Tipos y lugares zaragozanos a finales del siglo XIX







Los hermanos Pescador Saldaña se hacen una fotografía poco usual para la época: un hermano mira a la cámara desde una silla en la que se ha sentado a horcajadas mientras su hermano da la espalda al fotógrafo, en una actitud similar a la del pintor Carlos de Haes en otra estampa. Fotografías en curiosas poses y gestos teatrales o grandilocuentes salpican la exposición comisariada por José Antonio Hernández Latas. La muestra nos ofrece una rica galería de retratos de personajes de la cultura, el arte y la política aragonesas y nacionales como reyes, reinas, príncipes, Papas, arzobispos, artistas (los propios fotógrafos –autoretratos- y sus familias, pintores, escultores), cantantes, tenientes de alcalde, arqueólogos nacionales, arquitectos y toreros.

 

Las efigies de lo más granado de la sociedad se codean con personajes anónimos, autóctonos y foráneos, y nos muestran otros fragmentos de la vida en la ciudad como ciertas costumbres, ejemplo de ello son los bailes de disfraces con diferentes temáticas. Los retratos de unos y otros podrían servir para documentar de forma adecuada las películas de más de un director poco dado a la investigación histórica. No es el caso del estudioso Hernández Latas, quien ha realizado un interesante estudio de la fotografía de finales del siglo XIX en Zaragoza centrándose en dos formatos: la Carte de Visite y la Gabinet Card.

 

El recorrido visual e histórico al que nos invita Hernández Latas nos enseña las fórmulas en las que los fotógrafos de la época se acercaron al retrato de personas y lugares. La exposición también puntos de vista de la ciudad de Zaragoza ya desaparecidos e irrecuperables como el de la Torre Nueva con chapitel o la Vista de la Lonja, desde la plaza de La Seo, ambas de Gregorio Sabaté realizadas entorno a 1878.

 

Acompaña al catálogo de la exposición una introducción donde el comisario de la muestra desgrana las particularidades de los gabinetes fotográficos, así como las costumbres y estilos de los fotógrafos en aquellos años: poses heredadas de la pintura, escenografías más o menos estudiadas, repetición de los planos de cuerpo entero y plano de tres cuartos para los personajes y planos generales para las vistas de la ciudad. Hernández incluye interesantes pies de fotos con las transcripciones de los reversos de las fotografías, las cuales aportan información útil para comprender las razones de las imágenes, el tiempo en el que se hicieron y los propios protagonistas. Cierran el catálogo algunas curiosidades interesantes como el acta de constitución de la Sociedad Industrial “Mariano Pescador y compañía” o los certificados de defunción de algunos de los fotógrafos más importantes de la época.

Hernández Latas comenta la práctica habitual del daguerrotipo por las calles de Zaragoza a finales del siglo XIX. Ese interés permanente, desde el nacimiento de la fotografía, por guardar la presencia para cuando la ausencia sea irremediable no ha decaído en la actualidad. Como muestra esta exposición, Júdez, Sabaté, Hornet, Coyne, Laurent y tantos otros son los predecesores zaragozanos de una forma de mirar el entorno y de observarnos a nosotros mismos.