Sorolla y las mujeres

La vida de Joaquín Sorolla (1863-1923) transcurrió en una época de profundos cambios sociales, entre ellos, uno de los más llamativos a la vista era la presencia de las mujeres en determinados ámbitos sociales. No estamos ante un pintor feminista ni reivindicativo  de los derechos sociales de las mujeres, pero sí un captador de la realidad circundante. Las mujeres son, para Sorolla, una parte importante del bello espectáculo. Son mujeres trabajadoras, mujeres de campo y puerto, mujeres puras y mujeres perversas, mujeres devotas y mujeres sensuales, mujeres burguesas, mujeres sofisticadas, mujeres modernas… En definitiva, un amplio abanico de roles y situaciones que nos asoman a la representación de la mujer en la sociedad y, en consecuencia, en el arte de aquel momento.

El Museo Sorolla, ofrece la oportunidad de acercarse al universo de lo femenino desde la óptica particular y personal del pintor valenciano, a través de la exposición temporal Sorolla femenino plural. Una exposición única para dar a conocer al público obras de Sorolla que no han sido expuestas con anterioridad, ya que pertenecen en su mayoría a colecciones particulares.

La cuestión femenina

En la época de Sorolla, muy pocas eran las mujeres que podían aspirar a una relativa independencia, y prácticamente las únicas maneras de alcanzarla eran tener fortuna propia o una profesión artística: de no ser rica, solo una voz excepcional, el talento escénico o alguna otra cualidad extraordinaria permitían a una mujer disponer hasta cierto punto de su vida. Nacer en una familia acomodada y recibir una buena educación era un buen principio. 

Desde el último tercio del siglo XIX las mujeres burguesas se  van profesionalizando, poseían una sólida base cultural: habían cursado secundaria, en muchos casos poseían títulos universitarios y, en general, dominaban varios idiomas; Son las “nuevas mujeres” —emprendedoras, independientes, seguras de sí mismas, las hijas indómitas de la burguesía—  que entonces son percibidas como un atentado contra las reglas establecidas.

A comienzos del siglo XX, la imagen de la mujer cambia completamente. En 1907 se crea la Junta para la Ampliación de Estudios, introduciéndose la gran novedad de que las mujeres podían solicitar las becas que ofrecía para estudiar en el extranjero. Y bajo los auspicios de la Junta se funda en 1915 la Residencia de Señoritas, cuya finalidad era semejante a la de la Residencia de Estudiantes creada en 1910. Las mujeres quieren ser algo más que una bella representación esbozada por un pintor, quieren tener su propia voz. En España, las mujeres se hicieron presentes al lograr la ciudadanía política, aunque esta no se conseguirá hasta 1931, con la Segunda República. Pero esa, ya es otra historia.

La presente exposición se divide en cinco ámbitos expositivos, la sección dedicada a las escenas familiares, sólo se expone en la Fundación Bancaja de Valencia. 

La vida doméstica fue uno de los grandes temas incorporados  a la pintura del siglo XIX, tras la llegada del realismo social que atrajo la mirada  hacia esos escenarios cotidianos hasta entonces ignorados en las artes;  tanto las labores del campo como los trabajos en las fábricas, que la creciente industrialización hace proliferar, son ahora un tema frecuente e implican siempre una denuncia de las miserias y las injustas condiciones que sufren los más débiles. Esas tareas forman el corpus completo del mundo laboral femenino representado por Sorolla. De entre todos los trabajos que desempeñaban las mujeres, se aceptaban aquellos que se consideraban como una prolongación natural del carácter femenino: coser la red o recolectar la cosecha, y cuidar a los niños, tanto propios como ajenos. El mundo del trabajo femenino incluye otro de los papeles destacados de la mujer: la mujer-madre. La maternidad es la función fundamental de la mujer, por encima de cualquier otra consideración. 

También se insertan en este ámbito, a las mujeres que aparecen en la pintura regionalista, de moda en esa época, en la que se identifican los prototipos de cada territorio de España. De la misma manera, las valencianas de Sorolla son locales, vistosas y no muestran preocupaciones sociales más allá de las escenas marcadas por la cotidianidad festiva.

El otro ámbito expositivo que destacamos es el de los retratos de mujeres burguesas y aristocráticas, que son realizados por encargo, elegantes, refinados, de portes nobiliarios, en los que la indumentaria adquiere un protagonismo fundamental. En algunos de ellos incluso se trasluce el afecto hacia las representadas. Las efigies de aristócratas y burguesas de Sorolla se articulan en torno a dos tipos: por un lado, las mujeres de sus propios amigos, y, por otro, las damas que buscan el reconocimiento de su educación y cultura utilizando signos  “parlantes” de su intelectualidad y la riqueza de las calidades y ambientes.

Este recorrido por los distintos tipos de mujer que Sorolla pintó a lo largo de su vida, es un punto de partida para mirar y comprender, para indagar; Sorolla se muestra casi siempre admirador de las fortalezas femeninas, y compasivo de los males que las afectan. Como testigo de su tiempo que fue, Sorolla, nos ofrece una visión siempre positiva de los tipos femeninos, sus imágenes, son una espejo al que asomarnos, pero con la mirada del siglo XXI.