Sergio Muro: performance total

Sergio Muro es un artista de aquí que parece una persona de otro mundo, quizá porque lleva ya recorrida una amplia trayectoria internacional, incluidas algunas estancias en Japón, cuya cultura zen tal vez le haya inspirado su apelación a una “Felicidad Absoluta”, aunque echando mano al inglés, de donde ha adaptado el usual modismo plain happiness para afirmar coloquialmente que él está plain happy, feliz sin reparos. No le faltarían motivos para ello, pues efectivamente esta gran exposición en el IAACC Pablo Serrano marca un momento triunfal en su carrera artística, que además ha coincidido con la feria de ARCO 2018, donde su participación en el stand de Aragón ha dado ocasión a provocadoras performances suyas que se han hecho virales. Otro tanto puede decirse del propio evento expositivo, que ha insuflado renovada vitalidad al museo con numerosas actividades públicas y talleres inclusivos organizados por él hasta el más mínimo detalle, siempre con gran difusión en las redes sociales, atrayendo así nuevos espectros de públicos en el espacio museístico y más allá. Se nota que es también un comisario y comunicador profesional además de una excelente persona que irradia simpatía, lo que se traduce en miles de amigos y seguidores de todo tipo, no solo virtuales. Buena prueba de ello son los muchos colaboradores de variadísimas disciplinas, desde músicos a historiadores del arte, que han intervenido en la programación de esta exposición, amén del numeroso público asistente. Casi va a suponer un desafío tomarle el relevo para otros artistas que le sigan, porque no suele ser el rol de quien protagoniza una exposición involucrarse a tal punto en la tarea curatorial ni compartir tan colectivamente el protagonismo de una supuesta muestra monográfica. Entre otros muchos colaboradores presentes de una forma u otra, ha conferido atención muy destacada a Lucio Cruces, su habitual “pareja artística” en las performances, y también al escultor Ángel Laín, autor del retrato dorado de Sergio a tamaño natural en actitud reconcentrada, remedando la serenidad de la iconografía budista o el hieratismo de la estatuaria egipcia… O al pensador de Rodin, una referencia histórico-artística favorita de nuestro artista cuando, completamente teñido de color oro, posa a manera de tableau vivant imitando famosas estatuas en sudivertida performance titulada “Yo soy la obra”. 

He ahí una clave interpretativa autorreferencial que no debe pasar desapercibida a observadores atentos. La perenne sonrisa de Sergio Muro parece socrática o volteriana, porque detrás hay desbordante pensamiento e ironía. El alegre hedonismo y los vivos colores del Pop Art y sus fondos planos son un estilema personal muy recurrente en las pinturas que llenan la mitad de esta exposición, como muy bien ha escritoen los textos de sala Lucia E. Colom, quien también acierta al relacionar sus pinturas con las composiciones abigarradas del comic, tal como dispone sus personajes, dibujados con un buscado primitivismo, a la manera del Art Brut. Son homúnculos expresionistas más cercanos por su cromatismo a José Moñú que al fuliginoso fatalismo de Antonio Saura o Víctor Mira, por citar algunos puntos de referencia aragoneses: en la tierra de Goya seguimos teniendo no pocos artistas cuyos repertorios visuales parecen surgidos de alguna pesadilla, demonios del mundo interior de su cerebro en ebullición. Como esos ilustres paisanos, también Sergio ha adoptado una distintiva manera de aparecer en público que ya forma parte de su propia idiosincrasia artística: efectivamente, él es la obra de arte, nunca mejor dicho, pues se dedica sobre todo a las performances en las que su atlética figura es el foco de actuaciones muy en la tradición americana del Body Art e incluso con referencias gore del accionismo vienés, como documentan los vídeos y fotografías que ocupan la otra mitad de la muestra. En realidad, sospecho que toda la exposición es una gran performance, una inmensa parodia de la “institución arte”, que encumbra casi siempre a los mismos artistas y comisarios –tan felices ellos, plain happy, de conocerse– pero donde se ha colado por un resquicio este sardónico outsider, convertido a la sazón en un maestro de la “crítica institucional”, poniéndonos intelectualmente de bruces ante los postureos de la “escena artística”, muy apropiadamente llamada así, porque tiene un punto de puro teatro.

IAACC Pablo Serrano, Zaragoza

Número 42

Marzo 2018
Jesús Pedro LORENTE
Director de AACADigital
Fecha de recepción: 27/3/18
Fecha de aceptación: 28/3/18
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