La exposición de Rafa Pérez (Haro, 1957) se enmarca dentro de la programación de la Feria de Cerámica Contemporánea (CERCO). El riojano fue el ganador del Primer Premio Internacional de Cerámica Contemporánea CERCO 2011. Esta exposición surge a raíz del citado premio y con ella se pretende dejar patente la importancia de los autores premiados y apoyar la cultura cerámica. Se abre así la puerta a una serie de exposiciones que difunden la obra de los galardonados, como ya se hizo en 2011 con la exposición Diez años de Cerámica Contemporánea que recopilaba todos los autores premiados en las diez primeras ediciones.
Rafael Pérez desarrolla su actividad artística en el campo de la pintura y la fotografía, pero por encima de todo, la cerámica, con la que ha obtenido numerosos premios nacionales e internacionales y reconocimientos, como su aceptación como miembro de la Academia Internacional de Cerámica (2007). De hecho, la calidad de los reconocimientos y premios recibidos, así como las exposiciones en las que ha participado, lo convierten en una figura destacada de la cerámica contemporánea.
En su obra lo esencial es la textura, la capacidad expresiva de las superficies y para ello su método de trabajo es esencial. Se caracteriza por la perfecta integración de diferentes pastas que reaccionan al calor de distinta forma. Las superficies surgen por diferentes vías: por la sedimentación del pigmento; por la suma de delgadas capas de arcilla que se resecan y agrietan, o son atacadas por productos químicos. El mismo calor del horno acaba determinando las formas, rasgando las superficies y creando entramados y fisuras o abriendo las hinchadas superficies, en un proceso de dilatación-contracción. Incorpora productos que ha manipulado y que no siempre reaccionan igual, entendiendo que el azar no sólo es parte de su obra, sino de la existencia del ser humano. Tras esto, su sabiduría, su oficio, su dominio de la técnica y la búsqueda de un lenguaje personal que junto al tratamiento austero del color, nos induce a la reflexión visual.
En la exposición se muestran esculturas, murales, dibujos pintados con barro y una serie de fotografías, que pertenecen a su obra de los últimos años. Una obra que puede dividirse en tres grandes series, cada una de las cuales explora no sólo una técnica diferente sino una orientación conceptual distinta de la arcilla. Cada serie es independiente, pero su significado se halla interrelacionado.
La primera, bidimensional, consiste en pintar con arcilla sobre papel o baldosas de terracota. Utiliza manchas de colores y signos de marcado carácter gestual, combinado con la aparición de una figuración sencilla y esencial. Explora lo emocional y expresivo del arte, mostrando un universo diferente al resto de su obra.
La segunda serie abarca la obra mural. Trabaja con terracota de menos de 3 mm de grosor, cocida a diferentes temperaturas para lograr una amplia gama de tonos. Construye grandes composiciones sobre soportes planos de madera, plástico o acero inoxidable, como “El Minja” (2012) o “Kairo” (2012). Algunas están organizadas de forma modular, repitiendo motivos, alternando colores y texturas, explorando la estructura y lo racional.
La tercera de las series es escultórica. Son piezas donde la tensión interior provocada por el calor produce rupturas aleatorias, superficies perforadas, abiertas, surcadas por cicatrices, que nos recuerdan pasteles o barras de pan, que recubiertos con barnices en colores semejan chocolate o rellenos de fruta, pero también las rocas, las tierras cuando aparecen desnudas en el paisaje. Aunque no reconocemos formas totalmente definidas, parece que evocamos siluetas familiares como una estructura ósea, una medusa o hacen resonar en nosotros cruces, aspas o estructuras que encierran algo: cestos, cajas, cilindros, en un juego entre libertad y control.


