La exposición Fotografía en la colección Circa XX: Tradición y Renovación vuelve a ofrecernos en el IAACC Pablo Serrano una nueva selección –y ya van tres– de las 1.204 piezasde la colección adquirida por el Gobierno de Aragón a Pilar Citoler. A finales de 2014 y comienzos del 2015 se dedicaron dos plantas del museo a presentar un variado repertorio de obras de las últimas cinco décadas firmadas por reputados artistas españoles o extranjeros (aunque no siempre se trataba de obras maestras). La segunda muestra, en 2005, ya se limitó ala tercera planta del museo y abarcaba un periodo cronológico y artístico más restringido: la pintura de los años ochenta. Ahora, de nuevo en la tercera planta, le toca el turno a la fotografía, precisamente uno de los puntos fuertes de la colección “Circa XX”, y las obras son apabullantes, verdaderas “piezas de museo” tanto por su importancia y a veces gran tamaño como por su diversidad, con multiplicidad de autores, de diferentes países y plurales estéticas. Quizá por ello, se ha optado esta vez por un reparto temático, presentándolas agrupadas según géneros iconográficos a los cuales se adaptan más o menos las fotos escogidas: no demasiado en el caso de los “Bodegones”, que es lo primero que vemos frente a la entrada, pero estupendamente en los “Retratos” y más o menos en las “Vistas” y “Paisaje” (dos categorías emparentadas, con las que se ha distinguido el mundo urbano y el natural). Quedan fuera de esos espacios el vídeo de Charles Sandison, cuya presencia aquí no se explica, y también otras impresionantes fotografías, que se han sacado fuera de la sala expositiva pero figuran insertas en la clasificación correspondiente dentro del elenco recogido por el folleto de mano (aunque ninguna de ellas ha sido destacada en él con una ilustración). No conozco qué obras importantes habrán quedado en las reservas, sólo puedo decir que las seleccionadas para la muestra son todas merecedoras de ese honor, aunque no comparto el gran protagonismo dado en los materiales divulgativos a alguna comentada en detalle y reproducida a gran tamaño (mientras que han quedado sin esa distinción dos de mis favoritas: las de Alicia Martín o Pierre Gonnord). Por cierto, una gran novedad de esta exposición es precisamente esa vocación didáctica, tanto en el montaje como en los materiales de difusión, pues además de los rótulos ya mencionados, cuya argumentación se redacta oportunamente en paneles de sala, muchas obras llevan no sólo una cartela identificativa sino didascalías explicativas. Era una de las sugerencias que yo hacía en la reseña de la anterior exposición, publicada en el nº 30 de esta revista; pero no voy a jactarme de ser una opinión con influencia, pues sé que ese loable planteamiento educativo ha sido simplemente un empeño propio del comisario Fernando Sarría, conservador responsable en el IAAC de esta colección. Bien estuvo invitar a prestigiosas expertas externas como María de Corral o Lola Durán para comisariar las primeras selecciones con que se la dio a conocer al público; pero es bueno normalizar la situación y dejar ya las cosas en manos del funcionario que está ahora al frente, pues sabe hacer muy bien su trabajo de mediación. Estoy seguro de que seguirá mostrando idéntica profesionalidad en presentaciones expositivas futuras, aunque tampoco sería necesario seguir mostrando aisladamente piezas de la colección Citoler, pues lo más justo, ahora que son parte de una colección pública, sería presentarlas en diálogo con otras colecciones del museo. Ojalá esta tercera planta quedase dedicada a mostrar selecciones rotativas de los fondos propios, que se ofrecerían a los visitantes como el corazón de la institución, junto con la exposición permanente de obras de Pablo Serrano y Juana Francés en el piso inferior, complementadas por las exposiciones o actividades temporales en el resto del edificio. Pero ya he dicho que yo no soy ninguna voz influyente y mucho me temo que esta propuesta no llegue a hacerse realidad.