Retrospectiva de Mario Merz y sus reflexiones poéticas

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía abre las puertas del Palacio de Velázquez para acoger una amplia retrospectiva del italiano Mario Merz bajo el título El tiempo es mudo, el cual está inspirado en uno de los poemarios que él mismo escribió, ya que uno de los objetivos de esta exposición es rescatar la faceta poética del artista povera a través de su obra. Más de medio centenar de trabajos se han reunido, desde sus inicios hasta el final de su trayectoria, a través de los cuales se hace un recorrido por el complejo universo de Merz. Las piezas aquí expuestas mantienen un diálogo con el exterior, el Parque del Retiro, pues el interés por la naturaleza hace que se convierta en el escenario ideal para la exposición de su obra artística. Al mismo tiempo, las piezas mantienen un diálogo entre todas ellas, en busca de la armonización con la ecología, la poesía y la vida plena.

Se han seleccionado para la muestra obras procedentes de diferentes museos y colecciones, las cuales ilustran la iconografía y la poética del artista povera Mario Merz, que estaban conceptualmente creadas en base a un imaginario pre-moderno, y un rechazo a la modernidad industrial y consumista. Claramente se opone a la sociedad postindustrial, del mismo modo que criticaba la colectividad y el capitalismo. Se convirtió en una figura clave para comprender la segunda mitad del siglo XX por sus posturas reivindicativas, al igual que por el rechazo a la lectura historicista de la obra de arte. Tampoco estuvo ajeno a los movimientos políticos de la época, por su resistencia antifascista terminó siendo encarcelado. Sin embargo, su paso por la cárcel tuvo una repercusión directa en su obra, como es el origen de la incorporación de materiales pobres y precarios, envoltorios procedentes de la sociedad de consumo a la que se oponía. De su compromiso social nos habla en “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” (1989), cuya base está formada por numerosos paquetes de periódicos.

Todas estas posturas e influencias retroalimentan su concepto artístico en torno al cual construyó metáforas poéticas, retóricas y apelaciones con las que manifestaba “la necesidad de reconectar con experiencias humanas esenciales como las de construir y habitar, volver a situar en el centro nuestra relación con la naturaleza”. En este sentido, interpretamos el iglú, las cabañas, las construcciones nómadas como en “¿Las casas giran a nuestro alrededor o giramos nosotros alrededor de las casas?” (1982), instalada en el espacio central de la exposición. Mario Merz nos evoca el contacto con la naturaleza en aquellas casas sin arquitecto antes de que la modernidad depredadora apareciera, como en “Igloo Fibonacci” (1970), realizado con latón, acero y mármol, o la pieza clave de la muestra “Che fare?” (1968-1973), se trata de una artist room construida con aluminio, cera y neón.

Otra de las piezas clave, “Le gambe” (1978), que forma parte de los fondos del Museo Reina Sofía, se compone de una base ramas de brezo, material orgánico que sirve de contraposición con la sociedad posindustrial del propio lienzo formado por metal y neón. La muestra también incorpora algunas composiciones pictóricas realizadas por el artista, pero como señala el comisario, Manuel Borja-Villel, “lo hace de otro modo, donde sus pinturas nos hacen ver de diferente manera el exterior”.