Merche Millán y Pepe Torrecilla exponen juntos, como ya han hecho en otras ocasiones. Millán, formada en la Escuela de Arte de Zaragoza, sus principios artísticos fueron en pintura, para casi de inmediato dedicarse al modelado y la cerámica. Torrecilla, autodidacta, manejó la pintura y ha sido recientemente cuando ha dado el paso a la cerámica. Ambos con formación musical, no podemos dejar de notar esta influencia en su obra.
Los protagonistas de las obras de Torrecella son estos dinámicos hombrecillos que ocupan todos los espacios tanto de su obra sobre papel como de sus cerámicas. Son personajes planos, hombres estrellas de cinco puntas en infinidad de poses: saltando, cayendo de cabeza, corriendo, con los brazos abiertos en señal de acogimiento, de amistad. Son alegres, divertidos, multicolores… Infinidad de signos y dibujos ocupan sus coloridos cuerpos. Nos hacen sentir alegría, ritmo, casi podemos escuchar Jazz al verlos, música tan del gusto de su autor.
Estas criaturas están incorporadas en sus dibujos, zambulléndose en el agua, volando, en cubiertas de barcos, o lanzándose casi en picado como aviones, como ángeles caídos del cielo. Sus obras son siempre muy expresivas, unas en colores vivos, otras muy próximas a la abstracción, con colores atenuados, de trazos que gusaneando van ocupando toda la composición.
Merche Millán nos explica que el tema de su obra es el ser humano, es la curiosidad, la necesidad de conocimiento, de comprensión del mundo y de los fenómenos, esto es lo que ha llevado al hombre al conocimiento de las tierras, del firmamento y del mar. Presenta terracotas realizadas en 2022, mujeres casi planas de formas dibujadas, incisas, con animales posados sobre sus cabezas, figuras individuales que colocadas en trío semejan las tres gracias. Figuras femeninas, inspiradas en la cultura Cucuteni, surgida hace más de seis mil años en Europa sudoriental. Estas estatuillas carecen de brazos o pies, lo que acentúa la expresividad del cuerpo, como ocurre cuando contemplamos esculturas clásicas a las que el tiempo y los avatares han desposeído de partes de su anatomía. Podrían ser diosas madre, protectoras de la mujer, o amuletos de fertilidad. Sus cuerpos están marcados por incisiones que forman círculos, ondas, rayas, hojas, ramajes.
Vasijas con parejas que parecen conversar o besarse. Animales mitológicos herederos de susBestias inspiradas en los bestiarios medievales, de cuerpo bicolor, con infinidad de incisiones y signos. Figuras graciosas dentro de su fisonomía que, como en la antigüedad, quieren impresionar y provocar miedo y contrición.
La artista siempre ha estudiado, investigado y representado seres de las mitologías ancestrales, bien babilónicos, o en especial de la nuestra propia, los mitos y leyendas pirenaicas. Así, de sus manos salieron dragones, serpientes, caballos, leones y toda clase de seres fantásticos y sobrenaturales: fadas, hadas, diaperons, duendes, Menuto… Y las barcas de moros, barca que conducía a fadas, seres no humanos dotados de gran poder y relacionados con la naturaleza y el agua, y que los habitantes del Pirineo decían ver en el cielo cuando se aproximaban las tormentas.
Las barcas como símbolo de la curiosidad del hombre, usadas para descubrir tierras ignotas, para explorar, para poder llegar lejos. Embarcaciones muy diversas, unas semejan balsas, otras simulan madera, unas están muy labradas o llevan cabezas de animales como mascarón, realizadas con distintos engobes, texturas y colores. Es mucha la habilidad de esta ceramista para conseguir del barro distintas calidades. Estas naves conducen a grupos de mayor o menor número de personas, pueden llevar remos o parecer ir a la deriva, también pueden trasladar animales.
La navegación, es tan antigua en nuestras civilizaciones, ya representada en pinturas rupestres, como ancestral es el uso de la materia empleada por estos dos artistas, barro y agua, que sometida al aire para secar y al fuego para cocer, mágicamente se convierte en algo perdurable a través de los siglos.