Robert Capa, una perspectiva inesperada

Robert Capa (1913-1954) es, a día de hoy, un icono fotográfico bélico. Sus reportajes más conocidos, la mayor parte en blanco y negro, que dedicó principalmente a la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, y otros conflictos bélicos, le valieron el reconocimiento internacional y el ser considerado el máximo especialista de la fotografía de guerra del siglo XX. Quizás la faceta más desconocida del emblemático fotoperiodista sea que, algunas de sus imágenes bélicas se centraban en las personas, civiles y soldados, antes, durante y después de la batalla. Capa fue testigo del ascenso de Hitler al poder, y de la mayor parte de la maldad  humana, que una guerra, sea en el lugar que sea, puede proporcionar. Pero tras esa imagen bélica se esconde un Capa de una prodigiosa capacidad creativa, que será usada para realizar otro tipo de imágenes en este caso a color. Este y no otro es el objetivo de la exposición Robert Capa en color, que estos días puede verse en el Caixaforum Zaragoza.

Se trata de una recopilación de más de 200 imágenes que el mítico fotógrafo capturó en color, así como documentos personales y revistas en las que aparecieron las imágenes originalmente. La muestra está dividida en16 ámbitos categorizados por destinos. Debemos recordar que Capa se iniciará en la fotografía en color en el año 1938, sólo dos años después de que Kodak desarrollara el Kodachrome, el primer rollo de película en color, mientras cubría la guerra chino-japonesa. La muestra ofrece una visión del mundo significativamente diferente a lo que estamos acostumbrados a ver del fotoreportero húngaro. Incluye encargos que van desde la elegancia de las capitales europeas a los conflictos contemporáneos. La URSS, el estilo de vida de la costa francesa, la moda del esquí en las montañas suizas,  o reportajes a personajes ilustres como Pablo Picasso, Humphrey Bogart, Ava Gardner, Truman Capote o Ernest Hemingway.

En el año 1947, tras fundar la agencia Magnum, Capa  viajará  a la Unión Soviética, para hacer un reportaje sobre las vidas y opiniones de los ciudadanos rusos corrientes. En los años posteriores viajará por varios países: Marruecos, Israel, Noruega, Roma en 1951, en donde plasmará una ciudad glamurosa llena de gente elegante enfrascada en una fiesta perpetua, alejada de la destrucción de la posguerra, lista para entrar en la dolce vita. También visitará París, entre 1933-1939, donde Capa presenta una oda a la ciudad, como un escenario permanente para el amor. Durante los años 40 Capa conocerá a muchas estrellas de cine, a los que realizaba retratos a color, se trataba de primeros planos, capturando el movimiento de las estrellas cinematográficas de la época. En 1953, Capa manifestó estar preparado para “volver al trabajo de verdad”, habiéndose terminado el periodo de “los peliculeros”. Como es sabido, durante su estancia en Japón Capa recibió un telegrama en el que solicitaba que sustituyera a otro fotógrafo para acudir a Indochina. Cuando se dirigían a Thaibinh Capa bajó del convoy y caminó solo. Fotografió a los soldados que avanzaban a través de los campos y, al trepar el muro de una acequia que bordeaba la carretera, pisó una mina y murió. Su tenacidad, en un campo dominado por el blanco y negro, hizo que algunas de sus instantáneas en color mostraran una visión del mundo más lúdica y próspera, siendo por ello uno de los grandes creadores visuales del siglo XX en nuestra forma de ver el mundo.