El espacio Huecha nos muestra una exposición delicada y exquisitamente presentada de Miguel Mainar (Zaragoza, 1949), un artista eminentemente espiritual que concibe el arte como dirección de vida junto con la música, la sutileza y la poesía. Ocupando el centro del suelo de la sala, una antigua alfombra nos transporta a un espacio íntimo, sagrado. La inauguración se inicia con un elegido recital a cargo de la pianista Sandra Lanuza y la mezzosoprano Paloma Laporta, como una muestra más de la importancia de la música en la pintura de Mainar.
Transfiguración es el título de la exposición y de la obra que la preside, la última, realizada en 2023, un tríptico que parece levitar suspendido, tres grandes piezas de papel, las laterales trabajadas totalmente en blanco, en el centro, sobre fondo muy oscuro, casi negro, aparecen trazos dorados de gran movimiento, es una obra etérea y a la vez potente que se apodera del espectador. Frente a este a modo de santuario, comparable a la capilla de Rothko, está Piel, una obra de 1998, la más antigua expuesta, imprescindible en la trayectoria de este artista que, a base de someter el papel a infinidad de pigmentos, aceites, colas y resinas, convierte esta creación en autentica piel, como dice la crítica de arte Desirée Orús, Miguel pinta con el alma y trata el papel como si fuera piel. En esta sala podemos ver, también, cuatro obras de 2003 correspondientes a Piel del alma, en las mismas tonalidades oscuras del cuero y la luminosidad metálica del oro, de una forma mística nos muestra las heridas, la grandeza y la luz que todo ser humano lleva en su interior.
Contiguo a estas estupendas piezas, encontramos en el pasillo lateral, tres pequeñas obras de 2017, fragmentos de muros, que nos recuerdan los frescos pompeyanos, en tonos irisados, grisáceos y azules, con la materialidad y expresividad que aportan las pinturas murales, y la espiritualidad y la pátina que le confieren los siglos pasados, nos remontan a otros momentos, ahora después del tiempo transcurrido y la purificación por la lava sobre la ciudad, convertidos en otros templos de la humanidad.
Podemos decir que se trata de una pequeña retrospectiva, dado que encontramos obras de diversos momentos de su creación, teniendo como nexo de unión las atmósferas que rigen toda la obra de este artista, y la magia de convertir el papel en metal, piel o muro según sea su intención. Porque Mainar domina el papel de toda clase y en todas sus formas, al que otorga el título de alma de su creación, y afirma que no es un soporte, sino la propia obra.
El espacio Huecha creado por Miguel Ángel Domínguez y dirigido por su hija Marta, es un remanso de paz, de acogimiento a los visitantes por parte de esta cariñosa familia, un caserón de piedra con un romántico jardín donde se realizan agradables veladas. Recibió el Premio Especial Angel Azpéitia concedido por la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte en 2021. En este centro, dos salas exponen permanentemente obra de Miguel Ángel, que de vez en cuando cambia y mueve, ahora podemos ver lo más reciente de este artista, obras realizadas con fragmentos de naturaleza que recoge en sus paseos: ramas, piedras, huesos, troncos… y crea, interviniéndolos, magníficas composiciones muy expresivas y matéricas.
Un deleite para los sentidos.


