Renoir, pintor de la mujer

En la historia del arte, pocos desnudos antes que los de Renoir, habían  suscitado tantas críticas. Tan sólo los ejemplos de Tiziano, Rubens, Fragonard o Courbet, habían escandalizado tanto entre los amantes del arte burgués de finales del siglo XIX como de las primeras vanguardias artísticas. Recordemos que la modernidad, tal y como los pintores impresionistas la entendían, buscaba una línea de expansión que representara tanto la vida  urbana, como a la clase burguesa que empezaba a florecer. La desnudez en la obra  de Renoir, sin un pretexto narrativo concreto, se aparta de lo vulgar para entrar en lo ideal, pasando de reflejar  los avatares de la vida moderna a emular a la mujer atemporal: moderna pero intachablemente honesta. Renoir redefine la sensualidad de mujeres con carnes prietas, para convertirlas en auténticas diosas del Olimpo, inmortales en la memoria del visitante que se acerca a su contemplación.

La Fundación Mapfre, a través de las colecciones de los museos d Orsay y de Orangerie  trae un proyecto de gran calidad a la ciudad de Barcelona. Renoir entre mujeres. Del ideal moderno al ideal clásico. Esta muestra nos ofrece una oportunidad única de poder ver a un Renoir intimista pero actual, cercano, a la par que modernista, desde un punto de vista en el que la figura femenina, es la gran protagonista. Probablemente Renoir sea el artista impresionista que  más ampliamente explora las relaciones de seducción entre hombre y mujeres, descritas todas ellas como espontáneas o también “como la expresión de una alegría de vivir compartida”. En la presente exposición podemos ver ejemplos claros: los novios (1868), el paseo (1870),  los enamorados (1875). La atmósfera de juventud y la alegría que describe incansablemente el pintor en sus cuadros, concuerda de manera armoniosa con la primavera, el sol, la luz, las flores…etc… La interacción potencialmente armoniosa entre personas y el mundo natural, será un tema recurrente en obras como Sendero entre las hierbas (1875). Un tiempo de armonía, con escenas despreocupadas, que recuerdan las fiestas galantes  del arte del siglo XVIII.

En el centro del recorrido se encuentra su gran obra maestra Baile en el Moulin de la Galette (1876), que ya estuvo expuesta en la ciudad catalana hace un siglo. Los protagonistas de esta obra, muchos de ellos reconocibles, se encuentran absortos en un baile de miradas y de cuerpos que danzan al son de la música, estas figuras , generan una sensación de permanencia, de tiempo suspendido, que da al espectador la oportunidad de observarlo todo detenidamente y perderse en el uso del color y en su rica estructura.

 A partir de 1880, Renoir se centrará en el desnudo femenino, suprimiendo casi todos los modelos masculinos de su pintura  abandonando definitivamente el claroscuro impresionista y empezando a definir sus desnudos con trazo seco y ligero. Desde la parisina moderna de sus lienzos impresionistas: Madame Darras (1868), Alphonsine Fournaise (1879) hasta las visiones más intimistas de la mujer, esto es, el desnudo femenino integrado en la naturaleza: La señora Renoir y su hijo Pierre (1885), Gabriele y Jean (1895-96). A partir del año 1900 Renoir sufre ataques agudos de artritis reumatoide que lo dejarán completamente inválido a partir del año 1912, lo que marcará una dependencia cada vez mayor del artista hacia las mujeres que le rodean “teniendo que vestirlo, alimentarlo y transportarlo como si fuera un niño”. En 1918, Renoir tiene 78 años, en sus últimos años, el viejo maestro da unos rasgos generales a sus figuras que acaban pareciéndose todas. Sin embargo en la obra Las bañistas (1918-19) que es en sí misma su testamento pictórico, convivirán en una suerte de tensión entre el clasicismo y la modernidad. En esta obra a temporal, aunque siga siendo profundamente actual, el artista nos lega la síntesis de sus indagaciones de la década anterior. Caminos de ida y vuelta en el arte