El dibujo, es una expresión artística con entidad propia. Prefacio de la obra definitiva del artista, que define su creatividad. Para la práctica de esta técnica, el artista se vale de materiales como son un lápiz, una pluma o cualquier objeto semejante. Al contrario que en España, que consideró el dibujo como “arte menor”, Italia lo valoró como plasmación directa y genuina, llegándolo a comercializar como sí de una obra de arte se tratara. Muchos dibujos de los artistas más notables de los siglos XVIII- XIX, duermen ocultos, el sueño de los justos, en carpetas y álbumes de museos y bibliotecas de todo el mundo, esperando ser estudiados y catalogados. Para los modernos artistas decimonónicos, los dibujos habían llegado a constituirse en obras preciadas dentro de la producción de los artistas, que los regalaban, exponían y atesoraban como una faceta más de su trabajo, muestra también de su maestría-Ningún pintor formado en la Academia en el siglo XIX dibujará mal. La Academia no transmite el genio, pero sí un oficio sólido y, desde luego, una disciplina estricta en relación con el dibujo, que, en España y en tiempo de Sorolla, seguía considerándose el fundamento de la pintura-Sorolla y sus contemporáneos eran, pues, conscientes de la importancia del dibujo, no solo como apoyo a la realización de obras pictóricas, sino también por sí mismos, porque en ellos “se encuentra la clave de la expresión”.
Los dibujos de Sorolla son un aspecto no tan conocido de su obra, y el propio pintor apenas los expuso ni los vendió. No los consideró productos acabados y, de hecho, no suelen serlo: son estudios, apuntes, ideas, notas…Cuando vemos un cuadro de Sorolla, siempre se habla de su espontaneidad, de su rapidez de ejecución y capacidad para fijar el instante fugaz, en cambio la gráfica de Sorolla nos proporciona muchos otros datos del pintor, especialmente de su actividad creativa: cómo era su forma de trabajar, qué le interesó, qué caminos siguió y cuales abandonó, en qué tipo de cosas se fijaba, cómo entendía el arte, incluso qué reflexiones le suscitaban sus propias obras. Pero también nos ayuda a profundizar en aspectos de su personalidad, como su enorme disciplina y carácter infatigable, su amor por la naturaleza y por la familia, su sentido del humor. Sorolla mostró siempre una clara preferencia en sus dibujos por el uso del lápiz y del carboncillo, pero también empleó otros procedimientos como la acuarela o la tinta la pluma o pincel. Por fortuna se conservan bastantes cuadernos más, aún completos y encuadernados, de diferentes épocas y de diversos tamaños. En ellos se mezclan distintos dibujos en cuanto a técnicas y temas, lo que nos da una idea de cómo el pintor trabajaba continuamente. Con el carboncillo obtiene un perfilado preciso, un acabado perfecto en carnaciones y cabello, sirviéndose de los suaves difuminados para sombrear. Con el clarión marca ligeros puntos de luz, y con el blanco luminoso del gouache consigue definir el volumen a base de pliegues en la zona del cuerpo, una zona que deja apenas apuntada con el carboncillo por la parte inferior, como si la figura se desvaneciera, algo acorde con su manera de dibujar.
Una exposición, en la casa-museo que lleva el nombre del pintor valenciano, aborda este y otros temas. El caso de Sorolla es fundamental para avanzar en el análisis de su técnica y para comprender los retos que le planteaba cada una de sus obras. Resulta especialmente interesante para entender la relación de Sorolla con el dibujo, y en definitiva, para llegar a conocer mejor al artista y su obra. La delicadeza de los materiales gráficos y su extrema sensibilidad a la luz desaconsejan, además, que se expongan con frecuencia, por lo que esta muestra se presenta como una ocasión excepcional.
Dibujante prolífico y constante.
