La relación entre moda y pintura tiene su origen en la modernidad estética. Para los pintores, la moda ha sido un foco de interés: la captación de las diferentes texturas, los colores, la sutileza de la luz entre los pliegues, etc. La capacidad narradora que ejerce, el impacto de la moda en el arte, responde precisamente a un notablemente enriquecido por la percepción personal del artista. Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, apareció entre la alta aristocracia europea de la belle époque, una alta burguesía urbana con un elevado nivel adquisitivo que aceleró una economía productiva con capacidad de fabricar gran cantidad y variedad de mercancías. Este hecho dio lugar a un emergente y floreciente mercado integrado por clientes que podían permitirse bienes antes solamente al alcance de las clases más privilegiadas.
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y el Museo Sorolla organizan una exposición dedicada a la presencia de la moda en la obra de Joaquín Sorolla que tendrá lugar, de manera simultánea y complementaria en ambas sedes. Sorolla y la moda, que así se titulada, está compuesta por más de setenta retratos femeninos pintados por el artista valenciano entre 1890 y 1920, procedentes de museos y colecciones privadas nacionales e internacionales -algunas de ellas nunca expuestas públicamente-, junto a un destacado conjunto de vestidos y complementos de época, que dialogan en las salas con los retratos- valiosas piezas todas ellas-, prestadas también por importantes instituciones y colecciones particulares, muchas de ellas inéditas. No hay ninguna duda respecto al prestigio que tenía Sorolla como retratista entre la alta sociedad española de su época. En su galería de retratos, plasmó claramente las ambiciones y los anhelos de distinción de este grupo social privilegiado, es más, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que algunas de sus pinturas se pueden considerar piezas esenciales en la historia de la retratística española. Todo el mundo sabe que la indumentaria nos dice, a veces con más precisión que la documentación escrita, quiénes somos y cuál es nuestro posicionamiento económico y social. A lo largo de la trayectoria como retratista de Sorolla encontramos a un artista sublime, sin concesiones, sin efectos superficiales o vistosos tan del gusto de sus habituales clientes, en los que, en muchas ocasiones, se recreaba con sus pinceles, confiado en su extraordinaria habilidad para los detalles.
En sus inicios como pintor, y hasta que adquiere cierto renombre, el artista usará a su familia como tarjeta de presentación para mostrar y atraer a una creciente clientela que los ve expuestos en su casa y su taller, así como en las distintas exposiciones: Mi familia, La grupa o Mi mujer y mis hijo, Clotilde García del Castillo, Clotilde con traje gris o Tomando el té en el jardín de casa o Clotilde en el jardín –debemos recordar que los Sorolla, en la medida en que el pintor comienza a ascender en la escala del éxito, empiezan a integrarse ya en la alta sociedad. La aristocracia y la alta burguesía ya no son solo clientes, sino que se convierten en su entorno más cercano-. El ejemplo más significativo, será la posesión de dos piezas únicas y exclusivas del momento, un vestido y una camisa Delphos de Mariano Fortuny y Madrazo, que figuran en la muestra bajo el título Elena con túnica amarilla, uno de los más bellos retratos de la historia de la pintura firmado por el artista en 1909. La musa de Sorolla es Clotilde y las imágenes de su esposa son los retratos reales de una mujer de su tiempo con un alto estatus económico y social. En las imágenes de Clotilde, se aprecia una evolución: desde sus primeros retratos, en los que aparece sentada en sillas y ante fondos neutros, hasta los más sofisticados, en los que reposa sobre sofás y se construyen a partir de perspectivas diagonales.
Como ya hemos afirmado, Sorolla fue uno de los pintores más solicitados, buena prueba de ello, se puede apreciar en la muestra al contemplar la cartera de clientes que tenía el artista valenciano. Desde la realeza: La reina Victoria Eugenia, Retrato del rey Alfonso XIII con uniforme de húsares o Retrato del rey Alfonso XIII y su madre la reina María Cristina, así como a miembros de la aristocracia y burguesía, tanto española como americana: Retrato de la condesa de Santiago, Retrato de María Luisa Martínez de Tejada, Retrato de Amelia Romea, señora de Laiglesia,Retrato de Miss Mary Lillian Duke, Mrs. Winthrop W. Aldrich o Mrs. William H. Gratwick. El mar, y con él la vibrante y amplia paleta luminosa que tantos éxitos dio al artista valenciano, está también presente en la muestra. En la segunda mitad del siglo XIX se descubren los efectos terapéuticos de los baños en el mar, empiezan a ser populares entre los primeros veraneantes españoles y acompañando a estos, aparecen sus sofisticados complementos, como las sombrillas y los sombreros, desempeñando un papel fundamental en estos escenarios elegantes: Paseo a orillas del mar, María en el puerto de Jávea o Bajo el toldo, playa de Zarautz.
El peculiar afán de Sorolla por hacer de la belleza la causa inmanente del arte le acompañó siempre en su devenir creativo por un mundo cambiante y efímero como era el cambio de siglo, de sus manos brota un preciso muestrario de la moda y el arte, que van unidos el uno al otro, y que discurre desde la modernidad y las nuevas tendencias, en unas ocasiones, hasta el propósito indiscutiblemente clásico en otras.