El fotógrafo zaragozano Rudolf Mooses inauguró su exposición anual en el bar Bonanza, la número 531, con siete fotografías tituladas “Blanco y negro” para admirar del 8 al 31 de enero. Obras divididas en dos bloques temáticos, cuatro y tres, que obedecen al mismo espíritu por sobria composición y estricto enfoque eludiendo inútiles añadidos, razón de los fondos neutros que acogen el campo formal. El primer bloque, con cuatro obras, consiste en fachadas de edificios con radical predominio de la estricta geometría, siempre la línea recta, que se acompañan por un enfoque desde exquisitos y variados ángulos, casi como si forzara el propio tema para acotar y ofrecer su muy singular visión. Quietud geométrica. El segundo bloque, con tres obras, se basa en paisajes nevados de alta montaña de las que dos son primeros planos con cada cúspide extasiada de tanta presencia para obtener exquisitos y potentes contrastes de los colores blancos y grises, mientras que la restante es una panorámica general con la eterna ola reventando hacia la orilla pero dominada por la nieve que brilla esplendorosa y se oscurece ante la ausencia del Sol radiante. Al fondo, como si fuera un faro, la espectacular montaña en punta evoca a un vigía dominante que rompe el cielo diurno acariciado por vaporosas nubes.
Rudolf Mooses, según habré afirmado en otras ocasiones, es uno de nuestros mejores fotógrafos con muy dilatada experiencia, siempre al servicio de una específica línea conducente a romper cualquier matiz superfluo para potenciar la idea acotada por su impecable forma de mirar. La indiscutible técnica está presente pero como algo sabido, interiorizado, desde su natural lejanía.
“ABStracciones “ABS””. Así titulaba Horacio J. Gulias Vidal su exposición inaugurada el uno de febrero en la Clínica Dental Novillo, como espacio un tanto anómalo pero muy justificado si consideramos que la Clínica parece como la prolongación de cualquier exquisito salón de estar atrapado por obras de arte en los lugares adecuados. Obras del pintor y diseñador de joyas colgadas sobre las paredes como si formaran parte del decorado habitual. Sus abstracciones geométricas mantienen, como siempre, el espectacular refinamiento al servicio de un hermoso y contrastado sentido del color más que acoplado a la dominante geometría. Gulias Vidal es una especie de joyero por su infinita paciencia para concluir tales cuadros y dibujos, capaz de atrapar un sentido creativo personal que vibra de contenida emoción. Tal como indica el artista a la manera de un código. En la tarjeta para la exhibición cita a Joan Mitcheel cuando afirma: Mi pintura no es una alegoría, ni una historia. Frase que Gulias Vidal hace suya para afirmar que su obra se parece a una Ingeniería de Colores o Geometría Abstracta. En realidad, pero sin duda, ama y vive la perfección formal vía geometría y color exacto, impecable. Estamos ante un hombre puro en el más noble y afectivo sentido. Como el próximo abril inaugura exposición en la zaragozana galería Cristina Marín será el momento adecuado para extendernos sobre su obra.
El bar La Pequeña Europa, en plena calle Heroísmo, se ha convertido en lugar de cita obligada entre bastantes artistas, intelectuales y algún poeta, con la fotógrafa Ginebra Godín como sonriente y refinada propietaria tal como indicábamos en otras críticas. Esto sin olvidar que Luis Felipe Alegre, cada miércoles desde las ocho de la tarde, arrincona de placer a la clientela con su muy personal declamación de cambiantes poemas. Entre tapa y vino, sin descanso, cada poema altera los sabores.
La pintora Cristina Beltrán inauguró su exposición en La Pequeña Europa el 21 de febrero con nueve obras realizadas durante el año 2013. En otra crítica nuestra comentábamos que esta pintora había dado un cambio fundamental al incorporar un matiz poético de notable belleza, sin duda con la misma temática basada en espigas y hojas. Salvo dos cuadros de pequeño formato, con dicha temática, la restante obra de la exhibición obedece a un cambio muy marcado, lo cual significa, salvo error, que estamos ante un período de transición por búsqueda de un nuevo lenguaje. Basta indicar que ahora exhibe collages con incorporación de espirales y su conocida carga simbólica, espigas, dos desnudos femeninos, labios sueltos como único tema, figuras históricas eco del pasado y pequeños objetos brillantes para evocar a dispares piedras preciosas. Su mayor complejidad se detecta en una obra con cuatro planos, muy bien delimitados, con dos para acoger espigas y dos con dos personajes. Siempre en perfectas composiciones. Ante la aparente evidencia de que estamos en una fase de transición, lo natural es guardar el debido respeto a la espera de su próxima exposición.