En los últimos años, se ha convertido en un ejercicio científico y en un deber responsable para los historiadores del arte la elaboración y definición de biografías de los artistas de los siglos XIX y XX. Recuperar las figuras de los artistas olvidados contribuye, sin duda, a redibujar el panorama artístico español contemporáneo. Honorio García Condoy, es uno de los principales escultores zaragozanos que, junto a Pablo Gargallo y Pablo Serrano, se convirtieron en referentes de la vanguardia artística española.

María José Zahonero, es licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Valencia. Tras un arduo análisis  de las fuentes documentales, ha conseguido completar la biografía del artista en el presente libro publicado por la IFC, Honorio García Condoy (1990-1953). Escultor de la Escuela de París, que es así mismo parte de la tesis doctoral de la autora. El libro ha aportado gran cantidad de datos inéditos-como el tema del auténtico apellido del escultor, que era Condon,  de origen inglés y procedente de un antepasado militar que en un viaje a España se estableció y casó. Años después lo modificaron por el conocido Condoy, que pasó a utilizar toda la familia. Respecto a Honorio, así firmó sus obras, como Condoy, para evitar confusiones con las de su padre y hermano-,  y enmendando algunos errores que se habían afincado en las señas de identidad del artista aragonés.

Los García-Condoy, una saga de artistas. Elías, el patriarca de la familia,  debido a su tarea de profesor en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza, matriculó allí a todos sus hijos varones y fueron varios de ellos los que se decantaron hacia labores artísticas, en concreto dos, Julio y Honorio, aunque hubo un tercero que hizo algunos trabajos, Luis, un artista frustrado, dedicándose finalmente a la labor de delegado o inspector de Hacienda. Julio, obtuvo plaza de pensionado en Roma, entre marzo de 1913 y noviembre de 1914. En 1917, obtiene una tercera medalla, en la Exposición Nacional de Bellas Artes. En 1919, participará en la Exposición Hispano-Francesa, con la obra Ya llega el vencedor. En 1930 fue nombrado conservador en el Museo Naval de Madrid. En líneas generales, tanto padre como hijo se mantuvieron, principalmente dentro de las corrientes estéticas de la época, de la que participaron ambos. 

Condoy soñaba por encima de todo con París pues el ambiente provinciano de Zaragoza, a principios del siglo XX, truncaba sus expectativas de un arte novedoso,  donde las visitas a Madrid y Barcelona aportaban un escaso caudal de aire regenerador, resultando más atrayente la brisa que en estas ciudades promovían los artistas a narrar sus experiencias parisinas. París fue a finales del siglo XIX la capital de las artes, viéndose Roma, progresivamente sustituida, y allí fue donde Condoy viajó, antes de establecerse de forma definitiva, en varias ocasiones aunque siempre regresaba a España por razones económicas. Tanto en escultura como en dibujos mantuvo la figura femenina como centro de su producción, realizando variantes y presentando grupos de personajes. Según va pasando los años, sus esculturas van acentuando los rasgos abstractos, aunque nunca deja la figura humana, ya fuera en su mente, como idea,  en su pieza, con el material, es decir, nunca se desvinculó por completo de la figuración. Aunque con el tiempo introdujo perforaciones redondeadas, huecos o vacíos acentuando y robusteciendo lo macizo, potenciando el volumen, trabajando concavidades y convexidades así como la propia textura del material empleado creando una plástica llena de simplicidad y pureza, aumentando la expresividad en lugares como la cabeza, rostro, vientre o pecho buscando esencializar las formas. 

La Escuela de París. Se estableció en París completó su conocimiento de las vanguardias, formando parte de la tercera generación de la Escuela de París, y le puso en contacto con la estética cubista y la abstracción. Del expresionismo tomó los colores violentos, siendo este movimiento más personal e intuitivo donde primó el irracionalismo, la libertad y la importancia de la línea y el color, a través de tonos fuertes y puros, junto con formas retorcidas donde no importaron ni la luz ni la perspectiva. En este tiempo hizo Condoy amistad tanto con jóvenes artistas españoles afincados en la capital francesa como con artistas españoles ya consagrados: Francisco Bores, Pancho Cossío, Pedro Flores, Joaquín Peinado, Manuel Ángeles Ortiz, Josep de Togores, José María de Ucelay, Apel-les Fenosa, Baltasar Lobo, Ismael de la Serna, Pablo Picasso, Juan Gris, Pablo Gargallo, Julio González, Manolo Hugué, Isidre Nonell y Joaquín Sunyer.

