Una excelente muestra de pintura española del siglo XIX y principios del XX

El pasado 4 de octubre arrancó la primera exposición que realiza la recientemente inaugurada Fundación Cristina Masaveu Peterson en pleno centro de Madrid (calle Alcalá Galiano, 6), Pintura española del siglo XIX formada por parte de la colección de uno de los fondos artísticos privados más importantes de España.

La familia Masaveu, de origen catalán y afincada en Oviedo , comenzó su tarea de apoyo a las artes con la apertura en Oviedo de la primera galería de arte de Asturias, el Salón Masaveu, inaugurada por el patriarca de la saga familiar, Elías Masaveu (1847-1924). Su hijo, Pedro (1886-1968), continuó y fue el que realmente inició la colección en el palacio de Siero (Asturias) adquiriendo obra de grandes maestros de pintura antigua, y su nieto, Pedro Masaveu Peterson (1938-1993), fue el máximo impulsor de la colección ampliando la colección con maestros del siglo XIX y XX, apostando por el arte contemporáneo y recuperando piezas del patrimonio español en el extranjero.

Pedro Masaveu Peterson murió sin descendencia, de modo que su hermana María Cristina, de un carácter abierto, con espíritu liberal y comprometida con diversas causas sociales (acorde a los movimientos sociales y filosóficos de igualdad y libertad surgidos en las décadas de los años 60 y 70), decidió crear una fundación para mantener el legado de sus antepasados y hacer accesible a todo el público la obra que con tanto celo había acumulado su familia durante tres generaciones (el primer paso fue la cesión para exposición de 410 obras de grandes maestros al Museo de Bellas Artes de Asturias).

Este edificio, que alberga parte de la colección Masaveu (117 obras en esta exposición), es fruto de la remodelación de un antiguo palacete madrileño del siglo XIX, adaptado para llevar a cabo exposiciones, encuentros y conferencias (salón de actos, salas de exposición con grandes ventanales, acabados de primera calidad, patios y terrazas), todo ello decorado con un gusto funcional y gran calidez minimalista que aporta la utilización de maderas. Hay que destacar la escultura de gran formato de Jaume Plensa que se encuentra en uno de los patios y que puede observarse desde las cristaleras. Merece también aludir a la exquisita iluminación de todos los cuadros que componen la exposición.

Cabe destacar la estupenda organización en cuanto a la posibilidad de conseguir desde su página web entradas con la hora exacta de visita para evitar las largas colas que se forman a la entrada. También la amabilidad del personal que atiende, con trabajadores Down que hacen muy agradable la visita, además de la inestimable labor social que supone este aspecto.

En las primeras salas, dedicadas a los comienzos del siglo XIX, hay un Goya de pequeño formato, Banderilleros (1793), y junto a este cuadro, retratos pintados por Agustín Esteve, de Vicente López, Zacarías González Velázquez. Federico de Madrazo está también presente con cuatro retratos. Eugenio Lucas Velázquez y Dionisio Fierro completan esta primera parte de la exposición, en la que destacan las obras de Eduardo Rosales con alguna obra muy recomendable (como Aldeanas de las cercanías de Roma, 1866). Esta primera parte de la exposición no se considera la más importante de la misma, pues se puede encontrar obra de estos autores de mayor calidad en otros museos del territorio nacional. Es el aperitivo que antecede e introduce una exposición que va “in crecendo”a medida que se continúa la visita.

La segunda mitad del siglo XIX tiene una representación que es difícil hallar de manera conjunta en prácticamente ningún museo (quizás la colección de arte español de la baronesa Thyssen en Málaga es la que más se asemeja). Obras de género histórico como las de Francisco Domingo e Ignacio León, entre otros, que llevan a una selección más cuidada, primero del Realismo con Fortuny, Carlos de Haes, Agustín Riancho y Martín Rico; una representación más que solvente de la pintura naturalista y regionalista, con obra de Luis Menéndez Pidal, Ignacio Pinazo y Álvarez de Sotomayor (con un imponente retrato Los señores de Saridakis, posando en su vehículo) ; y lo más destacado, con las tendencias de las nuevas formas de expresión de finales de siglo, a caballo entre finales del XIX y principios del XX, está presente con obra de gran calidad de Aureliano de Beruete (un maravilloso paisaje, Grindelwald, de 1906), Eliseo Meifrén, Cecilio Pla o José Moreno Carbonero, que es una delicia contemplar.

El plato fuerte de la exposición son las salas dedicadas a Sorolla, que contienen la explosión de color y luz que todo visitante espera, con obras clave reproducidas habitualmente en libros de arte destinados al gran público, como El remero, 1908, retrato de Vicente Rocabert, marinas y escenas de niños, retratos de gran formato de personalidades burguesas de la época. Una maravillosa selecicón que incluye casi toda la iconografía del pintor valenciano. Hay que destacar la Vista de Toledo, 1913 y, como curiosidad, un cuadro firmado y dedicado a su colega Sargent.

Habitualmente, el tándem Sorolla y Zuloaga (también con alguna obra en la muestra) suele acaparar toda la representación en las muestras de esta época, pero en la exposición se puede disfrutar del nutrido grupo de pintores españoles que, siendo menos conocidos por el gran público, están presentes con todo merecimiento: Valentín Zubiaurre, Francisco Iturrino, Romero de Torres y Evaristo Valle. Es destacable también la última obra que pintó Darío de Regoyos, que se expone en una de las salas.

El Modernismo es el final apoteósico de la exposición, con excelentes obras de Santiago Rusiñol (y su cuadro muy reproducido bibliográficamente Grand Ball,1891), Hermé Anglada Camarasa con una sala prácticamente para él, Ramón Casas (con el espectacular Retrato de Catalina, 1898, y otras estupendas obras) e Isidre Nonell y sus retratos de gitanas.

La exposición gusta, y mucho, a todos los visitantes y acerca al gran público a una etapa del arte español eclipsada por la pintura francesa coetánea. Es también una buena ocasión para que el público especializado contemple unidos a los pintores del siglo XIX y principio del XX, en una selección con cuadros escogidos con gusto, como suelen ser los de los coleccionistas privados. Puede visitarse hasta el 31 de diciembre de 2020 gratuitamente.