Quinita Fogué, Gran premio al más destacado artista aragonés contemporáneo, concedido por la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte en 2022, por su exposición en el Museo de Teruel (2022-2023), presenta ahora Tejer los silencios, pintura, escultura, dibujo e instalaciones.
La artista, que acompaña su exposición con pensamientos, nos da la pauta de lo que expone en la sala abovedada:
En el silencio y en la soledad de la pandemia
quise acerarme con mis colores
llenos de luz a la oscuridad
de personas con realidades y sueños
que no pudieron cumplirse durante días y noches
Es una gran instalación, al fondo, una enorme red multicolor tejida a ganchillo durante las noches de insomnio de este triste periodo, papeles que recorren todo el muro llegando hasta la red, representando sus personajes, círculos, escaleras… un intrincado laberinto de gran colorido, recorrido por cadenetas que van y vienen, que nos sirven de sujeción, y que son un homenaje a lo que pasamos en el confinamiento. Encontramos su frecuente reutilización de lanas, hilos y tejidos. Otra gran red acompaña a una sábana en la que con hilos de color se bordan dibujos que recuerdan a los pictogramas de los indios nativos americanos. Tanto esta instalación como la que se halla en la siguiente sala que representa tierra, troncos y piedras, esos bosques que se talan, se nos antojan a modo de cobijo, de tiendas primitivas que aíslan y también protegen.
En la sala pequeña, dibujos al óleo sobre papel vegetal que les confiere un aspecto sedoso, representan sus personajes fantásticos, pájaros que semejan hombres, otros suben escaleras, familias con niños, parejas junto a un extraño árbol, mujeres que parecen volar. Y por supuesto las escaleras, maletas y sombreros que nos recuerdan sus andanzas por todo el mundo y nos hablan también de la emigración y de la globalización.
Esos personajes, muchos con la cabeza agachada, mirando la tierra, que es el quehacer de la artista, su preocupación, esa tierra a la que quiere desde que nació, con la que se siente muy unida, y que la siente maltratada, a la que hay que cuidar para poder seguir adelante. Los caminos y las sendas que se cierran porque ya no los transita nadie. Los colores que caracterizan su pintura, amarillos, naranjas, tierras, los azules intensos del cielo de su Bañón, van a enlazar con toda la gama de azules del mar, su preocupación por la supervivencia de la vida en el mar, amenazada por tanta basura y plásticos que se lanzan y que se devuelven a las playas contaminándolas a la vez. Como escribe la artista:
EL MAR TIENE MEMORIA
Aguas azules quejándose
de lo que el hombre vierte a su lecho
Sus obras en esta sala están acompañadas de canastas con piedras y conchas y un cernedor con el que tamizará la arena para arrancarle las partículas plásticas.
Con esta misma intención de denuncia, realiza esculturas en alambre con pequeños objetos de colores colgados, con la base de arena y conchas, que situadas en los arcos, aportan un toque lúdico jugando con las sombras que proyectan en la pared. Fogué trata temas muy serios, atemperados con la alegría que le aportan sus tonalidades.