En el ecosistema contemporáneo de vigilancia, la palabra “control” ya no remite, al menos de forma privilegiada, a la imagen clásica que todos conocemos del policía, del expediente carcelario o la cámara situada en una esquina en cualquier calle Londinense. El control se ha desplazado hacia un régimen más íntimo, más ligero y por eso mismo, más eficaz, un poder que ya no necesita imponerse desde fuera porque se integra en la conducta cotidiana, en el deseo de rendimiento, en el impulso de mostrarse y en la búsqueda de reconocimiento, sobre todo en los últimos años con el uso del smartphone (Trujillo & Lozano, 2022, p. 79). La gran aportación del filósofo Byung-Chul Han a este diagnóstico, difundida en un conjunto de libros breves, punzantes y sobre todo directos al grano, consiste en describir la transición desde una disciplina visible hacia un gobierno “psíquico” y comunicacional, la dominación se hace amable, seductora, “smart”. Y precisamente por ello se vuelve más difícil de resistir. En esta revisión bibliográfica que hemos realizado, proponemos un recorrido sintético y a la vez crítico por uno de sus libros más influyentes para la sociedad de control y vigilancia que estamos “sufriendo” en los últimos años como lo es Psicopolítica (edición española en Herder; obra original en alemán de 2014).
En Psicopolítica, que Byung-Chul Han publica en el año 2021 con la editorial Heder, propone una de sus tesis más influyentes sobre las formas contemporáneas de poder, el tránsito desde modelos de control disciplinario visibles hacia mecanismos de gobierno que operan sobre la psique, el deseo y la autoimagen del sujeto. Frente a las figuras clásicas de la vigilancia, la institución cerrada, la autoridad coercitiva, el mandato externo, el autor describe un régimen más eficaz precisamente porque se presenta como libertad. El neoliberalismo, sostiene, no reprime la libertad, sino que la explota. El libro desarrolla la idea de que el poder actual ya no necesita imponerse principalmente mediante prohibiciones, sino a través de incentivos, métricas, promesas de visibilidad y dinámicas de autooptimización. El individuo se concibe aquí como proyecto, como empresa de sí mismo, que se autogestiona, que se autocensura y en ese desplazamiento interioriza la exigencia de rendimiento. El resultado es una forma de control que reduce la fricción política, el fracaso se vive como responsabilidad personal y no como efecto de estructura. La crítica se psicologiza. Uno de los conceptos más sugerentes del libro es el de “panóptico digital”. A diferencia del modelo clásico, basado en la vigilancia vertical, aquí el dispositivo funciona gracias a la participación activa y constante de los vigilados (ser y sentirse vigilado) como el principio del panóptico, por lo tanto, el panóptico ya no es solo una torre de control como describiría Jeremy Bentham (Bentham,1995, p. 35), es un ecosistema. Son los propios sujetos quienes entregan datos, preferencias, imágenes y patrones de conducta a través de su actividad cotidiana en entornos digitales como por ejemplo las redes sociales. La vigilancia deja de ser una excepción tecnológica para convertirse en forma cultural de interacción. Byung-Chul Han vincula este proceso con el big data y las técnicas de predicción conductual, que no sólo registran acciones, sino que intentan anticiparlas y orientarlas. El control, en este marco, no es únicamente observación, es modulación de la conducta. De ahí el término psicopolítica, una tecnología de poder que actúa sobre la motivación, la emoción y la atención. El estilo del libro es breve, aforístico y provocador, más cercano al ensayo filosófico que a un estudio estrictamente empírico. Esa condensación conceptual es a la vez su fortaleza y su límite, ilumina con nitidez patrones culturales reconocibles, aunque a veces simplifique procesos complejos. Con todo, el libro Psicopolítica ofrece una herramienta crítica especialmente útil para pensar la autoexplotación, la cultura del rendimiento y la economía de los datos como dimensiones inseparables del poder contemporáneo.