Un personal parangón entre obras informalistas de Rafael Canogar y de Pablo Serrano

Esta exposición marca un hito de cambio en el uso de espacios museográficos dentro del IAACC, pues se ha montado en las luminosas galerías de la primera planta y el mezzanino, donde hasta hace poco estuvo la exposición de Pablo Serrano en la Esfera Pública y antes tuvimos ocasión de ver otras muestras protagonizadas exclusivamente por el escultor fundador del museo. A partir de ahora sus obras van a dialogar con las de otros artistas en esta parte del edificio, con hermosas vistas al Paseo María Agustín, parcialmente tapadas ahora con paneles donde se han colgado los cuadros de Rafael Canogar. Sus admiradores aragoneses hemos tenido ocasión de verle en persona el pasado 27 de marzo para la inauguración de esta exposición, donde explicó que considera su carrera artística como un bucle que al final retorna a los inicios, pues hace unos diez años que ha regresado a la pintura abstracta, así que ahora le vuelven a gustar sus cuadros juveniles. Por eso se ha volcado con tanta ilusión en esta exposición, donde se presentan veintiuna obras suyas, muchas de ellas de su propia colección, acompañadas por cinco esculturas de Pablo Serrano nunca antes vistas en Zaragoza, según explicó Lola Durán. Fernando Castro, que ha compartido con ella el comisariado, glosó luego los muchos paralelismos entre las trayectorias de Pablo y Rafael más allá del periodo informalista aquí representado: cuando Serrano abandonó el grupo El Paso e intensificó su vis social y humanística, también Canogar apostó por un arte figurativo cargado de compromiso político que acabó convirtiéndose en su producción más popular. Quizá tengan pues en la recámara ulteriores proyectos expositivos que muestren la continua interrelación entre estos dos artistas y con otros. Entre tanto, lo que aquí podemos visitar hasta el 28 de enero de 2024 es una selección de obras de arte y materiales complementarios –fotos, documentos, paneles explicativos– estructurados en dos pisos. En el primero va todo lo relacionado con los inicios del grupo El Paso en 1957, cuando sus miembros compartían ideas y estética influida por el expresionismo abstracto de la Escuela de Nueva York, donde obtuvieron su consagración internacional en 1960 con la exposición del MoMA titulada  New Spanish Painting and Scultpure. La segunda parte muestra cómo van buscando cada uno su propio estilo, abriéndose camino en diferentes frentes, compartiendo galerista en Italia y coincidiendo ambos amigos en la Bienal de Venecia en 1962. El denominador común es el experimentalismo creativo, la expresividad gestual y una sobriedad cromática que, en el caso de algunos cuadros de Canogar, contrasta con algunos toques de rojo, muy realzado por el discreto tono azul en algunas paredes del montaje, que considero un refinado acierto. También en esos detalles museográficos, así como por las coincidencias de cronología y estilísticas, esta exposición se complementa muy bien –seguramente no por casualidad– con la actual programación del centro, ya sea la más pequeña sobre Informalismo y Abstracción en la Colección Circa XX  y con la grande de Aragón y las Artes: 1939-1957; pero también con las permanentes de Pablo Serrano y Juana Francés, en las que desemboca. Mi sincera enhorabuena.