Una nueva mirada de la ciudad

Los graffiti nos hacen asistir con el gozo sensual del voyeur al florecimiento y fecundación de la flor, ver brotar el fruto, un fruto minúsculo y salvaje que aún porta el oro del polen en el centro de los pétalos. Y lo que aquí se desvela bajo la espontaneidad es una función viva, tan imperiosa y tan impensada como la respiración o el sueño. Cualquiera que sea la disimilitud entre las obras de arte, solamente la marca innata de esta función atesta su autenticidad. Ella es la que confiere categoría. El arte bastardo de las calles de mala fama, tan efímero como la intemperie, y al que una capa de pintura borra, se convierte en un criterio de valor. Su ley es formal, e invierte todos los cánones laboriosamente establecidos de la estética. Brassaï: Minotaure, 1933.

 

El arte está ahí fuera, solamente hay que buscarlo. Levantar la vista, dar un paseo y ahí aparece. En cualquier calle, en el más abandonado rincón, se vislumbra un atisbo de color anónimo. A modo de las derivas urbanas dadaístas que consistían en dejarse llevar y no ser indiferente a lo que fuera apareciendo y así cambiar el modo de mirar. El arte urbano del siglo XXI nos propone unos nuevos recorridos por los que tantas veces hemos transitado y que ahora nos parecerán tan nuevos como propios.

Con esto no quiero decir que toda manifestación plástica urbana despierte algo en nosotros. Pero si permanecemos con los ojos bien abiertos descubriremos una nueva ciudad plagada de imágenes y mensajes. Una ciudad que nos invita a participar de ella.

Este es el caso, por ejemplo de “El muro del Chocolate” como lo llaman sus autores: ZIPPO, BHur, SOHE, DEMON, BAROK, HUE, ARES y CIRU.

A tan sólo 12 kilómetros, en la zona geográfica conocida como “Campo de Zaragoza” se encuentra la pequeña localidad de La Puebla de Alfindén. Dando un paseo pronto llama nuestra atención un recinto decorado con gran cantidad de graffiti. Éstos fueron realizados a lo largo del perímetro del campo de fútbol municipal durante todo el año 2011 principalmente por dos escritores veteranos como son HUE y SHER. Éste último aparece en ilustrando la portada del libro editado por Blanca Fernández y Jesús Pedro Lorente titulado Arte en el espacio público: barrios artísticos y revitalización urbana. Un claro ejemplo de la actualidad y del papel de gentrificación del graffiti contemporáneo. Junto a estas piezas destaca “El muro del chocolate”, realizado en noviembre del pasado año. Uno de sus protagonistas, el ya citado HUE, es un veterano escritor de graffiti con una gran actividad en toda la zona de Zaragoza, especialmente en La Puebla, donde reside, e Italia. Su pasión es pintar y hacerlo con otros escritores en grandes muros.

En este caso, el grupo de ocho escritores de graffiti que se juntó para decorar esta parte de la ciudad no forma ninguna crew o grupo estable, pero les unen muchos años pintando, un estilo similar y una gran amistad. Hay que tener en cuenta que el graffiti no va de la mano con la ilegalidad. En un principio fue un valor que en cierto modo sigue existiendo, sin embargo son muchos los que prefieren pintar con tiempo para poder desarrollar bien su estilo, sin prisas ni temor a ser perseguidos y multados. Para poder hacerlo, HUE solicitó un permiso al Ayuntamiento de La Puebla quien le concedió, por plazos de tres meses renovables, la autorización para pintar en esta zona. Pese a la legalidad de este caso, muchos de los participantes expresan su deseo de no salir en las fotos y de que su nombre real no sea conocido. Ya que compaginan su actividad legal, incluso comercial, como es el caso de DEMON y otros, con otra más invasiva.

El muro está compuesto por ocho piezas con un fondo común, la imaginería de la película “Charlie y la fábrica de chocolate” que aparece aquí reinterpretada, sobre todo en los bastoncillos de caramelo y en los troncos de los árboles bicolores blancos y rojos tan de animación y que tanto han llamado la atención de otros escritores de graffiti de la ciudad. Sobre esta temática conjunta, cada autor ha desarrollado su firma al más puro estilo graffiti hip-hop como diría De Diego, o graffiti a la neoyorkina como definiría Abarca. El trazo rápido, la precisión de las líneas o la limpieza de las piezas, hacen de este un muro de calidad dentro del panorama aragonés. Aporta vitalidad, juventud y una nueva imagen a esta zona de La Puebla, que al menos por un tiempo pueden disfrutar todos sus vecinos.

Junto a las piezas con los tag o firma identitaria, la obra principal y de mayor dificultad es el realismo que realizó BAROK, conocido por ser el autor, junto a DEMON, otro de los participantes en este conjunto, del encargo para la fachada posterior del Museo Camón Aznar de Zaragoza en la que representan en gran formato un retrato de Francisco de Goya. En ella apreciamos como las texturas de los tejidos están muy bien realizadas, llenas de matices y de juegos de luces y sombras, algo difícil de conseguir con el espray. De este modo se aleja de la tendencia actual predominante de aplicar el color por capas yuxtapuestas que tanto nos recuerda a la estética japonesa del Ukiyo-e y que tantos artistas urbanos contemporáneos han adoptado.

El graffiti se caracteriza por ser un arte efímero. Esta característica sigue presente en buena parte de los graffiti actuales a pesar de hacerse en zonas permitidas. Los propios autores cada cierto tiempo renuevan la imagen de las calles con nuevas temáticas e ideas. Con este acto permanecen ligados a esa tradición callejera de los iniciadores del graffiti contemporáneo allá por los años 70.

Este caso no es excepción, y es posible que este muro no permanezca intacto mucho tiempo.