A la vista de la extensa bibliografía existente sobre la pintora Rosa Torres (Valencia, 1948), cabría pensar que poco o nada más se puede escribir sobre su obra que no se haya dicho ya.
Una bibliografía que arranca en 1973, con el texto que Juan Manuel Bonet escribió para el catálogo de su exposición conjunta con Isabel Oliver en la Galería Atenas de Zaragoza y finaliza, de momento, con el libro objeto de esta reseña: ROSA TORRES. La construcció d’un llenguatge, de Francesc Miralles.
A lo largo de 50 años de práctica artística, la nómina de críticos y especialistas que han abordado la obra de Rosa Torres reúne a lo más granado de la profesión, lo que demuestra el interés que su programa estético despertó, y sigue despertando, desde sus primeras exposiciones.
Por citar a algunos de ellos, podemos hablar de Ángel Azpeitia, Aguilera Cerni, Enriqueta Antolín, Maite Beguiristain, Calvo Serraller, Castro Arines, Carmen de Celis, Román de la Calle (el autor que más ensayos y críticas ha escrito sobre la pintora), Alfonso de la Torre, José Garnería, González Robles, Fernando Huici, Rafa Prats Rivelles, Joan Antoni Toledo, José Francisco Yvars y los ya mencionados Juan Manuel Bonet y Francesc Miralles.
Así pues, el encargo de una nueva publicación sobre esta artista suponía un reto para el autor, no sólo por la dificultad de no repetir registros anteriores, sino por la relevancia de la editorial de la que partía la iniciativa: la Institució Alfons el Magnànim Centre Valencià d’Estudis i d’Investigació, de la Diputació de València, la principal entidad cultural valenciana, con más de setenta años de existencia, dedicada a la función editorial pública de investigación y divulgación de la cultura.
El libro es el segundo número de la colección Vides d’Art, dirigida por Martí Domínguez, y su cuidada edición nos habla tanto de la importancia que quieren darle a la colección como de la consideración que profesan hacia los artistas objeto de estos ensayos biográficos. La cubierta de tapa dura entelada, la calidad de las más de cien reproducciones de obras, los numerosos documentos gráficos del archivo personal de la artista y la impecable maquetación del diseñador Eugenio Simó convierten a esta publicación en un atractivo objeto artístico digno del contenido de sus páginas.
El texto de Francesc Miralles (Tarragona, 1940) es fruto de un riguroso trabajo de documentación e investigación junto con una estrecha convivencia con Rosa Torres a lo largo de varios años. Numerosas visitas al estudio de la artista, así como encuentros tanto en Mosqueruela (Teruel) como en Calonge (Girona) propiciaron largas conversaciones en las que recuerdos, datos y opiniones fueron surgiendo de manera distendida para acabar integrados en el relato de la trayectoria de la artista.
Lejos del esquema tradicional cronológico, el libro arranca con uno de los episodios más sonados de los avatares profesionales de la pintora: el descubrimiento en 2010 del plagio de cerca de 300 de sus obras, que se exhibían en las dependencias de una cadena de clínicas de estética. La denuncia abrió las puertas de un largo litigio de diez años en defensa de la propiedad intelectual y los derechos de autor de Rosa Torres, que acabó con la destrucción de las obras falsificadas en una performance a cargo de la artista en el Centro de Cultura Contemporánea del Carmen de Valencia.
Miralles estructura el libro en dieciséis capítulos en los que va desgranando los hitos más relevantes en la trayectoria de Rosa. Su adolescencia en Llodio (Álava) donde su padre, el pintor Luis Torres Pastor (Rubielos de Mora, 1913 – 2004) ejercía de catedrático de Dibujo; su formación en la Escuela de Bellas Artes de Valencia; su paso por el mítico Equipo Crónica; la búsqueda de un lenguaje personal con su serie de animales camuflados o el recurso del paisaje como motivo para ensayar su programa estético, domina los primeros capítulos, destacando su participación en la Bienal de Venecia de 1982.
