La principal apuesta expositiva del Museo de Bellas Artes de Lyon para este verano es la retrospectiva sobre el pintor norteamericano Robert Guinan (Watertown, Nueva York, 1934 – Evanston, Illinois, 2016). Desde 1981, cuando el artista expuso en el Museo de Grenoble, ningún otro museo público francés (a excepción en 2005 de la Academia de Francia en Roma) había vuelto a consagrar una exposición a este creador.
La historia de Robert Guinan guarda un vínculo con el museo lionés, desde que en 1978 esta institución adquiriese el retrato de Nelly Breda, la madre de su amigo músico y compañero de juergas Emile Breda. Guinan había seguido, desde 1959, una formación artística en el Art Institute de Chicago, compaginando sus estudios de arte con otros trabajos que desempeñó para subsistir. Se casó con su compañera de formación Mary Beth Junge. Trabajó como operador de radio en el norte de África y Turquía, encontrando en la vida cotidiana y en el ambiente de los burdeles de Ankara una importante inspiración para sus pinturas. En este sentido, su intereses no fueron lejanos de los de los pintores del postimpresionismo.
De regreso a Estados Unidos, Guinan trabajó fundamentalmente en la ciudad de Chicago. Se especializó en la captación del cargado ambiente de los bares situados en barrios poblados de vagabundos y población marginada. Entre estos bares, uno de ellos inspiró varias pinturas de Guinan, el The Bohemian Club Bar. En él era fácil conocer a periodistas, expertos en cine y las conversaciones interesantes fluían con facilidad. También era el lugar en el que se facilitaban los encuentros entre homosexuales de cierta edad que acudían en busca de los jóvenes integrantes de la marina mercante durante sus permisos de vacaciones. Una de las escenas pintadas en este bar se encuentra depositada en el museo lionés. A priori podría recordarnos la célebre Nighthawks, de Edward Hopper, pintada en 1942. Sin embargo, Guinan se aleja de las vestimentas elegantes de los habitantes del cuadro de Hopper. Sus personajes no esperan a la noche para ahogar sus penas en alcohol, lo hacen a la luz del día, transmitiendo una sensación de mayor desazón.
Guinan no solo fue un pintor de escenas callejeras. Una de sus obras más destacadas fue el homenaje que hizo al escritor Jean Genet en 1965. Guinan había leído el ensayo de Sartre titulado Saint Genet, comédien et martyr. Fue a partir de esta lectura cuando comenzó a concebir su instalación en la que utilizó pintura, collage, fotografía y diversos materiales sobre tela, ensamblados sobre cuatro paneles. El resultado es una obra ecléctica en la que se aprecian claras referencias a los polípticos del arte medieval, transmitiendo una visión sacralizada del escritor francés y manifestando su interés por la figuración, alejándose de la pintura abstracta que imperaba en Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial.
Este artista asentado en Chicago demostró, a lo largo de su vida, un profundo conocimiento de muy diversas técnicas artísticas. También trabajó la litografía, representada en la exposición a través de cinco estampas de su serie Slavery. Sus obras se apoyan en el relato real de tres esclavos durante los años 40 del siglo XIX, recogido en el libro de Gilbert Osofsky, Puttin’On Ole Massa, de 1969.
Sin embargo, Robert Guinan estuvo especialmente dotado para el retrato de personajes reales, realizando abundantes imágenes al óleo o a la pintura acrílica de los habitantes de Chicago. A través de sus retratos Guinan no buscaba simplemente la captación de ciertos rasgos físicos, sino que pretendía contar la historia vital de estas personas. Es el caso de su colega Loretta, una artista comercial que durante más de veinte años pudo vivir con éxito de su arte, pero que tuvo que alejarse de los pinceles por una terrible enfermedad que entumecía sus manos. También de Geraldine, una prostituta obligada a hacer la calle al haber sido abandonada por su familia tras quedarse embarazada a una temprana edad. Geraldine explicaba orgullosa como nunca había caído en el alcoholismo ni la drogadicción y uno de sus hijos había conseguido ir a la universidad. También retrató a personajes anónimos como los trabajadores de la empresa Embassy Cleaners.
Guinan explicaba cómo para él, la parte más apasionante de su trabajo era la observación, contemplar el paso de las personas en los bares, en la calle o en un tren y, de pronto, elegir un objetivo para representarlo. El artista viajaba en líneas de metro menos frecuentadas, como la de Ravenswood, utilizando un cuadernos en el que tomaba rápidos esbozos de la postura de la persona, de su actitud, de la manera en que la luz iluminaba sus cabellos. El talento de Guinan fue precisamente el de prestar atención a esas personas olvidadas y otorgar el protagonismo a los anónimos habitantes de Chicago y el museo lionés ha acertado poniendo el acento en esa población omitida, en ocasiones, de los grandes relatos.


