Videoartistas árabes, militantes de una cultura global

 

Es toda una hazaña, en estos tiempos que corren, que el Centro de Arte y Tecnología “Etopia” haya montado una exposición de producción propia, y además tan internacionalista tanto por los videoartistas representados, procedentes de muchos países árabes, como por su comisaria, Sabrina Amrani, que tiene una importante galería madrileña especializada en artistas de esa parte del mundo con la que ella se siente muy identificada, pues es francesa de origen argelino. Quizá por eso utiliza un título en primera persona: “Entre nosotros”, como incluyéndose en el colectivo del que surge esta propuesta; aunque lo que llama la atención en esta exposición es precisamente el distanciamiento que domina en muchos otros detalles. Para empezar, en el propio título, que luego se complementa de forma más explícita: “Videoarte de Oriente Medio y Norte de África en una Cultura Global”. En contra del uso terminológico correcto en español, según el diccionario de la RAE, que sería Oriente Próximo, para referirse a Turquía, Siria, Líbano, Israel, Jordania, Iraq e Irán y los países de la Península de Arabia, ha optado por la apelación Oriente Medio, que en nuestro idioma estaría reservada para Afganistán, Pakistán, India, Bangladesh y Sri Lanka; aunque cada vez es más habitual usarla en sentido geográfico más amplio, por contaminación del inglés de la CNN. Esto me lleva a la segunda forma de distanciamiento que quería comentar, pues abunda en esta exposición una perspectiva propia de hipermodernos artistas emigrados, que ya no viven en sus países de origen ni testimonian directamente las inquietudes locales, sino a través de fuentes externas, incluidos los reportajes de noticieros internacionales. Ya que la comisaria de la exposición es socióloga, resulta tentador subrayar su distanciamiento incluso en términos socio-urbanos, pues su galería madrileña no está en Lavapiés u otro distrito repoblado de inmigrantes pobres llegados de países árabes, sino en la parte revitalizada de Malasaña, del mismo modo que esta exposición no ha venido a la zaragozana Casa de las Culturas sino a un glamuroso centro de arte y tecnología situado en la Milla Digital (aunque no lejos de la Aljafería o del Rastro, tan relacionados con la cultura árabe). Pero, por último, para no dejar en el aire ciertas suspicacias, quiero señalar también un cuarto tipo de distanciamiento que honra mucho a Sabrina Amrani, pues he podido comprobar en la web de su galería que allí sólo figura una de las artistas seleccionadas para esta exposición: Nicène Kossentini (precisamente el único vídeo que no funcionaba cuando yo visité la muestra).

Ojalá que, gracias a las buenas conexiones internacionales de esta cosmopolita comisaria y galerista, la itinerancia a la que aspira la empresa zaragozana organizadora, Trazacultura, sea todo un éxito en España y fuera de nuestras fronteras a lo largo de 2015 y 2016. Sería un puntazo hacerla culminar por ejemplo en el relumbrante Musée des Civilisations de l’Europe et de la Méditerranée de Marseille; aunque para más provecho de la inversión que nuestro ayuntamiento ha realizado en ella, habría sido deseable la presencia de artistas de países árabes que hubieran recalado en Aragón ya fuera para estudiar, trabajar o vivir. En todo caso, la relación con el entorno podría haber sido mayor, en infinidad de detalles, empezando por los textos y, sobre todo, en la utilización de un estupendo recurso de engarce con el vecindario que tiene Etopia: sus fachadas-media. Parece extraño que sólo uno de los vídeos se proyecte en el exterior, y más raro todavía que hayan escogido una pieza de arte conceptual cuya mejor comprensión depende tanto de los paratextos donde se explica que esta reciente creación de Mounir Fatmi sigue a la polémica que suscitó otro vídeo suyo, titulado Technologia, cuando fue proyectado en un espacio público de Toulouse (ese otro vídeo se presenta en la sala de exposición, pero sin alusión alguna a esas violentas protestas de grupos musulmanes en Francia). Bien hubieran podido mostrar en la fachada exterior otros vídeos y, de haber tenido que optar por uno solo, quizá hubiera merecido la pena escoger el de los confeti voladores grabados por el dúo MentalKlinik, por coherencia con la imagen publicitaria de la exposición en los folletos impresos o a través de internet. Aunque no es ése mi favorito, ni me ha parecido que fuera uno de los más atractivos para el público encontrado en la sala. A mis hijos, y a muchos de los visitantes de la exposición, el vídeo que más les captó su atención fue con diferencia el de Adel Abidin, The Consumption of War, donde se escenifica una lucha de hombres de negocios con fluorescentes parodiando los combates de espadas luminosas en la Guerra de las Galaxias. A mí me impactó sobre todo, por su excelente uso de los recursos emocionales-espaciales, la instalación de Nadia Kaabi-Linke en la que uno se ve literalmente situado entre las inquisitivas preguntas de una boca blanca y una masa de emigrantes de piel oscura salmodiando respuestas negativas. ¡Escalofriante!