Lo que está en juego aquí es la tendencia natural de la materia y sus capacidades agenciales para formar lazos corpóreos imaginativos, deseantes y afectivamente cargados (Barad, 2023: 106).
Esta exposición presenta 30 obras de la última producción de Diego Arribas en el Centro Cultural El Soto de Móstoles (Madrid). Bajo el título de Sunshine encontramos unas obras que se despliegan en el espacio a partir de las relaciones que se establecen entre ellas. En ocasiones en forma de dípticos y polípticos de grandes dimensiones, en ocasiones a partir de los vínculos entre diversos elementos materiales y cromáticos de obras individuales que catalizan un diálogo que centra su fuerza en el potencial imaginativo de la materia.
Esta muestra se inscribe en las líneas conceptuales y formales presentes en la dilatada trayectoria de Diego Arribas, vertebrada por el interés de reflexionar, a través de estrategias artísticas, sobre los vínculos entre arte, naturaleza e industria. Así, la serie Sunshine se presenta como un espacio a partir del cual ensayar procesos que cuestionan las consecuencias de la acción antrópica en la naturaleza, resignificando, a través de los materiales propios de la actividad industrial, la acción que deviene de los mismos y su impacto socio-medioambiental. Es destacable cómo este espacio se genera, asimismo, atendiendo a los procesos sociales que tienen lugar, en los que el arte transversa para convertirse en una herramienta más para articular un espacio colectivo. No podría comprenderse esta propuesta sin relacionarla con las acciones que el autor ha desarrollado en el contexto minero de Ojos Negros y el proyecto “Arte, industria y territorio”. Ambos precedentes ponen de manifiesto una preocupación por cuidar estos territorios intervenidos desde la necesidad de preservar un paisaje que ya forma parte del imaginario de una comunidad que lo reclama para sí. “Un día, las orugas de las excavadoras dejaron de chirriar. Los trenes no vinieron más a cargar, los camiones se quedaron en los garajes y los hombres en sus casas. Por las pistas de explotación sólo circulaban ahora el viento, el silencio….” (Arribas, 2000: 2).
Fleje
Del cat. dialect. fleix 'fresno', por cruce con fleixir 'doblegar'.
- m. Tira de chapa de hierro o de cualquier otro material resistente con que se hacen arcos para asegurar las duelas de cubas y toneles y las balas de ciertas mercancías.
Las obras de esta muestra se centran en dar cabida a esos materiales recopilados de las minas de Ojos Negros y de las simas de las minas a cielo abierto, que conviven con el polvo de minerales y testigos cilíndricos de rocas que formaban parte de la litoteca de la compañía de Sierra Menera. Podría decirse que los soportes bidimensionales en los que son insertados fuerzan un espacio de contención en el que material emerge y toma agencia implicando una relación dinámica de interacción entre el espectador, su propia historia y sus devenires en el tiempo. Elementos que nos hablan de su historia geológica, de las relaciones de quienes los utilizaron y los extrajeron y el camino que han recorrido hasta quedarse, por el momento, inmóviles en los cuadros.
Observo en Ferrografías un trozo de metal incómodo con su posición, que desangra su óxido tiñendo el alabastro que lo limita, lo fija y me pregunto ¿Se retuerce? ¿Por qué? ¿Serán estas torsiones expresiones de una tensión contenida? ¿Será una coreografía a través de la cuál devenir cuerpo? ¿Fleje, qué historias condensas? ¿Qué caminos has recorrido?, ¿Cuáles serían tus movimientos si pudieras escapar de los márgenes del cuadro?
Imagen 1. Ferrografías. Fleje de hierro y polvo de albastro sobre tabla, 2022.
Es en esa fijación en la que los recursos formales de Diego Arribas entran en juego para acompañar aquello que los objetos y elementos industriales traen consigo. Estrategias cromáticas que fuerzan el contraste conviven con aproximaciones en las que los materiales toman cuerpo y se expanden en el espacio del cuadro, cuyo límite queda marcado por los márgenes del soporte que encapsula esa explosión matérica y la vuelven explícita, induciendo una visualidad háptica. El juego constante entre bidimensionalidad y tridimensionalidad posibilita la comprensión de las obras como dispositivos arqueológicos que dan cabida a las cualidades formales de los diversos elementos a la vez permiten que reverberen todas las historias que condensan. En otros casos, las composiciones geométricas remiten al carácter pétreo que contrasta con el imaginario orgánico de la naturaleza para reflexionar sobre condiciones de interdependencia, en las que el binomio natural-artificial se deshace. “Importa qué nudos hacen nudos, qué pensamientos piensan pensamientos, qué descripciones describen descripciones, qué lazos atan lazos” (Haraway, 2020: 12). Estos cuadros parece que surgen de la lucha de capturar lo inapresable o detener el tiempo para dar una tregua que propicie otras relaciones transformadas por la experiencia artística a través de la cuales fabular e imaginar.
Parece de interés aludir a estas obras más allá de su condición de objetos, para centrarnos en espacios imaginados con materiales que compendian procesos. Estos procesos proponen dos recorridos. El primero es el de los propios materiales incorporados a las obras. Materiales específicos de la actividad industrial minera de la Sierra Menera, testigos de la acción sobre el territorio que ha dejado rastro en sus grietas, sus pátinas, sus formas desbastadas. Materiales que nos permiten pensar de manera situada, a partir y a través de ellos, ubicándonos en ese territorio para reconocer la contingencia y las relaciones históricas que forman parte de los mismos y de nuestras interacciones con ellos. En segundo lugar, los procesos implícitos en los modos de hacer del artista, en los que los paseos y recorridos por los paisajes mineros son esenciales dentro de la dotación de sentido de sus obras. Estos detonantes experienciales de la práctica artística en taller y el trabajo de campo que suponen, adquieren un valor clave junto con otros elementos testimoniales e icónicos de la actividad industrial llevada a cabo en estos espacios. Estos procesos se ven complementados por unos haceres artísticos cargados de imaginación material (Soto, 2022). Podría decirse que hay una parte del proceso en el que la pintura se pinta a sí misma, en los derrames o en el contagio del óxido entre materiales, que dejan su rastro en las obras a través del color y de la forma. La interacción con los materiales con capacidad agencial influye en los procesos creativos de Diego Arribas, dando paso a una performatividad de la materia que afecta al campo de lo sensible, a través de las cuales va dando forma a sus propuestas.
Un paseo por la exposición Sunshine revela todas estas afectaciones. Un espacio en el que materia y discurso están interconectados, imbricados en historias, ensamblajes y territorios para especular e imaginar paisajes a través de los cuales pensar la alteridad como posibilidad. Obras que actúan como flejes asegurando las memorias de los materiales que han quedado consolidados en ellas pero que a su vez portan la capacidad de afectar y ser afectados, contribuyendo a la experiencia estética y simbólica que evocan.


