En la galería Pilar Ginés, desde el 26 de febrero, se inauguró la exhibición del artista Fernando Cortés, con muy dilatada experiencia pictórica, pues no olvidemos que fue miembro fundador del zaragozano grupo Forma fundado el año 1972.
Expone 17 obras, sin obviar las serigrafías, con títulos como Mitad, mitad, Vegetal, luminiscencia, Mirada cenital, Gemelos visibles, Hacia la luz, Ya desaparecido o Desde el otro lado. Estamos ante imaginativos paisajes de total refinamiento por composición y alto sentido del color con dominantes ocres y azules, de manera que la cambiante vegetación y el cielo, más o menos nuboso, evidencian un cúmulo de sutiles impresiones desde la radical quietud. Siempre como si fuera la realidad pero atrapándola desde otro panorama. Dichas singularidades, composición y sentido del color, tienen una total variante con las expresivas abstracciones tituladas Prospectivas y Hacia la luz, de manera que todo se vuelve minucioso, inaprensible, como si fuera un haz de cambiantes formas configurando una totalidad vital uniforme.
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En la galería Pilar Ginés, desde el 22 de enero, se inauguró Huellas de barro, 6 ceramistas contemporáneos, con la participación de Ángeles Casas, Alfonso Soro, Amado Lara, Fernando Malo, Javier Fanlo y Jesús Sanz. Exposición ideada por Amado Lara, enorme ceramista muerto en plenitud creativa, a la vista de que todos se llevan muy bien. Lo cierto es que la inauguración fue un gozoso jolgorio con la presencia de otros ceramistas y de pintores. Aunque el número de obras por ceramista no era alto, ofrecemos algunos ineludibles comentarios.
En Fernando Malo vemos una fuerte contradicción vista en otras exposiciones individuales. Tenemos seis modélicos murales para colgar en tonos oscuros y claros, mediante la inmersión en formas geométricas, cuadrados y círculos, que trazan cambiantes panoramas apoyados por las muy exquisitas texturas. Seis murales excepcionales que contrastan con las obras tituladas Cuenco rojo y Cuenco, basadas en un remate color arcilla tosco radical y feo infinito. Que medite y abandone falsas virguerías sin originalidad.
Todo lo contrario a Fernando Malo, en su obra tosca, es Alfonso Soro con tres cerámicas mediante el radical predomino de lo rústico al servicio de la ruptura formal, como si hubieran nacido del tiempo tras estar enterradas durante siglos. El resultado es la naturalidad del artista, que de lo roto, lo fragmentado, crea armónica belleza con intocable poder.
Jesús Sanz muestra varias cerámicas cuadrangulares de pared con incorporación de suaves colores al servicio de formas geométricas e incorporación de casas, figuras con alta supresión de elementos formales y predominio de la línea. También presenta dos hermosas cabezas, tituladas Blanco y La Rosa, por la flor que lleva sobre una oreja. Ambas son de rotunda belleza creativa, tan serena, que evocan con toda intención, sobre todo Blanco, a las esculturas íberas.
Ángeles Casas participa con dos obras sobre pared y tres esculturas, por supuesto con su personal tono mecánico y carromatos inventados. Siempre fascinante. Desde fecha a precisar, tal como nos indicaba la ceramista, ha cambiado de línea artística. Estamos a la espera con absoluto interés. Deducimos que en su próxima exposición individual podremos admirar el cambio.
En cuanto a Amado Lara, gran pérdida para el arte por su prematura muerte, sus amigos ceramistas decidieron colgar un precioso mural e incorporar la compleja escultura Cubo por su forma, muy enriquecidos ante el especial tono geométrico, incluso en una cara que se abre.
Nos queda Javier Fanlo. Mural es un tríptico al servicio del rotundo paisaje con sobrios colores, como si la atractiva belleza viviera desde su interior para intentar atraparla. Paisaje que contrasta con seis vasijas de contornos ovalados y exquisitez sin medida, la cual se multiplica por una serie de agujeros circulares por los que sale humo que altera y mancha cada obra.