Pinturas de Sylvia Pennings y María Enfedaque











El 7 de abril se inauguró la exposición titulada Diálogos II, galería Pepe Rebollo, bajo el criterio de dos artistas con dispares propuestas artísticas, razón de su atractivo, pero que tienen como punto en común un matiz expresivo con mayor o menor énfasis.

En los cuadros de Sylvia Pennings es imprescindible valorar, al mismo nivel, los ricos fondos y las formas sobre puestas, como dos cuadros en uno, sin olvidar un sentido del color que oscila entre algún matiz oscuro y especial énfasis en los rojos y otros colores latiendo con poder visual, lo cual significa que las obras adquieren una impresión exclamativa potenciada por el ámbito formal.  Fondos expresivos de muy notable variedad que acogen planos móviles informales, motivo de su cambiante movimiento, así como palabras y cortas frases, con máximo protagonismo, tipo <<confusión>>, <<adrenalina>>, <<tensión>>, <<la vida>> pero tachada por una cruz o <<viva>> pero al lado de un esqueleto, de modo que incorpora un conjunto de significados afines a criterios negativos, como si la vida estuviera marcada sólo por diáfanos toques destructivos. Sobre dichos fondos, como tales otros cuadros según hemos afirmado, añade y acopla, con intachable perfección, esqueletos, un corazón sangrante, siluetas de rostros para enfatizar en el anonimato vía impersonalidad, una figura femenina al borde de la ¿muerte? si juzgamos por su postura y otra figura femenina tumbada en el suelo con sombrero y expresión facial triste, melancólica, como una payasa que, encima, le añade en el plano superior la frase <<Esto no es lo que parece>> y, más encima, titula el cuadro El fin de la palabra.

Ambos discursos, tan complejos por formas y colores, están fusionados con rara perfección, en una suerte de manifiesto sobre la dureza vital que alegra, por decir algo, mediante la vivacidad de los colores y las sueltas formas con dispares planos, como si la totalidad de los cuadros fueran un canto natural sobre la muerte, el sufrimiento y la ausencia de personalidad.

Los cuadros de María Enfedaque, uno de nuestros espléndidos pintores zaragozanos generación del 2000,  están concebidos mediante la perfecta articulación de cambiantes planos, de modo que algunos se mueven con extraña sutileza, como si fueran formas quietas e indescifrables, tan cargadas de misterios, que emergen, de pronto, por dispares zonas para apoderarse de cada controlado espacio en áreas específicas. Añádase un sentido del espacio cercano, que se agolpa hacia nuestra mirada, lo cual permite que el campo formal adquiera máxima fuerza. Asimismo, proliferan unas anómalas e imaginativas ramas filiformes móviles, retorcidas, ondulantes, invasoras, que flotan por doquier para configurar una presencia inquietante, incluso con dosis de amenaza. Lo indicado se potencia por el predominio de los colores duros, como el negro, y otros afines, incluso con alguna esquemática dosis de cierta alegría por toques tipo azul o blanco, de modo que trazan una visión mediante la mezcla imaginativa atravesada por cierta línea misteriosa que seduce.

Las obras de arte en ambas pintoras, vistas en conjunto, son rotundas, penetrantes, muy atractivas. Para personas especiales atrapadas por lo diferente.