Retratos del planeta Tierra, de Iván Pagnussatt

El apellido de origen italiano Pagnussatt, es conocido  en la esfera del arte público de la ciudad de Zaragoza por algunas intervenciones escultóricas de Alberto Pagnussatt (de la Asociación Cultural Pablo Gargallo), como el en su día polémico Obelisco de la Plaza de Europa o la remodelación del Monumento a los hermanos Argensola en la Plaza de San Pedro Nolasco. Hijo del escultor Alberto Pagnussatt y zaragozano de adopción, Iván Pagnussatt (Marbella, 1971), ha desarrollado su carrera artística fundamentalmente en el ámbito de la pintura, en un registro realista, con la acuarela y el óleo como técnicas preferidas para el paisaje, el retrato y las naturalezas muertas. Su dibujo minucioso y detallado ha sido ejercitado desde su formación en la Escuela de Artes Aplicadas de Zaragoza. Precisamente, fue en el edificio (hoy abandonado) de la  Escuela de Artes Aplicadas de Zaragoza, donde expuso por vez primera con motivo de “Cien años de la Escuela”, en 1996. A esta muestra han seguido otras exposiciones individuales y colectivas en galerías de esta ciudad.
En esta ocasión, centenares de pequeños carteles en todos los escaparates del Casco histórico de la ciudad nos condujeron a la última exposición individual de Iván Pagnussatt, titulada “Retratos del Planeta Tierra”. Este trabajo se presenta fuera del circuito habitual de galerías, en una improvisada sala de exposiciones junto a la Catedral de La Seo y el Arco del Deán, en la modesta sede de “Estrella de la mañana”, de la Asociación de Amigos del Orfanato de Niños Invidentes de la India, en la calle Palafox, nº1. La exposición puede visitarse durante estas fiestas navideñas, desde el 20 de diciembre al 10 de enero.
Anteriormente ya me había llamado la atención una de las obras expuestas, que estuvo colgada meses atrás en la sala de exposiciones K-Pintas, en la Calle Doctor Palomar, 19 bajos. Esta obra se titula La Geisha de la Bahía de Tokio (2009) y consiste en una nítida silueta del perfil de una geisha, con su imponente tocado recogido con varias horquillas o kanzashi. Desde mediados del siglo XIX los pintores no han dejado de representar el encanto de la mujer japonesa y sus vistosos kimonos. Fortuny, Monet o Van Gogh, son algunos de los principales representantes del Japonismo decimonónico, que adaptó la geisha de las estampas ukiyo-e a nuestra pintura. En nuestros días también persiste un fenómeno que hemos denominado Neojaponismo y que está relacionado con el manga, el animé y los nuevos productos culturales llegados del Imperio del Sol Naciente. No obstante, la conexión de esta La Geisha de la Bahía de Tokio no proviene de la adaptación de una nueva imagen de una japonesa, ni una reinterpretación de una antigua estampa, sino que se origina por la cartografía de la capital nipona: por la propia silueta de la bahía de Tokio vista desde un satélite. Confieso que antes de ver el cuadro de Iván Pagnussatt jamás había asociado la vista aérea de la metrópoli nipona con la idílica imagen de una geisha, sin embargo, a partir de entonces, es imposible disociar estas dos imágenes, más aún cuando fue en esta ciudad, hasta 1868 llamada Edo, donde floreció la cultura urbana del ukiyo: el de las geishas, las diversiones y el teatro Kabuki.
La obra comentada representa bien la intención que persiguen los cuadros de esta exposición “Retratos del Planeta Tierra”. Todos los cuadros, de un formato aproximado de metro y medio en su lado mayor, han sido  pintados al óleo en sesiones de largos días de trabajo. Recorren distintos lugares de toda la geografía mundial vistos desde un satélite, a vista de pájaro. Una visión que, gracias a Google Earth y otros servicios en Internet, nos son hoy en día cercanos y hasta familiares, si bien siempre nos acercamos con el zoom a  un lugar concreto sin buscar las maravillosas sorpresas que se camuflan en las grandes panorámicas.
Iván Pagnussatt practica un surrealismo actualizado. Utiliza las imágenes de los satélites para encontrar en lo profundo de su mente otro mundo que se superpone, en forma de rostros y cuerpos; en forma de retratos. Los paisajes elegidos son muy distintos y las formas que surgen recogen en ocasiones personajes de su universo personal. Todos nos hemos tumbado en un prado a encontrar en las formas de las nubes rostros, animales u objetos. En la era de los satélites, podemos volcar nuestra mirada hacia el planeta y hallar en el paisaje imágenes sorprendentes. Ciertamente muchos fotógrafos ya nos han revelado la belleza del planeta desde el cielo. Iván Pagnussatt reivindica para la pintura los colores y sensaciones de esta vista cenital, que eleva hasta un punto donde los objetos reales llegan a confundirse con las imágenes que nuestra mente proyecta. El público acostumbrado a rebuscar imágenes escondidas entre los cuadros de Salvador Dalí encontrará un paralelismo y cierta continuidad con estas pinturas de Iván Pagnussatt, que presentan una gran originalidad, sinceridad y vigencia del espíritu surrealista.