La ciudad de Zaragoza ha exhibido a lo largo del verano una exposición sin igual. Bien es sabido por el público visitante que la capital aragonesa es un referente en cuanto a objetos artísticos orientales. Atendiendo a esta premisa, desde las instituciones públicas decidieron apostar por la muestra que lleva por título TESOROS. Colecciones de arte oriental del Museo de Zaragoza, emplazada en el actual edificio histórico de La Lonja e inaugurada el día 5 de junio, dilatándose así su apertura hasta el 13 de octubre.
La exposición se compone de varias colecciones, entre las que se encuentran la colección Federico Torralba Soriano, la colección Fundación Torralba-Fortún, la colección Familia Kotoge, la colección Pasamar-Onila, la colección Miguel Ángel Gutiérrez Pascual y la colección Reijinsha. A través de esta nutrida nómina el asistente puede apreciar multitud de piezas que nunca habían sido expuestas en conjunto. Objetos preciosos procedentes de Japón, China, India, Birmania o Tíbet hacen de los espacios secciones independientes pero interconectadas de forma orgánica que incitan al invitado a recorrer toda la muestra, manteniendo en todo momento un ritmo lento pero constante, consecuencia directa de las altas cotas de maestría que la mayoría de los objetos aquí presentados poseen.
En este sentido, destacaremos que la iluminación es prácticamente perfecta. Siendo tenue y cálida, respetando los principios de conservación de los materiales y creando una atmósfera efectista que genera un sentimiento romántico. Además, los parámetros de temperatura y humedad son los adecuados, actuando también como resguardo de las altas temperaturas presentes en el exterior. Todo ello, se ve complementado mediante un broche de oro manifestado en sus cartelas y material explicativo detallado, que sitúan y encuadran perfectamente lo exhibido en la compleja historia de Oriente. En el interior de este lugar encontramos, por tanto, una compartimentación sometida a las esencias desprendidas de las piezas asiáticas; destacando así los afamados ukiyo-e, las delicadas lacas japonesas, las preciosas pinturas a la tinta, las codiciadas cerámicas chinas o los brillantes tanka tibetanos.
No obstante, debemos de señalar que como colofón del recorrido se presentan una serie de actividades diseñadas para que el espectador interactúe con algunas de las obras percibidas con anterioridad a lo largo de la exposición. Pudiendo crear de esta forma su propia estampa japonesa mediante una imitación de la técnica mokuhanga (obteniendo así un souvenir) o averiguando que tamaño de cuenco sería el óptimo para las manos del visitante. Asimismo, podemos concluir diciendo que esta muestra es un imperdible para cualquier fanático del arte y un auténtico deleite para los sentidos, los cuales se ven sumidos en una fascinación constante hacia las “fantasías orientales”.