Del 19 de marzo al 28 de abril, en el Torreón Fortea, sala del Ayuntamiento de Zaragoza, se puede visitar la exposición de Javier Riaño titulada Variaciones figurativas, pintor nacido en Ávila con residencia en Zaragoza. El prólogo del catálogo es una entrevista de Royo Morer, seudónimo que utilizó el pintor José Luis Lasala como crítico de arte, años setenta, en el periódico zaragozano Andalán. Entrevista muy interesante pues aclara dispares criterios del artista sobre pintura, de modo que sirve como documento a contrastar con otras en los próximos años según sea su evolución.
Los cuadros corresponden desde 2011 a 2013. Al margen de una panorámica de los fascinantes rascacielos de Madrid, tan lejos del centro, el resto de los cuadros, salvo error, corresponde a panorámicas de Zaragoza con enfoques diurnos y algunos nocturnos. Estamos ante un buen pintor realista con impecable técnica y muy dilatado sentido vibrante del color, pues no olvidemos que es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca. Lo importante es su amplia gama de colores al servicio de temas que acota en el lugar preciso, de manera que ofrece un suculento panorama más que natural de muy dispares ámbitos de Zaragoza. Nos encanta que Zaragoza sea tema, como hicieron otros pintores a lo largo del siglo XX y algunos escritores desde hace años, pues da de sí más que demasiado, sin olvidar que todo depende de la condición como artista. Cuadros con absorbente quietud, incluso cambiante fugacidad cuando pinta los coches durante la noche, como si hubiera una especie de distancia entre lo pintado y la realidad. Ni digamos la auténtica gozada de los cristales y sus dispares reflejos, cual permanentes chispazos lumínicos en horas muy específicas. Las figuras pintadas, masculinas y femeninas, transpiran su caminar, incluso ese natural quietismo ante un paso de cebra.
Cuando todo parecía un sólido proceso realista, nos encontramos con dos obras, de 2012 y 2013, que anuncian un cambio pictórico, dicho como rasgo muy positivo. Aludimos a los cuadros Semáforo Coso, de 2012, y Tranvía Independencia, de 2013. Basta ver que cambia la técnica mediante la suelta pincelada, hasta el punto que el resultado es una marcada supresión de elementos formales para ofrecer una cambiante acumulación de sensaciones. No son cuadros realistas. Camino pictórico abierto hacia cualquier dimensión, pues lo mismo puede transformarse en un pintor abstracto a través del ámbito geométrico partiendo de los edificios realistas o seguir como figurativo con incorporación de elementos geométricos.
Pintor que con 35 años siente la necesidad íntima de un cambio, lo cual significa categoría, sinceridad, pues sabe que con la anterior línea tenía un camino trazado. Se ha instalado en otra nueva aventura, condición obligada en cualquier auténtico artista.


