La posmodernidad puso el foco de atención en el conflicto entre individualidad y colectividad, la lucha de clases en una sociedad fagocitada por el imperialismo capitalista. En la actualidad han sido muchos los artistas que se han interesado por las consecuencias de esta situación, transmitiendo a través de sus obras un mensaje de reflexión y autocrítica. El ejemplo más reciente se plasma en la exposición “Statu Quo. Gema Rupérez”, donde existe «un combinado de acciones nacidas en la desobediencia con el objetivo de contener los horizontes de opresión que empañan nuestro futuro», tal y como indica su comisario, Adonay Bermúdez.
Gema Rupérez es una de las artistas contemporáneas más prolíficas del panorama aragonés. Su producción ha estado presente en lugares como Kiosko Galería (La Paz, Bolivia), Instituto Cervantes (Palermo, Italia), Acervo Galeria (Lisboa, Portugal), Centro Cultural Conde Duque (Madrid, España), North End Studios (Detroit, EEUU), Yam Lau (Toronto, Canadá) o Nagasaki Prefectural Art Museum (Nagasaki, Japón). Además, ha obtenido diferentes galardones, como el Premio JustMad de la Fundación Enaire (2018) o la Beca Ramón Acín de la Diputación Provincial de Huesca (2017).
En esta ocasión propone seis obras de nueva producción que interactúan con el espectador, buscando su participación física en ellas o invitándole a pensar en el conflicto que ponen de relieve. La muestra la forman Trans -postales con impresión lenticular que juegan con las palabras REDES/RESES y CHANGE/CHANCE-, Star -audiovisual al que acompañan tres camas elásticas, hilo de algodón y galones militares-, White collar, blue collar -piezas de chaquetas y pantalones azules sobre los que coloca doce cuellos de camisas blancas, en una clara alusión a la bandera europea-, Statu Quo -mapamundi de metacrilato con lentejuelas que vibran y caen cuando el espectador se aproxima-, Data lake -instalación interactiva en donde el visitante se enfrenta con una enorme piscina en la que se proyecta una sucesión de ceros y unos- y Bandera blanca -una de las piezas principales, formada por seis máquinas de coser que comienzan a funcionar acompañadas del himno de China cuando el público se aproxima-.
El recorrido planteado en el IAACC Pablo Serrano busca generar una disrupción en la forma de observar el mundo que mantienen los espectadores que se acercan a la muestra. Ya sea para abrir caminos nuevos ante problemáticas que no hemos llegado a plantearnos o para desarrollar vías que actúan como piezas complementarias de un puzle en nuestro pensamiento. En este sentido, existe un término vertebrador: la idea del mapa o de la cartografía y su subversión. El trabajo de Rupérez aporta un giro a conceptualizaciones a las cuales estamos acostumbrados, con las que convivimos. Nos enfrenta directamente a ellas en su parte menos visible, pero a su vez más importante. Nos muestra aquellos pilares sobre los que se construye el mundo contemporáneo. Un gigante con pies de barro en el que el estado-nación se vuelve cada vez más fluido en manos de las grandes corporaciones que controlan el mercado. En el que tienen poco sentido ya ciertos símbolos. Un mundo que podemos modificar con la acción colectiva, observando el plano creado a vista de pájaro. Llegando a la conclusión de que, al fin y al cabo, lo que vemos son tan solo meras líneas que no tienen que marcar las fronteras de nuestra vida.