alcanzado su máxima expresión y radicalidad, algo que le ha valido numerosas críticas en sus últimos estrenos.
Las salas están pintadas en distintas tonalidades de rojo, en las que se incorporan vanos o se dejan paredes abiertas que permiten comunicar arquitectónica y visualmente los espacios para, como explica su diseñador Ab Rogers, mostrar cómo las películas se relacionan e influencian entre sí.[3] Funcionando literalmente como un telón de fondo rojo, ante estos muros se exponen más de 700 objetos originales cuidadosamente seleccionados junto al director, que llaman la atención por su diversa naturaleza: storyboards, pinturas y bocetos, cuadernos de anotaciones, fotografías Polaroids, vestuario, props —ceniceros, notas de papel manuscritas por los personajes, libros y revistas, cubertería, etc.—, sets y utilería varia manufacturada y diseñada ex profeso para la construcción de los ambientes de sus filmes (el ejemplo más claro y espectacular es la maqueta del emblemático Gran Hotel Budapest, una de las piezas más fotografiadas de la selección). El interés de toda esta colección va más allá de su valor documental o testimonial como memorabilia, ya que es la primera vez que muchos de estos objetos son mostrados al público.
De hecho, uno de los principales focos de interés para el visitante son las marionetas stop-motion de las películas de animación del director (Fantástico Sr. Fox, 2009; e Isla de Perros, 2018), que ocupan una de las salas centrales y más grandes del recorrido, combinando los materiales de ambas cintas y funcionando, por tanto, como foco nodal y punto de ruptura con ese discurso cronológico antes mencionado. La cuidada selección de piezas de diversa índole y tamaño —especialmente espectacular es la dentadura de perro de gran escala usada para un único plano detalle de Isla de Perros— sirve también para explicar de manera clara el complejo proceso de realización de este tipo de animación.
Todos estos artefactos se apoyan en cada sala, a su vez, de pantallas que proyectan fragmentos de la película correspondiente, vídeos de promoción, videoclips, etc.;[4] a la par que una música ambiental extraída de las propias bandas sonoras del director acompaña al visitante en su tránsito, introduciéndolo también a través de la sensorialidad auditiva en el universo wesandersoniano.
A pesar de que la exposición no cuenta con cartelas o textos explicativos excesivamente profusos en contenido, desde la página web del museo se pone al servicio del visitante una guía con todos los objetos expuestos desglosados; de la misma manera que se ofrece gratuitamente una suerte de audioguía a través de códigos QR que, pese a centrarse solo en una selección minoritaria de obras, es especialmente interesante porque los comentarios guiados son llevados a cabo por figuras involucradas en la producción y realización de estos filmes; por ejemplo, Andy Gent se centra en el trabajo con las marionetas, Randall Poster comenta su labor como supervisor musical, Erica Dorn habla sobre diseño gráfico o el propio Anderson explica el proceso de búsqueda de localizaciones.
Y es que, si bien el propio título de la exposición centra la mirada en Wes Anderson, las piezas más impresionantes de la exhibición y, en suma, las que ayudan a componer su universo estético en la gran pantalla, son fruto del trabajo de figuras como diseñadores gráficos y de producción, directores de arte o directores de fotografía. Esto hace la exposición especialmente pertinente —más aún en este contexto actual de preeminencia de lo digital y auge del AI slop, con el que la estética de Anderson se ha visto especialmente perjudicada, al usar su estilo como inspiración para generar imágenes huecas y carentes de contenido o de un verdadero entendimiento del autor—, ya que funciona como una oda al trabajo manual, a los distintos oficios del cine, al cuidado y la atención al detalle y a la meticulosidad; características de la obra del director que se plasman desde los estadios iniciales de su gestación y en todos los objetos que la componen y que aquí son puestos al servicio y disfrute del visitante.
En definitiva, estos “archivos” de Wes Anderson componen una suerte de cámara de las maravillas repleta de objetos y detalles que, casi imitando esa atmósfera fetichista, maximalista y cuasi asfixiante de sus películas, no convencerá a los detractores del director, pero hará las delicias de todos aquellos que son seguidores acérrimos.
[1] AGERMAN ROSS, Johanna, ORLÉAN, Matthieu y SAVI, Lucia (2025), Wes Anderson: The Archives Exhibition Catalogue, Londres: Design Museum Publishing.
[2] SPORN, Stephanie, “Wes Anderson Enters His Fine-Art Era”, The Hollywood Reporter, 2026 https://www.hollywoodreporter.com/lifestyle/arts/wes-anderson-fine-art-exhibits-1236461269/ (fecha de consulta: 18-VI-2026).
[3] EBERHARDT, Ellen, “Design Museum displays never-before seen Wes Anderson film props”, Dezeen, 2025, https://www.dezeen.com/2025/11/20/design-museum-wes-anderson-the-archives-exhibition/ (fecha de consulta: 20-VI-2026).
[4] Es más, la muestra cierra con una sala de visionado donde se proyectan íntegros una gran parte de los cortometrajes del director.