Serie ibicenca: la estancia de Walter Benjamin en Ibiza, a los ojos de Gonzalo Elvira

Los pensamientos son libres, ¿quién puede adivinarlos? Se pasan volando como sombras nocturnas, ninguna persona puede saberlo, ningún cazador puede matarlos con pólvora o plomo: ¡los pensamientos son libres!

Die Gedanken sind frei [Los pensamientos son libres]

 

Al acceder al espacio D de Es Baluard uno escucha la inquietante melodía de esta canción medieval alemana, recuperada durante los años 30 por el grupo de resistencia Die Wiesse Rose [La Rosa Blanca]. Aquí es interpretada por la cantante y compositora alemana Juliane Heinemann para una animación del artista Gonzalo Elvira (Patagonia, 1971), en la que se alternan varias imágenes de planos-retratos del rostro de Walter Benjamin, alternados con un gorrión que alza el vuelo. En 1933, coincidiendo con la estancia de Benjamin en Ibiza, Manuel Azaña nombró a Franco como Jefe de la Comandancia Militar de Baleares, con el objetivo de alejar un peligro que Azaña ya intuía. La exposición parte de la hipótesis de que Benjamin y Franco coincidiesen durante un desfile militar en San Antonio. Y es que, la sombra que planea sobre la exposición es la misma que se proyectaba sobre el propio Benjamin a comienzos de los años 30: en aquel momento el pensador alemán vivía un periodo de penuria económica al que se sumaba una situación sentimental decepcionante y, en 1933, Hitler accedía al poder como canciller de Alemania.

En la primavera de 1932, Benjamin desembarcaba en Ibiza. En aquel momento la isla seguía siendo un recóndito rincón del Mediterráneo: pobre, pero paradisíacamente soleado. Era la promesa de curación y consuelo para un escritor que comprobaba como en el nuevo régimen nacionalsocialista no quedaba sitio para pensadores judíos, comunistas y decadentes. Benjamin huye del supuesto progreso de la metrópolis, de la evolución técnica que ya había conducido a la civilización a vivir su mayor grado de deshumanización durante la primera guerra mundial. Frente a la barbarie, sus estancias en Ibiza le permiten descubrir formas de vida austeras, junto a una arquitectura tradicional cuyas formas recuerdan a las construcciones más vanguardistas de la Bauhaus. Ibiza es para Benjamin un último instante de gozo en un ambiente paradisíaco antes de la catástrofe, una «arcadia de emergencia» en la que escribir, pensar, pasear. Ibiza es un preludio soleado del exilio emprendido a partir de octubre de 1933. Además el Mediterráneo balear es una premonición del propio final del escritor, de su suicidio huyendo del nazismo en Portbou, entre el Pirineo y el mar de la Costa Brava.

Las estancias de Benjamin en Ibiza han sido investigadas por el escritor ibicenco Vicente Valero, autor de la obra Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza (2017). En Ibiza Benjamin coincidió con su viejo amigo el escritor, traductor y filósofo Felix Noeggerath, el historiador del arte y crítico Jean Selz y Raoul Hausmann, uno de los pioneros del dadaísmo. Benjamin llegó a Ibiza a propósito de un encuentro en febrero de 1932 en Berlín con Noeggerath, quien le contó su propósito de asentarse en la isla balear para que su hijo Hans concluyese su tesis doctoral sobre el habla de los payeses ibicencos. Dos meses después, Benjamin llegaba a Ibiza, un lugar en el que podía sobrevivir por poco dinero «entre 60 y 70 marcos al mes». Una de las fotografías que han quedado como testimonio del paso de Benjamin por las Pitiusas muestra al pensador vestido con camisa de lino blanca, gafas de sol, tumbado entre el sol y la sombra en una barca junto a Jean Selz, un nieto de Gauguin y un pescador ibicenco.

El libro de Vicente Valero recoge materiales muy diversos, sobre todo correspondencia en forma de cartas y postales, narraciones breves, reseñas de libros, etc. Esta amalgama de documentos ha servido a Gonzalo Elvira para transformar el espacio D de Es Baluard en una suerte de biblioteca o de archivo en el que el artista de Patagonia presenta imágenes a modo de «fantasmagorías del pasado», en palabras de Paula Kuffer, que traen al presente historias petrificadas, dándoles una nueva vida, resignificándolas. Para Benjamin la historia no se compone de historias, sino de imágenes. Y para él, sus imágenes reflejarán en el futuro la historia de una generación vencida.

Gonzalo Elvira reinterpreta los materiales benjaminianos con una técnica muy personal caracterizada por la utilización de la tinta sobre el papel, en ocasiones dibujando sobre materiales como páginas de enciclopedias. Elvira resignifica los fragmentos de un pasado disgregado y triturado por el horror del nazismo. Su trabajo recupera sobre todo las fotografías que hasta nosotros han llegado del paso de Benjamin por Ibiza. La técnica dibujística de Gonzalo Elvira reinterpreta instantáneas en las que vemos al pensador disfrutar de la naturaleza, del sol y del mar. A ellas se suma la animación antes mencionada, en la que las imágenes en movimiento, dibujadas por Elvira se suceden. El artista también idea portadas de libros ficticias, que buscan ampliar las historias a través de las imágenes, creando un relato coherente con el pensamiento benjaminiano.

La exposición, comisariada por Juan de Nieves, es pequeña pero no simple. El artista y el comisario han generado un discurso en el que la humildad del arte de Elvira genera varios registros discursivos que ofrecen al espectador la posibilidad de contemplar con nostalgia esa Ibiza arcádica que ya no existe y experimentar el desasosiego de los años 30, antes del cataclismo que conduciría a Benjamin a envenenarse tomando una dosis letal de morfina.