Venecia constituyó un punto de inflexión en su carrera tanto por el prestigio de la muestra como por el contexto histórico de nuestro país. Si bien ahora es habitual la participación femenina española en esta bienal no lo era tanto en décadas anteriores. Rosa fue seleccionada con 34 años junto a otros cuatro artistas: Guinovart, José Abad, Eugenio Chicano y Cruz de Castro, en una época en la que la carrera de las mujeres artistas encontraba más impedimentos que la de sus colegas varones. De hecho, fue otra mujer, la galerista Eugenia Niño, la primera que apostó por Rosa Torres incluyéndola en la programación de su galería en Madrid, la mítica SEN, ya en 1973.
Miralles analiza también los periplos internacionales de Rosa. Como el de Nueva York, con su participación en colectivas en la Hastings Gallery (1976), la del Bronx Museum of the Arts (1981) o la concesión de la Beca Fulbright para ampliación de estudios de arte con una exposición individual en la Tossan-Tossan Gallery, la más importante que ha hecho fuera de España, a juicio del autor. Recoge, también en el continente americano, su participación en la exposición de Arte Actual Español con motivo del IV Centenario de la Fundación de Buenos Aires, que itineró por distintas ciudades de Argentina, Brasil, y México. Y termina con su trayectoria en Europa, donde sus obras han recorrido ciudades como París, Toulouse, Mónaco, Milán, Lisboa, Birmingham o Bruselas, entre otras.
Miralles aborda la importancia de los bocetos en el proceso creativo de Rosa, su función de mecanismo de trabajo que le sirve para crear una nueva gráfica pictórica que desemboca en los grandes formatos finales.
En sendos capítulos, aborda los años 80 y 90, con una intensa actividad en esta última década, haciendo especial mención a su exposición Rosa Torres 1990-99 en las Atarazanas de Valencia, la primera gran exposición de la artista en uno de los espacios culturales más emblemáticos de la capital del Turia.
La utilización de la figura humana en las composiciones de Rosa Torres es otro de los elementos analizados. Una presencia que irrumpe en la década de los 90 recurriendo a referencias de la historia de la pintura y determinados movimientos pictóricos, como el arte pop de artistas como Warhol, Lichtenstein o el Equipo Crónica; el impresionismo, recreando obras de Manet, Cézanne o Van Gogh, y alusiones a la mitología clásica como Venus, Leda y el cisne o Acis y Galatea.
En 2005, Rosa Torres dedica una exposición en la galería Rosa Sender de Valencia a la montaña de Penyagolosa, en el Maestrazgo castellonense. Miralles, en un capítulo dedicado al paisaje aborda esta muestra para señalar que en esas obras la artista culmina la construcción de ese nuevo lenguaje que perseguía, refiriéndose a él como una nueva expresividad. La propia artista señala en el libro “mi relación con la zona es entrañable, porque mi padre nació en Rubielos de Mora y mi madre en Mosqueruela, o sea que siempre he mantenido mucho contacto”. Es ese vínculo personal el que lleva a Rosa a desarrollar un exquisito ejercicio de síntesis y análisis de la forma y el color de esta emblemática montaña, que nos remite a la narración de Francesco Petrarca en La Ascensión al Mont Ventoux en la Provenza francesa. Con diferentes lenguajes, ambos nos hablan de lo mismo: de la emoción fruto de la percepción estética de la naturaleza. Rosa con la pintura, Petrarca con la palabra.
Por último, Miralles aborda otra serie de proyectos de Rosa Torres realizados fuera del espacio formal del museo o la galería, como murales, escaparates, carteles, portadas, cerámica o etiquetas de vino, mostrándonos tanto la versatilidad de su trabajo como la confianza que distintas instituciones, empresas o colectivos depositan en la artista para reclamar su colaboración. Termina la publicación regresando al episodio con el que comenzó: las 300 obras plagiadas y su destrucción a cargo de la artista y algunos amigos en un acto colectivo en el Centro del Carmen, aprovechando para lamentar la actuación judicial, que dejó en evidencia la desprotección de los artistas plásticos ante la vulneración de sus derechos de autor y la propiedad intelectual de su trabajo.
Una publicación, en definitiva, que actualiza la figura de Rosa Torres, profundizando en su programa estético, su trayectoria y sus proyectos, ofreciéndonos nuevas claves que nos ayudan a apreciar mejor lo que su pintura representa, más allá de lo que nuestra mirada percibe.