A mediados del mes de febrero, se inauguró en el Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón, el proyecto de los arquitectos; José María Castejón, Enrique Cano y Jorge León, quienes han querido mostrar las obras menos conocidas de este estilo. Si bien es cierto que, el acto inaugural contó con una conferencia a cargo del máximo especialista en España en este estilo, Carlos Sambricio.
La muestra está compuesta por fotografías y planos de casi 50 edificios aragoneses: 31 en Zaragoza, 8 en Huesca y 10 en Teruel. Y es que no debemos olvidar que la arquitectura racionalista en Aragón, va mucho más allá de edificios como el Rincón de Goya y la sede de la Confederación Hidrográfica del Ebro.
Es por ello que, la exposición invita al público a repensar y a poder reivindicar este tipo de arquitectura, que tiene que ver con un momento histórico trascendental en Europa, el que sobreviene tras la primera guerra mundial, en el que se producen ciertos avances sociales y en el que existe una gran preocupación para que las amplias capas de las sociedad tengan acceso a una vivienda digna y salubre. Y es que en la Zaragoza de 1900, todavía moría gente por difteria o tuberculosis. Por tanto, ese debate sobre la necesidad de que los trabajadores tuviesen una vivienda digna encontró una nueva plástica, y todo ello dio origen a la arquitectura racionalista, aunque a España, por diversas circunstancias, ese debate llegaría un poco amortiguado pero con una potente estética.
Por todo ello, el Rincón de Goya de Fernando García Mercadal pasó a ser la obra fundacional de la arquitectura racionalista en España. Asimismo, la sede de la Confederación Hidrográfica del Ebro, diseñada en 1933 aunque el edificio no se inauguraría hasta 1946, es otro edificio emblemático que aparece reproducido en todos los manuales, aunque hay mucho más. Y es que frente a una arquitectura llena de guirlandas y bajorrelieves bajo el gusto de los edificios modernistas, llegó una arquitectura que apostaba por las líneas y volúmenes puros, en donde las ventanas se convirtieron en huecos que se abrían en los volúmenes de los edificios, puesto que el interior todavía mantenía esa correspondencia con la arquitectura típica del ensanche burgués, con pasillos infinitos y cocinas al fondo de la vivienda. Sin embargo, realmente no hubo una voluntad de transformar y modificar las estructuras de los interiores, salvo en honrosas excepciones.
En definitiva, esta muestra tiene cierto carácter reivindicativo para nombres como los hermanos Regino y José Borobio, Teodoro Ríos, Francisco Albiñana, José Beltrán o Lorenzo Monclús, entre otros, pero sobre todo para los edificios, que en muchos casos son ignorados, a los que la mayoría de los ciudadanos no concede algún tipo de interés, aunque es muy importante recordar que ellos, en la época que les tocó vivir, supieron utilizar los recursos que tenían a su alcance de manera muy eficiente y rentabilizarlos.


