Recuperando la figura del escultor Antonio Palao

Desde Madrid, a lo largo de más de cuatro décadas, el académico zaragozano Wifredo Rincón García. Doctor en Historia del Arte y profesor de investigación en el Departamento de Historia del Arte y Patrimonio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, ha desarrollado su labor de investigación, entre otros temas, en lo que se conoce como “las tres P”: Pradilla, Palao y Ponzano. Un pintor y dos escultores del siglo XIX. Ahora, la Fundación Caja Murcia y la Fundación Ibercaja, unen fuerzas para editar un libro sobre el escultor murciano Antonio Palao Marco, al conmemorarse en este año 2024 el centenario de su nacimiento. Debemos de recordar que, en 1984, la Real Academia de Alfonso X el Sabio de Murcia publicó una primera aproximación de Rincón a la obra de Antonio Palao, trabajo que ahora se amplía y pone al día por medio de esta nueva obra. Un nuevo libro, lleno de novedades, que presenta una metodología que facilita el acceso al conocimiento no solo del autor sino del panorama artístico de su tiempo. 

Este libro se divide en dos grandes bloques. El primero de ellos contiene la trayectoria vital y artística de Palao desde su nacimiento y hasta su llegada a Zaragoza antes de finalizar el mes de abril de 1851. El segundo su vida y la obra realizada en la capital aragonesa en la que residió hasta su fallecimiento el 15 de octubre de 1886. La relación de Palao con la Escuela de Bellas Artes y con la Academia Provincial de Bellas Artes de Zaragoza (San Luis) ocupan un importante espacio de este segundo bloque donde, además, se trata una amplia obra que se estudia en distintos apartados sin seguir necesariamente un discurso cronológico. También se abordan otros aspectos de su vida y sus trabajos. Se completa esta monografía con un catálogo abreviado de la obra y con la bibliografía utilizada para el estudio 

Antonio Palao nació el Yecla (Murcia) el 19 de febrero de 1824; cursó estudios en la Academia de San Carlos de Valencia desde 1841 a 1846. De Valencia se trasladó Palao a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid de 1847 a 1850, en donde recibió clases de antiguo y natural en dibujo y modelado. La llegada de Antonio Palao a Zaragoza, cuando contaba con veintiséis años de edad, se produjo tras el real decreto de 31 de octubre de 1849 de Isabel II, por el que se creaba la Academia de Bellas Artes del a provincia de Zaragoza, perdiendo su labor docente la existente Real Academia de Bellas Artes de San Luis que había sido fundada en 1792. Aquí, debemos mencionar a Ponciano Ponzano quién, con toda seguridad, fue el artista más capaz de todos aquellos que pasaron por las aulas de San Luis en la primera mitad del siglo XIX y que podía haber dignificado el sombrío panorama de la escultura zaragozana del segundo tercio del siglo. Sin embargo, en 1828 abandonó la ciudad natal, pensionado por la Academia de San Luis para completar su formación en Madrid y, posteriormente obtuvo pensión en Roma. Su obra en Zaragoza es muy escasa, limitándose a dos bustos y al sepulcro del general Manuel de Ena en el templo de Nuestra Señora del Pilar, realizado mediado el siglo.  

El 19 de mayo de 1852, poco más de un año después de su llegada a Zaragoza en abril de 1851. Antonio Palao contrajo matrimonio con María Concepción Ortubia, de veinte años, natural y vecina de Zaragoza. El matrimonio no tardó en tener hijos y de esta unión, nacieron doce hijos, de los que solamente cuatro le sobrevivieron a su muerte. Desde entonces su vida se vinculó a esta ciudad en la que desarrolló, a lo largo de tres décadas y media una importante labor artística, tanto como docente de la Escuela de Bellas Artes, como en su faceta de escultor 

