Quedando el mundo rendido ante una definición de progreso puramente comercial y tecnológica, la medicina más implacable sigue siendo volver la mirada atrás. La recuperación de periodos como los de los dos últimos siglos a través de exposiciones fotográficas como la que aquí abordamos, nos harán reconocer lo absurdo que se esconde tras palabras como avanzar, evolucionar, cambiar y renovar.
Esta es la historia de Eulalia de Abaitua Allende, una fotógrafa bilbaína nacida en 1853 de cuya trayectoria se afirma que fue la primera “reporter” según Alberto Schommer, de Euskadi. Criada “entre algodones”, su vida estuvo mezclada por dos ingredientes contradictorios: hacía lo que quería con su tiempo, lo que le parecía con su pensamiento, lo que más gustaba con sus inquietudes, pero, sobre la base aburguesada de un contexto donde las mujeres de su clase se veían obligadas a ser objetos perfectos de decoración y servidumbre. Hacía 1900, ya conocía todo lo que por entonces rodeaba al campo de la fotografía, retratando con su cámara estereoscópica y visionador de placas de vidrio tanto a campesinas, herreros y labradores, como a las familias y amigos más allegados a su elevado estatus social.
Se desconoce por qué a una mujer que ya lo tenía todo le dio por mancharse sus perfumadas manos haciendo fotografías por aquí y por allá. Barajamos varias hipótesis. La primera apunta a un poderoso afán por versatilizar el concepto de feminidad hacia vertientes más coetáneas al papel de profesional que cualquier varón pudiese lograr (incluso sin saber escribir). Obviamente, ello quedó disfrazado como mero hobby de una dama burguesa que en vez de hacer ganchillo y tomar el té, hacía fotos. Su obra en vida jamás vio la luz. Aún así, no podemos hablar de feminismo, lo que nos lleva a la segunda hipótesis. Y es que posiblemente mediante este hobby tratara de encontrar la excusa idónea para acercarse a realidades que le eran negadas. Es el ejemplo de Anciano con guadeja, Campesinos del caserío Pitxargain y Retrato de mujer gitana. ¿Por qué ser solo una mademoiselle? Podría preguntarse… La tercera y última teoría señala al período de entre 1871 y 1878 que Eulalia transcurrió viviendo entre Liverpool y Londres. Teniendo en cuenta que fue una época de verdadera efervescencia artística en el área de la fotografía en Reino Unido, sería imprudente descartar que pudiera haber entablado contacto con otras mujeres de su misma índole como es el caso de la transgresora retratista Julia Margaret Cameron, de quien tomaría nota.
Será en su final, hacia 1936, cuando su producción alcanzaría las 2.500 fotografías. Todas ellas testimonios gráficos de cuan la rodeaba: el legado de una mujer en un mundo de hombres. La constitución de “poderosas herramientas de documentación para la historia local” que sin duda servirán para “alimentar nuestra memoria” según palabras de la curadora y técnica responsable de la Sección de Historia del Museo Vasco de Bilbao, Maite Jiménez.
En muy pocas ocasiones tenemos el privilegio de mirar a través de los ojos de otra persona tan alejada y tan apasionada por su gente, los entresijos más mundanos de la historia que nos precede y construye, pero que continuamos ignorando al servicio del Big Data. Con la exposición Miradas del Pasado, realmente se hace posible que el espectador experimente un viaje en el tiempo.