Steve Gibson nacido en Liverpool, tiene en su estudio de la calle Las Armas uno de sus principales centros de trabajo y producción artística. El taller se encuentra ubicado en el casco histórico de Zaragoza; concretamente en el barrio de San Pablo.
Como ya apuntó Pérez-Lizano Forns en el número 26 de AACA, Gibson pretende desarrollar su proyecto durante diez años, el cual consiste en realizar dibujos de grafito negro a tamaño natural a partir de fotografías. Su objetivo es la plasmación en papel de treinta de estas fotografías al año. Podríamos decir que se trata de una especie de “happening”: el mecanismo de interacción con el público consiste en que el viandante presiona un botón situado en la entrada de su taller del barrio del Gancho, y la cámara de forma instantánea saca una fotografía, la cual posteriormente será seleccionada al “azar” para la realización de uno de estos dibujos.
Hay que destacar que para Gibson éste es un proyecto cuya importancia radica en la participación ciudadana: de esta manera, en la intervención el artista adopta una posición secundaria con respecto al ciudadano, activo.
La técnica empleada en sus dibujos hiperrealistas se basa en el uso del grafito de alta calidad sobre papel, donde el artista aplica directamente la barra de grafito sobre el soporte, de escala superior a la natural. En su obra se deja entrever que para él es muy importante el trazo y la intención de crear texturas: donde si observamos con detalle sus obras podemos constatar que no hay en ellas rastro de difuminados.
Otra parte de su producción –y quizás la más importante- es su obra escultórica, la cual se realiza tomando varias fotografías del modelo que se disponen para conseguir una plantilla ordenador de 360 grados. Comienza componiendo un armazón de hierro que se recubre posteriormente con trozos de cartón; éstos a continuación se cortan con el cúter y por último modela la figura. Gibson explica que "es como pintar en el aire”. Expresa que no busca la perfección “sino más bien el gesto del material".
Para policromar sus esculturas, utiliza pintura acrílica debido a que si empleara otro tipo de técnica (como por ejemplo el óleo) disolvería la base de cartón por su composición química y su acidez.
El escultor valora muchísimo el concepto espacial, porque "viene dado por el dibujo". Su manera de entender el mundo depende de éste, porque para él "el dibujo es forma". De este modo en sus comienzos trabajó el cartón mientras ejercía como maestro de niños en un colegio bilingüe, pudiéndose decir que todo empezó a partir de las "máscaras y figuras".
No obstante, en una entrevista personal con el artista, Gibson nos confiesa que es mucho más laboriosa la ejecución de una de sus esculturas que un dibujo efectuado a grafito, donde el promedio que invierte de tiempo en las primeras es de unas diez semanas de realización, mientras que cada dibujo a grafito le lleva un trabajo de unas veinte horas.
Con este proyecto podemos constatar la intención de Gibson de interaccionar con el público, de hacerlo partícipe en su obra. El individuo es seleccionado como protagonista aleatorio de algo que puede ser trascendental. Por tanto se percibe una cierta imbricación con el medio que rodea al artista y sobre todo con la gente que reside en su ciudad, porque al fin y al cabo todo ello es un proyecto con un fin social colectivo; así lo especifica: "a mí siempre me ha interesado la interacción con el público, donde quiero que la gente llegue a mi obra".
Así pues parece ser que la obra de Gibson intenta captar la más pura de las esencias, reflejando en cada una de sus piezas un carácter, una actitud, un espíritu que hace a cada dibujo único y que quizás en mayor o menor medida, nos logra transmitir algo en lo que posiblemente cada uno de nosotros podamos sentirnos identificados.
Desde luego se conjuga perfectamente la técnica con la ideología del artista, en la muestra sus preocupaciones se hacen patentes. Gibson siempre ha estado inmerso en los problemas sociales, los dramas infantiles o las circunstancias más próximas a su entorno. Todo ello lo podemos deducir si echamos la vista atrás y damos un giro de ciento ochenta grados a modo de retrospectiva; en este sentido podemos repasar los contenidos de las muestras como "El Flautista de Hamelin" en la galería A del Arte de Zaragoza realizada en el año 2012, o "Aquí, allí y en ningún sitio" en el Torreón Fortea en año 2009. En ambas, ya estaba patente cierta preocupación social.
Por todo ello se puede decir que el espectador no se va a sentir indiferente, sino que seguramente va a tender a empatizar con los representados. Para acercarse todavía más al público, Gibson también utiliza recursos como las redes sociales -y en concreto Twitter- con el hashtag "300CHZ" para que el visitante tenga la posibilidad de ser seleccionado como modelo para la realización de uno de sus retratos.
El proyecto “LasArmas300” establece vínculos de manera clara, concisa y emotiva entre el autor y su producción, de forma que los conceptos que se trabajan son el compromiso social, la sensibilidad y la constancia. Así pues parece ser que la obra de Gibson intenta captar la más pura de las esencias, reflejando en cada una de sus piezas un carácter, una actitud, un espíritu que hace a cada dibujo único y que quizá en mayor o menor medida, nos logra transmitir algo en lo que posiblemente cada uno de nosotros podamos sentirnos identificados.