Primeras obras 

A lo largo de su carrera, el escultor utilizó para elaborar sus obras todos los materiales disponibles: madera, piedra y bronce; siendo la temática religiosa la más desarrollada, aunque no fue la única. Cristo en la cruz Ateca (Zaragoza); San Juan para Cortes (Navarra); San Pedro y San Pablo para Mallén (Zaragoza); San Pablo en la parroquia zaragozana. En 1843 comenzaron las obras del nuevo Palacio de la Diputación Provincial de Zaragoza. Palao, a partir de 1854, intervino en la decoración de los elementos escultóricos que figuraban en el proyecto de Martínez Sangrós, en el que encontramos la realización del gran escudo de Aragón, colocado sobre el frontón de la fachada principal con elementos alegóricos de la Agricultura, la Industria, el Comercio, las Ciencias y las Artes, y las 13 metopas que faltaban y que reproducían los escudos de los partidos judiciales. Además, son obra suya las alegorías del Día y de la Noche. Todas estas esculturas hoy desaparecidas.  Para el interior del Palacio, en el llamado “Patio de los Reyes”, Palao realizó una serie de medallones con efigies de los reyes de Aragón: Íñigo Arista, Garcí Jiménez, Sancho I, García Sánchez, Sancho Abarca, Sancho el Mayor, Ramiro I, Sancho Ramírez, Pedro I el de Alcoraz, Alfonso I, Ramiro II, Petronila y Berenguer, Alfonso II el Casto, Pedro II el Católico, Jaime I, Pedro III el Grande, Alfonso III, Jaime II el Justo, Alfonso III, Pedro IV el Ceremonioso, Juan I, Martín I el Bueno, Fernando I el Honesto, Alonso V el Sabio, Juan II y Fernando II el Católico.   

La labor escultórica en el templo del Pilar  

A lo largo de dos décadas, desde 1853 hasta 1873, Palo llevó a cabo una amplia labor escultórica en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, con motivo de las obras de la conclusión del templo mariano: San Joaquín y la Virgen niña (1853); las cinco imágenes para la capilla de Santiago (1858); la imagen de Santa Ana enseñando a leer a la Virgen niña para su capilla (1862); el retablo de la capilla de San Pedro Arbués (1873). También, como miembro de la Real Junta de reparación del templo metropolitano, intervino en las puertas de la sacristía mayor, sala de la oración, sala capitular y en el remate del trascoro.  

Obra pública 

Palao, realizó dos esculturas públicas. Una para Zaragoza, el Monumento a Ramón Pignatelli (1858-1859) y el Monumento a Juan Sebastián Elcano en Guetaria (Guipúzcoa. 1861). Ambas esculturas fueron fundidas en París, en la empresa Eck et Durand, la empresa más importante de su época en Europa. Además, Rincón, en el libro, documenta el proyecto para una escultura del Justicia Juan de Lanuza (1869) que no se llegó a materializar.  

Pasos procesionales para la Real Hermandad de la Sangre de Cristo 

Poco años después de su llegada a Zaragoza, Palao inicio su relación con la Muy Ilustre, Antiquísima y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia, más conocida como Hermandad de la Sangre de Cristo. La primera imagen de Palao para ella fue una talla de la Virgen de la Dolores (1855-1856), comenzando ese mismo año la ejecución de la Cama para transportar procesionalmente el Santo Cristo de la Cama (1855-1856). Posteriormente, entre 1862 y 1863 ejecutó el paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén y, por último, en 1871 la imagen de Nuestra Señora de la Piedad, regalo de una devota a la Sangre de Cristo, en la que el escultor plasmó sus recuerdos y su amor y devoción hacia la escultura de Salzillo.  

Ésta documentada biografía de Wifredo Rincón García, aporta una nueva visión de un escultor profundamente relacionado con Zaragoza. Aquí fue acogido con cariño y admiración, llegando a ser considerado aragonés ilustre. En esta ciudad contrajo matrimonio con una zaragozana, con la que tuvo doce hijos -de los cuatro que le sobrevivieron Carlos, fue un afamado escultor, discípulo de su padre en Zaragoza y posteriormente se formó en Madrid y Luis dedicado a la pintura y a la ilustración artística- Además, el libro aporta una cuidada selección antológica de la obra del artista yeclano. 

Número 69

Diciembre 2024
José Antonio VAL LISA
Miembro de AACA, AECA y AICA
Fecha de recepción: 29/12/24
Fecha de aceptación: 30/12/24
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