Hemos visto cómo el dibujo es en muchos casos el principio de las grandes obras de Sorolla, ya sea en bocetos rápidos, a veces en hojas robadas a otros fines o en las líneas sobre el lienzo para componer sus cuadros, que tapará después con la luz tan característica de su obra. Porque Sorolla, ante todo y sobre todo es pintor, y por eso, también es dibujante. Dividida en cuatro bloques, la exposición comienza con algunos dibujos realizados por un Sorolla muy joven, que acaba de terminar sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. En ellos predomina el paisaje tomado directamente del natural, en la línea de lo que venía haciéndose en la escuela levantina, y que el pintor explora con distintas técnicas: lápiz o carboncillo, acuarela, tinta o gouache. Técnicas que utilizará ya, en mayor o menor medida, durante toda su carrera. Todo se va reflejando en sus dibujos, como se percibe en la selección de este primer apartado. Realizados en soportes muy distintos, con técnicas y estilos diferentes, en ellos vemos la seguridad que va adquiriendo la línea y la evolución del trazo, así como la modificación temática que van experimentando. Nos muestran también cómo trabaja el pintor, cuáles son sus intereses, hacia dónde se encamina su búsqueda. El dibujo como canal de experimentación y disfrute parece alcanzar su máxima expresión en las escenas de intimidad dentro de su hogar. De la familia del pintor se conservan numerosos dibujos, en los que vemos a su mujer, Clotilde, o a sus hijos, María, Joaquín y Elena, mientras realizan tareas cotidianas como coser, estudiar, leer o jugar, y a veces posando. Estos dibujos son de los más bellos del pintor, porque plasman la vida cotidiana mejor que lo harían las fotografías, y además nos presentan a la familia de Sorolla a través de sus ojos. En muy pocas ocasiones serán estos dibujos estudio para una obra posterior, pues son puro entretenimiento.
A lo largo de la carrera del artista vemos un uso constante del dibujo para estudiar composiciones, algunos son estudios de parte o de la totalidad de la composición en los que el pintor intenta ordenar la escena, colocar cada figura en su lugar para hacerse una idea de conjunto. Son, por tanto, dibujos rápidos, de trazos fugaces y certeros, en los que las figuras son, en muchos casos, meros bultos. Estos dibujos nos sirven para introducir otro tipo de dibujo de Sorolla, el que realizará directamente sobre el lienzo. En esta sección de la muestra, pueden verse algunos de los dibujos preparatorios más espectaculares de Sorolla. Su contemplación y análisis ponen de manifiesto cuánta premeditación, cuánto estudio y trabajo hay detrás de sus lienzos. Destacan por sus grandes dimensiones, con más de dos metros de alto, los dos dibujos previos para sendos retratos del rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, que se muestran por vez primera.
El mundo a través de los ojos de Sorolla.
La vida que el pintor valenciano plasma en estos dibujos es la cara amable y alegre de la ciudad, sus momentos de ocio, los ambientes llenos de elegantes burgueses. La fama que obtuvo en vida el pintor, le permitió viajar mucho, conocer grandes ciudades como París, Londres, Nueva York, a codearse con importantes personalidades, a moverse en ambientes cosmopolitas. Probablemente fue París la que despertó en el pintor un mayor interés por las escenas que se desarrollaban en las calles y en los establecimientos públicos. Sorolla, más interesado en ese momento en el naturalismo que en el impresionismo, no fue sin embargo ajeno al embrujo que la vida de la gran ciudad ejercía sobre los artistas. De la estancia de Sorolla en Nueva York ese año de 1911, se conservan también una serie de dibujos- tomados desde las altas ventanas de la habitación del hotel y pintadas al gouache, que se exhiben todas juntas por primera vez en el Museo-, con lo que el pintor nos dejó otro testimonio de la vida de las grandes ciudades, no la que se desarrolla en el interior de cafés y teatros, sino la que sucede en sus calles, verdaderos escenarios de los cambios profundos y vertiginosos que experimentaba la urbe a principios de siglo.
Sorolla. Dibujante sin descanso. Fundación Museo Sorolla. Hasta el 10 de mayo del 2020


