Vistas de Zaragoza

Imprescindible. Más que probable es que todos hayamos reflexionado en alguna ocasión sobre cómo ha evolucionado la perspectiva que los artistas vinculados a Zaragoza tienen sobre la ciudad, pero faltaba materializar esa reflexión en una exposición que nos permitiese constatar, o no, nuestras elucubraciones.

El Centro de Historia de Zaragoza nos ha ofrecido por fin la oportunidad, bajo el comisariado de Jesús Pedro Lorente, de recrearnos en nuestra propia ciudad a través de los ojos de más de un centenar de artistas. La exposición se completa con la edición del  libro “Zaragoza vista por los artistas, 1808-2008”, que si bien no es el catálogo de la muestra, completa la misma con ocho capítulos aconsejados para su visión global.

Muy bien articulada, la temporal utiliza la cronología como hilo conductor, al tiempo que los inevitables cambios de interés por mostrar otra Zaragoza (diferente a la que durante siglos y hasta el hito pictórico que supone el bellísimo lienzo de Marín Bagüés “Los placeres del Ebro”) van dando cuerpo tangencialmente al discurso temático. La tan manida imagen del Ebro con la Basílica del Pilar al fondo deja lugar a otros puntos de vista, reflejo de las diferentes preocupaciones que los pintores manifiestan a partir sobre todo, del  Concurso de Pintura Rápida de 1966 (ganado por P. Moré y M. Monterde). La edición de ese año supone un nuevo hito iconográfico, ya que la margen izquierda del río, inundada de sotos y modestos edificios se convierte en una panorámica recurrente a partir de este momento.

Desde entonces los argumentos se multiplican, y con ello, las motivaciones de los artistas, que no se limitan a plasmar Zaragoza a modo de vedutta veneciana. Su mirada crítica se asoma ahora hacia la expansión urbana (Pepe Cerdá, Ignacio Fortún, J. Sus, E. Laborda, I. Lázaro), desde los nuevos puentes (Eduardo Salavera, L. Barril), desde plazas y jardines (Iñaki, J. González Mas, L. Esteban Ramón, R. Lamenca, A. Aransay,  J. Gómez Mena, A. Cásedas), desde la Zaragoza más popular (V. Villarocha, D. Marino, J.L. Lasala, R. Santamaría, A. Ruste), o desde su aspecto más puramente urbano (J. Zurita, E. Lozano, F. Martín Godoy, S. Sancho).

Imposible citar a todos ellos, muestra de que la ciudad de Zaragoza interesa (eso, y el elevado número de público que había en la exposición los días de mi visita), lo cierto es que, y con ello ratifico mis ya largas en el tiempo reflexiones sobre el tema, nuestra ciudad nos tiene de alguna manera enganchados. Implacables en nuestras constantes críticas hacia ella, siempre bella en sus apariciones artísticas, Zaragoza nos mantiene expectantes ante la eterna promesa romántica de que pronto algo va a cambiar. Mientras tanto, sitiada por los artistas que la contemplan desde sus estudios, desde sus paseos, desde sus visitas puntuales, la ciudad sigue brotando altiva, al menos desde el lienzo.