Durante la gran depresión norteamericana de los años 30 la Resettlement Administration, posteriormente Farm Security Administration (FSA), documentó la terrible situación de las familias del campo que, especialmente en el oeste del país, tenían que emigrar a las ciudades industrializadas dada la situación de sequía en las zonas rurales. Roy Striker, director del proyecto, decidió dar libertad creativa a los fotógrafos para documentar no solo la situación económica, sino también familiar y social de estas comunidades desde un ejercicio personal. Este es un momento clave en la evolución del lenguaje de la fotografía documental. Entre aquellos fotógrafos estaban algunos de los que convirtieron aquellos días de oscuridad en iconos que iluminan la historia del siglo XX como Walker Evans, Dorotea Lange, Arthur Rothstein o Marion Post Wolcott. Gervasio Sánchez ha logrado la misma hazaña con la segunda mitad del siglo XX. Queda demostrado en las exposiciones que podemos ver en el IAACC Pablo Serrano y en el Caixa Forum de Zaragoza.
A partir de los años 50 del siglo XX la fotografía documental comenzó a centrarse en las cuestiones interiores, psicológicas o emocionales con un punto de vista crítico. Es decir, se comenzaron a tratar los temas no desde sus causas, sino a través de sus consecuencias a varios niveles, sobre todo humanos. Así, la fotografía se desvincula definitivamente de su obligación de copiar la realidad y se independiza. La fotografía emerge como forma de arte y expresión individual. Entre los dos extremos entre los que se mueve el ejercicio fotográfico (el de la reproducción y el de la creación) se sitúa la fotografía de Gervasio Sánchez: una fotografía documental y humanista que analiza la realidad adentrándose en ella, investigando sus causas, atendiendo a las cuestiones sociales con una voz personal, valiente, que nos grita desde el papel impreso de las paredes del museo. Es lo que Borges Vaz Dos Reis define como una “fotografía comprometida con forma de arte y función de documento”[1].
La exposición del IAACC es una antológica de sus 25 últimos años de trabajo y un cruel espejo en el que el hombre blanco occidental debe mirarse. Gervasio, como fotoperiodista documental, busca pronunciarse sobre una realidad deshumanizada, profundizando en los problemas del mundo que después nos presenta en un ejercicio de grito calmado, de reivindicación humana y defensa de la profesión del fotógrafo de conflictos, todo a la vez y sin tambalearse. Esta muestra nos presenta los gritos silenciosos de las voces que solo las imágenes más potentes pueden transmitir. Y abre para nosotros un potente haz de luz que emerge de las entrañas más oscuras del ser humano. La muestra en el Caixa Forum es un recorrido esperanzador en el que el color pone voz al silencio abierto en los 30 años de conflictos armados que sufrió Camboya y nos enseña la luz que se abre paso a través de la oscuridad que dejaron la guerra y la desolación.
[1] Etelvina Teresa Borges Vaz Dos Reis, en La fotografía documental contemporánea en Brasil (cap 3, sin numerar)


