Visiones saharauis

Hasta el 1 de mayo permanecerá abierta esta exposición en la céntrica sala zaragozana, con una de las últimas series (materializada, aproximadamente, entre marzo y octubre de 2016)  del fotorreportero Gervasio Sánchez, ubicada en Bojador, uno de los campos de refugiados de la nación saharaui. La muestra ha sido organizada por el Ayuntamiento de Zaragoza y el Observatorio Aragonés para el Sáhara Occidental. Coincide con otra exposición del autor, titulada Vida. Gervasio Sánchez, comisariada por Gerardo Mosquera, en la que se recogen un total de setenta imágenes -algunas de ellas inéditas- sobre distintos conflictos. Fue inaugurada el pasado 7 de marzo y estará abierta hasta el 20 de mayo en la sala de exposiciones de la Diputación Provincial de Huesca.

Llama la atención el formato expositivo de este tipo de temáticas adscritas al fotoperiodismo, cuya salida natural parece la prensa escrita, aunque es cierto que el autor se ha prodigado a lo largo de su trayectoria en diferentes muestras de diversos centros museísticos y galerías, como fue el caso de su proyecto Desaparecidos, que se presentó simultáneamente, en 2011, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC) de León, y la Casa Encendida de Madrid. En tales espacios, como el propio fotógrafo ha comentado en alguna ocasión, se siente a veces con más libertad para mostrar su trabajo que en los medios de prensa: “los medios tienen vetados determinados espacios a determinados temas. Por ejemplo, los dominicales apenas dedican espacio a este tipo de asuntos porque las marcas de publicidad que en ellos se anuncian imponen una serie de normas de estilo. (…) No les interesa aparecer al lado de historias duras, de historias sobre el dolor, sobre gente desaparecida, sobre mujeres violadas… Y cuando se incluyen, se hace de una forma muy vaga y difusa. Se buscan formas estéticas de representar la violencia o el dolor y muy pocas veces van al grano”. (DÍAZ-GUARDIOLA, Javier, 2011: 327).

Sánchez, como es conocido, es una de las figuras actuales españolas más importantes -si no la más- en la arriesgada actividad de la fotografía en contextos de guerra o de enfrentamiento armado, de tal manera que desde los años ochenta ha cubierto numerosos conflictos en América latina, pasando, ya en los noventa, a la (primera) Guerra del Golfo, la guerra de Yugoslavia, la realidad de los “niños-soldado” en Sierra Leona, la guerra en Afganistán, etc.

Colaborador gráfico de distintos medios de prensa (Heraldo de AragónLa Vanguardia, Tiempo) o de la radio (Cadena Ser), sus trabajos constituyen testimonios únicos de una realidad que, desde nuestro confort occidental, se piensa como muy lejana y ajena a nuestra civilizada normalidad, aunque esta concepción saltara literalmente por los aires con el conflicto yugoslavo, en pleno corazón de Europa a principios de la década de los noventa del pasado siglo.

La muestra se organiza en función de cuatro secciones: “Resistir desde hace cuarenta años”, que nos emplaza sobre las consecuencias en la actualidad de la problemática política y social heredada (y enquistada) desde que, en 1976, la antigua provincia del Sáhara español fuera desocupada por España y, casi inmediatamente después, invadida por Marruecos y Mauritania. Así, diferentes protagonistas, niños y mayores, personas reales (si algo caracteriza el reportaje es la presencia del elemento humano), en el interior de jaimas o de modestas viviendas de adobe, siendo atendidas con medios precarios en improvisados centros de salud (muchos de ellos instalados gracias a la colaboración ofrecida por algunas ONGs), etc. Gentes que son mostradas en estrecha conexión con el espacio físico, habitado, caracterizado por unas condiciones de habitabilidad no idóneas precisamente. No obstante, también encontramos escenas donde parece incidirse en cierta normalidad, como si la realidad de estas poblaciones no se situase en la excepcionalidad y discurriera a la par del resto del mundo desarrollado, por ejemplo, en la acción de dos mujeres (madre e hija) sonrientes mirando un móvil, o en otras protagonizadas por niños con sus bicicletas.

En otra sección, “Desaparecidos en el Sáhara”, quizás la más claramente denunciatoria, hallamos hombres y mujeres mirando directamente a cámara en interiores con fondos de telas brillantes y de exultantes colores, que contrastan con la dureza cotidiana, mostrando fotos de sus familiares desaparecidos sobre todo en la primera época (después de 1975), en que el pueblo saharaui parece que podía aspirar a su verdadera independencia. Madres, y padres, esposas e hijos, de hombres que fueron detenidos por la policía marroquí, y de los que ya nunca se supo.

En la tercera sección, “Mutilados en el Sáhara”, se hacen palpables las consecuencias físicas de los años de conflicto: personas mutiladas a causa de haber pisado minas o de haber sido alcanzadas por proyectiles. Estas imágenes tienen relación directa con un celebrado y premiado proyecto anterior, Vida minadas, que comenzó en 1995 y culminó en 1997 con un libro y una exposición. Este trabajo, que presentaba fotografías de los territorios del planeta en que más minas antipersonas existen, denunciaba sin ambages una tremenda realidad que se ceba con los más inocentes, la población civil, en los países en conflicto.

Por último, “En el vientre de las dunas”, se centra especialmente en la infancia, con niños (y también jóvenes) que presentan algún tipo de deficiencia física o mental derivada de la ocupación. Intentan afrontar la vida con la casi certeza de que difícilmente saldrán de ese campamento en medio del desierto, con los medios precarios que antes hemos mencionado, pero convencidos de que seguir adelante significa una especie de victoria.

La exposición se complementa con el audiovisual “Cinco historias entre Sáhara y Zaragoza”, en el que se narra la experiencia de cinco familias aragonesas que acogen temporalmente en sus casas (sobre todo durante el verano) a niños saharauis. Lo que nos da idea de la profunda preocupación y concienciación que hay en nuestra Comunidad sobre la situación de penuria que sufren estas poblaciones, provocada por el continuo hostigamiento de las autoridades marroquíes, pero también, indirectamente, por el desamparo y la falta de reconocimiento por parte de las instituciones occidentales que hacen caso omiso a pesar de las constantes denuncias de abusos.