El mural colectivo. Inmerso como estaba Condoy en los contactos entre Checoslovaquia y los artistas españoles,  surgió uno de los grandes proyectos del año 1946, que fue la realización del mural colectivo para el Centre Hospitalier de Sainte-Anne de París. Se dispuso la realización por Honorio García Condoy, Francis Bott, Fréderic Delanglade, Óscar Domínguez, Luis Fernándes, Maurice Henry, Jacquer Hérold, Marcel Jean, Manuel Viola, Baltasar Lobo e Yvette Szczupak Thomas. La idea de partida inicial para el mural fue que cada uno de ellos trabajara una parte de la pared, sin importarle ni atender lo que hiciera el resto. Resultó difícil juzgar el mural, pero fue evidente la rica y prodigiosa imaginación que llevó al desarrollo de un trabajo colectivo automático, multiplicando las posibilidades de expresión con un placer estético diez veces mayor. Enriquecido por las interpretaciones de los pensamientos de diez hombres que vivieron en el mismo tiempo, aunque con diferentes personalidades y, algunas veces, divergentes, en una dialéctica subjetiva parecida a la que se encontraba en el arte de los constructores de catedrales. En el año 1963 se decidió ampliar la biblioteca médica del hospital y para ello destruyeron el mural, a pesar de que los internos intentaron salvar cualquier panel del conjunto, cosa que les fue denegada por la administración del hospital.

Recuperación de su figura. No cabe duda de que Condoy cuenta con la suficiente calidad en sus obras como para figurar entre los grandes innovadores del movimiento artístico de postguerra. Condoy miró siempre a la innovación, preocupado por nuevas fórmulas para desenvolver su arte, y entregándose a lo largo de los años a la realización de una obra cada vez más liberada de imposiciones y restricciones. Tras su muerte en el año 1953, la recuperación de su figura fue paulatina, especialmente en Aragón. Durante todo este tiempo, los herederos de Condoy no encontraron en Aragón ninguna institución que comprase y musealizase sus obras, quizás porque en Zaragoza se estaban iniciando los primeros pasos, simultáneamente, de los museos Pablo Gargallo y Pablo Serrano. En 1990 se inauguró una exposición con una selección de obras de colecciones checas, públicas y privadas, en el Museo Pablo Gargallo de Zaragoza. -Hay mucha obra no localizada, oculta, sobre todo la realizada en sus etapas italiana o checa y es que la vida del artista estuvo marcada por los viajes y momentos políticos convulsos, lo que dificultó la reunión y recuperación de obras-. En el año 2000, la exposición por el centenario del nacimiento del escultor, comisariada por Pérez-Lizano, en el Palacio de Sástago, consiguió reunir gran número de sus obras. La última muestra en la que se pudieron admirar algunas de sus piezas fue en el 2016 en la exposición Una saga de artistas. Homenaje a la familia García-Condoy, en la Casa Aguilar, Centro de Estudios Borjanos. 

Indefectiblemente unido a la ciudad de Zaragoza, Honorio García Condoy es fiel testimonio de su valía y maestría; la laboriosidad de Condoy quedó en entredicho en varias ocasiones en la prensa local, que le tildaba de vago, cosa que siempre desmintió el artista y que queda demostrado ante el número de obras que realizó a pesar que algunos apuntaron que “vive al día y la venta de una escultura es juerga comunal con los amigos”. Conocido en los bares de la ciudad es apodado cariñosamente, como el Piedras, mientras que sus amigos le acechan con un Pedruscos. José Camón Aznar, lo describió “con la miseria y con la sonrisa a cuestas. Porque esta era la personalidad de Honorio. Bondad infinita, sonrisa inacabable, silencios admirativos hacia cuanto consideraba digno en estimación. Por unas pesetas –poquísimas- entregaba esas maderas prodigiosas para cubrir sus necesidades perentorias. Y así toda su vida”.

María José Zahonero del Valle. Honorio García Condoy (1900-1953). Escultor de la Escuela de París. Institución Fernando el Católico. Colección Estudios Arte. 2019. P. 276

Número 51

Junio 2020
José Antonio VAL LISA
Miembro de AACA, AECA y AICA. Del comité de redacción de AACADigital
Fecha de recepción: 28/6/20
Fecha de aceptación: 29/6/20
image_pdfimage_print